Un estudio científico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy (Unju) dirigido por María Silvia Alonso avanza en su investigación: estudia y experimenta en degradar plásticos a través de luz ultravioleta o solar, y luego aplicar microorganismos que se alimenten de ellos, a través de bacterias y mohos. Con la biodegradación de plásticos que abundan en los residuos se podría evitar la contaminación que generan al tardar entre 100 y 400 años en degradarse.

Se trata de una investigación que lleva años, apunta a buscar soluciones a la problemática del ambiente y el efecto de la calidad de vida, y tratar de reducir la cantidad de residuos de diferentes maneras. "Una de ellas es desde el origen, tratando de producir menos volumen y cuando hay algo inevitable también tratando de disminuir los efectos que podría llegar a tener sobre nuestro propio ambiente", dijo Alonso.

Alonso es doctora en Ingeniería Química, graduada en la Unju, hizo el doctorado en la Universidad de Montpellier (Francia) y realiza el trabajo en el laboratorio de "descontaminación", ubicado en la planta piloto de la Facultad de Ingeniería. Lo hace junto a trabajos finales para carrera de grado, personal no docente y de apoyo administrativo.

La presentación se dio en el marco de unas jornadas de divulgación científica en la Facultad de Ingeniería, donde se reflejó un estudio que se viene desarrollando desde hace varios años con otras variantes.

En este caso un estudio más amplio que va más allá de la biodegradación de los plásticos, en medio líquido.

"Ahora estamos trabajando con plásticos en medio de aplicación real, de una futura gran escala, tratar los plásticos en el medio que sería de aplicación real de una futura gran escala que es tratar los plásticos en el medio sólido, en el medio de tierra como se podría hacer en el caso de una remediación de un sitio contaminado, como podría ser el caso de un relleno sanitario donde ya han sido enterrados estos plásticos", explicó la investigadora Silvia Alonso.

Este trabajo lo desarrollan aplicando microorganismos, que han aislado y los tienen conservados y saben que son degradadores de los plásticos de supermercados y el poliestireno expandido conocido como telgopor.

"Estudiamos la degradación de los plásticos para reducir el volumen muerto que ocuparían enterrados en un relleno sanitario y a gran escala podría hacerse tratando los plásticos antes de enterrarlos en el relleno o sino los ya dispuestos o sea ya enterrados. Esto último a modo de remediación de un sitio contaminado", precisó Alonso.

Además estudian una degradación "abiótica" es decir que no tiene aplicación de microorganismos sino que se hace en presencia de agentes físicos, la luz ultravioleta o el calor. Éstas podrían hacerse en condiciones artificiales con equipos, en laboratorio o en una planta piloto, o beneficiándose de las características del clima, ya que Jujuy tiene abundante sol y con ello mucha radiación ultravioleta y calor que provienen de las condiciones naturales de este medio.

"Con esto se podría reducir la contaminación de ciertos plásticos, como los que mencionaba que no se puede recuperar por otras técnicas de reciclaje", explicó Alonso.

Es que detalló que los plásticos provenientes de botellas descartables se pueden reutilizar mediante el reciclaje, sin embargo aquellas bolsas de supermercados, envoltorios de elemento de higiene o bandejas, se arrojan a los residuos y terminan siendo enterrados en rellenos sanitarios.

Esto además de ocupar un espacio denominado "volumen muerto", además de contaminar el sistema que se está formando, que en condiciones naturales van a tardar en degradarse entre 100 y 400 años.

 

Ensayan tratamiento “abiótico”

 

La nueva parte de la investigación de la Facultad de Ingeniería implica aumentar otra herramienta para lograr la degradación de los tan contaminantes plásticos, una degradación “abiótica”. “Nosotros lo que estamos tratando de hacer es acelerar esa degradación, de modo de reducir la cantidad de esos plásticos en particular, no de aquellos que son fácilmente reciclables como los que decía recién”, explicó Silvia Alonso.

Lo que se podría hacer es en condiciones naturales exponiendo a la intemperie, o bien aplicando luz ultravioleta con lámparas. La idea con ello es romper las largas cadenas de polímeros que constituyen el polietileno o el poliestireno expandido (telgopor) que son muy largas y que si los microorganismos si quisieran atacar no podrían nutrirse de ellas. Entonces el calor permite romper esas cadenas, de modo que los microorganismos los pueden consumir y transformarlos en otros productos inocuos para la naturaleza.

Explicó que se pueden complementar ambos sistemas, y de hecho están haciendo una comparación para determinar qué pasaría si hacen los tratamientos por separado, tanto los que se hacen con agentes físicos, como con microorganismos solamente, y qué pasaría si luego se aplican los agentes microbiológicos.

Para ello se concluyeron los ensayos de tratamiento “abiótico” (calor y/o UV-A) en laboratorio, estufa y cámara de intemperismo acelerado, y se presentaron resultados en eventos científico-tecnológicos.

Sobre avances, explicó que se inició el tratamiento de degradación a intemperie, que continúa; y el de biodegradación sólo de polietilenos, que prosigue.

Hasta la finalización del proyecto, aproximadamente para fines de 2019, se tiene previsto concluir los ensayos de degradación a intemperie y de biodegradación de polietilenos; realizar el ensayo de biodegradación de poliestireno expandido; y difundir los resultados del proyecto a través de publicaciones, conferencias y cursos.

 

Estudian si son positivos o no los actuales aditivos

 

Por otro lado, en la investigación liderada por Silvia Alonso, están estudiando cuánto se gana que hace años se están agregando a los plásticos denominados “aditivos oxodegradantes”, que en los polietilenos se los identifica por sus nombres comerciales, D2 W, Adiflex.

Pretenden determinar si vale la pena agregar esos aditivos caros, que son cuestionados con el argumento que al ser enterrados de igual manera provocan contaminación, y que impediría un reciclaje porque logra ciertos efectos negativos en el producto que pudiera obtenerse al reciclar.

“Queremos saber, ¿vale la pena agregar esos aditivos? o no que se siga fabricando el polietileno con esos aditivos, o volvemos al poliestireno que estábamos usando hace alrededor de una década, y que eran los convencionales, que no tenían agregado de esos aditivos”, precisó Alonso.

“Nosotros estamos viviendo en el mismo ambiente donde estamos produciendo, y desechando y conservando la basura de cierta manera”, afirmó.

El equipo

Los investigadores que están a cargo de la directora del estudio Silvia Alonso son las doctoras Carmen Viturro, ingeniero especializado Sergio Madregal y la tesista de doctorado la ingeniera química Luciana Garzón.

En tanto que entre los estudiantes figuran los becarios CIN-EVC que son: Iván Escalier, Silvia Alonso, Sergio Madregal, Nahuel Avalos, ad honorem Ricardo Lozano, Gisela Pérez Barranco, Daiana Romero; personal de apoyo administrativo y Norma Cayo.

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