Clubes de barrio luchan por no cerrar sus puertas

La excesiva suba de tarifas que se registró en los últimos tiempos, más todo lo que implica mantener un club, tienen serias consecuencias en el funcionamiento de estas instituciones, que al afrontar esta situación se encuentran con deudas, gastos deportivos e institucionales y el desafío de lograr que los niños, jóvenes y adultos que asisten a ellas no dejen de hacerlo.

Este panorama se presenta en Alto Juniors y El Cruce, dos clubes jujeños que luchan a diario para no cerrar sus puertas y seguir sembrando buenos hábitos en los más chicos.

Mario Jiménez, uno de los colaboradores de Alto Juniors, mencionó que "desde principio de año la asistencia de los chicos se fue reduciendo por el hecho de que a veces los padres optan por gastar en otra cosa y no mandarlos. Más teniendo en cuenta que muchos de ellos deben viajar en colectivo de un sector a otro de Alto Comedero. Hay niños que vienen de diferentes lugares del barrio y se hace difícil pagar todos los días un colectivo".

En ese sentido remarcó que "es muy complicado porque el boleto cambia seguido de valor entonces el gasto para las familias crece y eso repercute en la asistencia y concurrencia de los chicos al club".

Esa situación, además de quitarle integrantes a la institución, provoca que cuando tengan que presentarse a jugar las inferiores en el torneo de la Liga Jujeña, no puedan hacerlo por falta de jugadores y eso implica una multa para ellos. "Renovar los carnets también es algo que cuesta un dinero que muchos papás no tienen para pagar, entonces también por eso hay niños que dejan de ir a entrenar", comentó Jiménez.

Muchas multas empezaron a aparecer por la ausencia de chicos en el club y al no ir ellos tampoco los padres, aseguró. "Antes había más colaboración con elementos deportivos por parte de los padres pero al no ir sus hijos, ellos tampoco. Eso también se repitió en las divisiones mayores como la primera y reserva. Por no poder pagarse los pases y otros gastos, algunos jóvenes dejaron de ir a entrenar y los resultados deportivos empezaron a caer de manera considerable", indicó.

De ahí nace otra complicación para el club ya que debido a la falta de resultados, aquellos simpatizantes que lo siguen, dejan de asistir y se reduce la venta de entradas generando otro ingreso negativo.

"Alto Juniors siempre llevó bastante hinchada que pagaba su entrada. Ese ingreso ya no se cuenta tanto, antes entraban 150 personas a ver al equipo y con esa remuneración se solventaban algunos gastos. Pero a partir de mayo y junio de este año el club empezó a caer y la gente dejó de ir en esa cantidad", expresó.

Más inconvenientes

Otra de las dificultades que poseen es la falta de una cancha para jugar los partidos de primera y reserva.

Por esa razón deben alquilar un estadio provocando un gasto más, "al tener poco ingreso de entradas, no contar con tanta colaboración de padres, más ese pago nos complica mucho y frecuentemente debemos optar por pagar una cancha o por pagar los impuestos de la liga".

Esa situación generó una deuda que deben afrontar, "estamos tratando de que el club salga adelante, de que se mantenga en el tiempo. Yo no quiero que desaparezcamos porque somos el único club de Alto Comedero. Muchos se fueron alejando pero invitamos a todos los que quieran sumarse".

Cabe mencionar que Jiménez trabaja a pulmón, y él como otros tantos colaboradores que poseen los clubes de Jujuy busca que su institución salga adelante y pueda afrontar esas deudas.

Para ello lanzaron otra que se sorteará a fin de mes. Los que quieran colaborar pueden hacerlo comunicándose al número 388-156826223.

"Tenemos que pagar una deuda hasta fines de diciembre, sino podemos quedar desafiliados. Nos gustaría que nos den una mano con las canchas para que ya no tengamos ese gasto. Les pedimos ayuda a las autoridades, sino vamos a seguir sufriendo como este año", finalizó.

El desafío de mantener a chicos en el deporte

ESTADIO “LA TABLADA” / AÑO A AÑO NUMEROSOS CLUBES JUJEÑOS DISPUTAN PARTIDOS ALLÍ Y JUEGAN LA LIGA JUJEÑA.

Otro de los clubes jujeños que atraviesan por dificultades es El Cruce, una institución que durante años pertenecía al barrio Malvinas Argentinas pero obligadamente debieron mudarse.

Algunas divisiones tuvieron que partir a Alto Comedero, otras a Alberdi y una se quedó en Malvinas, generando complicaciones en la organización de los entrenamientos, en especial en los más chicos por el transporte y sus subas continuas.

Esta distribución se dio por no conseguir canchas cercanas a su tradicional barrio y dependiendo de las que estaban disponibles fueron agrupando a las divisiones inferiores en distintos lugares.

Los niños y jóvenes que asisten a la institución provienen de barrios carenciados de nuestra capital como ser las 18 Hectáreas de Alto Comedero, zonas aledañas, y Malvinas Argentinas. Sectores que poseen zonas muy golpeadas por la droga y la delincuencia, por ello surgió la importancia en los directivos y colaboradores de El Cruce de no bajar los brazos.

Pablo Claros, vicepresidente de El Cruce, sostuvo que “a principios de año nos juntamos con la comisión directiva para ponernos el objetivo de sacar adelante al club y afrontar esta crisis económica que nos golpea a todos. Al no tener un espacio físico para desarrollar las actividades con normalidad se complica porque tenemos que agrupar chicos de distintos barrios y llevarlos a entrenar”.

El traslado de un barrio a otro generó graves complicaciones, en especial por el transporte de los niños y jóvenes a cada zona para entrenar. Eso provocó que algunos dejen de asistir por falta de dinero para el traslado pero muchos se quedaron gracias al empuje de profesores y de integrantes de la comisión. 

Sobre eso remarcó que “este año tuvimos que remarla para juntar los chicos como sea para jugar el campeonato y sobre todo para que ellos no dejen de hacer deporte. Las multas por no presentarse son muy altas y a nosotros se nos complica mucho porque no cobramos una cuota mensual porque son chicos que no pueden pagarla”.

En ese sentido, siguió diciendo que “recibimos subsidios que nos ayudaron a salir muchas veces pero siempre tenemos que sacar plata de nuestro bolsillo porque falta para darles bebida o frutas a los chicos”. 
Agregó que “es difícil no bajar los brazos porque muchas veces hacemos las cosas a pulmón y eso cansa a veces”.

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