"Vine a España por un mes  y me quedé por amor"

Fernanda Ávila es una jujeña que a los 17 años dejó la provincia para estudiar la carrera de Derecho en Córdoba, allí entre las idas y vueltas de la vida y de una forma muy común para aquella época fue que conoció a Román, el amor de su vida.

 

Con una extensión superficial de 95 km2, Carboneras es un municipio de la provincia de Almería con 7.837 habitantes.

La historia del viaje a Carboneras comienza con largas noches con teclado y pantalla de por medio. ¿Quién no usó allá por el año 2000 "El Chat"?, ese sitio web que todos recordarán por ese gran emoticón de cara redonda, sonriente y amarilla que invitaba a hacer contacto con personas de todo el mundo.

Ella en Córdoba estudiando y él en España trabajando para sobrellevar la crisis financiera argentina, se encontraron en una sala virtual de "El Chat" denominada "Jujeños sueltos por el mundo" en la que conversación va, conversación viene se hicieron muy buenos amigos y hasta forjaron amigos en común.

Como todo, cada uno inmerso en su cotidianeidad y en sus relaciones el contacto fue cada vez menor y a pesar de haber coincidido geográficamente un par de veces en Argentina, nunca lograron reunirse.

Ya a sus 25 años y él a sus 27 "nos vimos solteros, decidimos juntarnos para tomar un café y allí surgió el amor. En medio de un viaje a Bolivia decidimos que yo me viniera de vacaciones a España y así lo hice, me vine por un mes y decidí quedarme porque me tiró el amor".

El desarraigo

El sello en el pasaporte no dejará olvidar el día 5 de mayo de 2007 cuando salió de Argentina sin saber que no volvería.

"Pasar de una ciudad como Córdoba a una ciudad muy pequeña con solo 100 habitantes fue muy duro, al principio la pasé muy mal por haber dejado a mi familia y a mis amigos, extrañaba muchos los domingos en familia", expresó.

Describió a su primer lugar de residencia como "muy aburrido", con mucha gente grande, "no conocía a nadie y no sabía conducir por lo que se me dificultaba salir del pueblo, me quería morir. Estaba en el medio de la nada", dijo Fernanda.

Sin embargo destacó que pudo sobrellevar la mudanza de la mejor manera, considerándose afortunada por haber conocido a mucha gente y muy buena.

"Tengo amigas aquí que son como mis hermanas, tengo al padrino de mi hijo que es como un padre para mí. Tuve la suerte de dar con gente buena, y creo que ocurrió eso porque era un pueblo pequeño", relató.

Pero la familia no se deja de extrañar nunca, "yo todavía tengo contacto con mis amigos de la escuela y de la secundaria. Intento compartir con ellos al igual que con mi familia porque te perdés muchísimas cosas como el nacimiento de tus sobrinos, cumpleaños de tus viejos, pero también está la otra parte: ahora mi familia está aquí".

Cuando empezó a brillar el sol

Román, que ya vivía hace tiempo en España, se convirtió en un cocinero muy conocido en la zona lo que le permitió a Fernanda conseguir trabajo al mes de llegada al país.

"Entré con él a trabajar en la cocina, empecé desde abajo limpiando y cocinando y luego terminé ocupándome de la parte administrativa".

Tras años de arduo trabajo y todavía en período de adaptación decidieron sellar su amor ante Dios.

Sin dudarlo ni por un momento, el casamiento se hizo en Jujuy, es que no podía faltar la presencia de los amigos de la vida y principalmente la familia que desde aquí también sufrían la distancia.

"Fue todo muy loco, muy rápido, nos volvimos a Jujuy a casarnos por la familia. Me daba mucha ilusión que mi papá me llevara a la iglesia y me casara, y así fue", contó Fernanda quien hace cuatro años dio a luz su primer hijo, Román, de nacionalidad española.

Las bondades de España

A pesar de extrañar a los seres amados que están lejos de ellos, con un tinte de culpa, Fernanda valoró la seguridad que hay en España comparada con la intensa inseguridad que se vive no sólo en Jujuy sino en la Argentina entera.

"Aquí es increíble, es como el Jujuy en el que yo me crié. Los juguetes de mi hijo están afuera tirados y nadie se los levanta, los chicos dejan sus bicicletas en las veredas y no hay problemas". "Mi hijo es pequeño y el aquí está bien y es feliz, y eso es lo que valoro", expresó.

También la calidad de educación a la que podrá acceder su hijo y las oportunidades laborales que se les presentaron todos estos años.

Una agradecida de la vida

Siempre le gustó viajar pero nunca se imaginó viviendo y trabajando en otro país. Cuando sus compañeras de la universidad le decían de ir a España para trabajar por el verano ella respondía "ni loca!", pero con las vueltas de la vida "aquí caí y todo por amor", suspiró.

Entre los recuerdos de su historia de vida y de amor, Fernanda no quiso dejar pasar la oportunidad para reconocer y agradecer el duro trabajo que realizó su marido en sus primeros años de estadía en España, cuando por durante cinco años no pudo volver a Jujuy para ver a su familia. Sin embargo destacó que todo su esfuerzo y sacrificio le permitió a ella llegar a ese nuevo país con un camino ya marcado: "vine bien y tuve suerte, aunque no es todo color de rosas, es mucho el camino que hay que recorrer en lo que respecta a los papeles y todo lo consiguió él, por lo que estoy muy agradecida".

Así, con 37 años Fernanda es muy feliz en la provincia de Almería y hoy se define como una "renegada" que todavía se resiste a cambiar su nacionalidad, un trámite que su marido ya realizó. Esto tiene que ver con ese fuerte sentimiento por sus raíces y el amor a su país, el que todavía alberga a sus seres más amados y al que no deja de pensar como un futuro hogar.

 

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