Se realizó el cuarto y último domingo del mes de peregrinaciones a Río Blanco

Se realizó ayer, el cuarto y último domingo del mes de peregrinaciones a la Patrona de la Provincia, la Virgen del Rosario, de Río Blanco y Paypaya, donde el obispo de la Diócesis Daniel Fernández dedicó la totalidad de sus palabras a los jóvenes.

Sin llovizna, la sagrada imagen de la Virgen Patrona llegó en procesión junto con las bandas de sikuris que la acompañaron desde la iglesia Catedral, que se sumó al marco multitudinario de la feligresía que la esperaba para saludarla emocionada con cánticos y pañuelos blancos.

La Santa Misa fue oficiada en el templete del Santuario debido a que las lluvias nuevamente impidieron que la ceremonia eucarística se realizara en el campito de la Virgen.

Monseñor Fernández en su homilía marcó que los jóvenes fueron los protagonistas principales de la peregrinación y que "la palabra de Dios nos habla de la sal, de la luz, de aquellos elementos que son como esenciales para dar sabor y para poder tener la visión clara". Siguió su mensaje agregando que "esa sal y la luz en la gracia y la fuerza de Dios, es el Evangelio de Jesús, es la buena noticia que se nos anuncia permanentemente, y que nosotros recibimos con un corazón abierto. Jesús, a cada uno de nosotros nos ha hecho depositarios de su amor. Esto quiero que lo entendamos particularmente los jóvenes desde su experiencia de vida que se van abriendo al camino del amor, ese camino a veces incierto, que tiene alegrías y decepciones, que tiene muchos momentos felices y otros en los cuales andamos llorando y penando. Ese camino del amor que es arduo, que es difícil, pero que se va consolidando a lo largo de nuestra vida. En ese camino del amor hay una certeza en la cual uno se lanza a amar a los demás. Esa certeza es la de haber sido amados. Esa certeza es saber, cada uno de nosotros, que no tenemos que mendigar amor a nadie porque hemos sido amados hasta el extremo por aquel que dio la vida por nosotros en la cruz".

Luego de la homilía, en una improvisada reunión de prensa, el obispo diocesano se refirió nuevamente a los jóvenes expresando sentirse contento con los jóvenes presentes, y que "el sábado habíamos pedido que no lloviera y por lo menos eso, aunque estamos un poco en el barro, pero contentos porque pensamos que todo esto puede ser para ellos una inyección de fortaleza, de vida, de esperanza; y a lo que somos más adultos nos ayude a poner y enfocar todo nuestro trabajo para darle a las nuevas generaciones oportunidades que nosotros tuvimos y que ellos también pueden tener más educación, más trabajo, más inclusión".

En su homilía hizo referencia al lugar de los adultos de apoyar y guiar a los jóvenes, "porque a veces encontramos algunas situaciones de abandono. Veo muchos chicos de los que nadie se hace cargo y todo eso después se lo llevan los vicios que los echan a perder. Así que esperemos que todos tomemos conciencia y miremos por este prójimo necesitado que es el joven".

Respecto al mensaje de la Iglesia sobre la educación sexual, el obispo se mostró unido a la mirada que tiene la Iglesia "que va más allá de la sexualidad elemental, para hablarnos de la llamada más honda del hombre al amor, de la cual la sexualidad después es una expresión, pero empezar a construir desde valores antropológicos sólidos y fuertes no solamente enseñar a controlar los impulsos o a manejarlos, sin riesgo. Eso puede ser un placer momentáneo, la elección de vida y la vocación al amor y a la felicidad incluye eso pero mucho más".

Situaciones de dolor

En su mensaje el obispo jujeño reflexionó que "a veces veo con dolor y sufrimiento cuando salgo algún sábado o domingo a la mañana temprano, veo deambular algunos jóvenes, perdidos porque han tomado demasiado y no saben dónde para el colectivo o como están vestidos, y siempre pienso lo mismo mientras siento vergüenza ajena, dónde está el papá o la mamá de este chango o esta chinita, dónde está que no le importa. Por qué no viene y lo mira como está, por qué no se hace cargo. Entonces hermanos aquí están nuestros jóvenes peregrinando, está parte de su familia, aquí está la Iglesia y buena parte de la sociedad. Hagámonos cargo de los jóvenes, de su futuro que es el nuestro; de sus necesidades, de acompañarlos con paciencia como lo hicieron con nosotros. Madrecita querida, te pido con humildad lo que seguro vos también querés, ayúdalos a que Jesús les robe el corazón por amor, y ayúdanos a nosotros a cuidarlos",

“Darles tiempo es darles corazón”

El obispo jujeño comentó a los jóvenes que terminó en Roma el Sínodo que “tuvo como objetivo conocer y escuchar la problemática de los jóvenes y pensar en su discernimiento de fe, de su camino de fe y en su discernimiento vocacional”.

Adelantó que “cuando terminemos este trienio de la familia nos vamos a lanzar en un nuevo tiempo y espacio pastoral, dedicado a la atención de los jóvenes, a su vida y a su vocación, a su fe y a su servicio en la Iglesia. Ustedes jóvenes van a ser protagonistas y primeros destinatarios de nuestra acción evangelizadora porque sabemos que se lo merecen, porque son nuestra esperanza. Si la sociedad, si la Iglesia no cuida a los jóvenes de hoy no tenemos futuro hermanos; qué nos quedará a nosotros los viejos. Si estos jóvenes se malogran, se echan a perder, si no encuentran trabajo, si no saben o no pueden a lo mejor, tener la educación que quisieran. Si están deambulando por la vida sin afecto, sin amor, sin familia, perdidos, qué nos espera a la humanidad. Qué futuro tenemos si no invertimos en ellos, si no los cuidamos empezando por casa, por cada uno de los hogares poniéndole la oreja, escuchándolos aunque nos cueste, teniéndolos cerca. Eso es lo que quieren, porque darles tiempo es darles corazón, es decirles me importás, no me da lo mismo que no vengas a comer hoy a la mesa de la familia”.

 

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