De San Lucas a Normenta, una odisea en la naturaleza casi virgen

El camino se abre paso entre los montes bajos del pede-monte, el barro y la lluvia se apoderan del paisaje, y las botas de los aventureros se hunden y resbalan, haciendo del avance una marcha penosa sobre los restos del antiguo camino maderero que resiste el paso del tiempo y al monte que se alza imponente entre San Lucas y Normenta, en el oriente jujeño.

 

Material suministrado por el director de Turismo de Libertador General San Martín Pablo Marcelo Fernández.

Tras dos meses de preparación, guías idóneos de San Francisco, de Córdoba y el director de turismo de Libertador, se adentraron en la naturaleza y la historia de más de cien años, cuando la extracción maderera quitaba y daba vida al monte todavía plagado de cedros, Quina y Quebracho. Eran tiempos de carros tirados por Bueyes, de puestos y casas lejanas, de escuelas de madera, de tumbas y cementerios ahora olvidados

Sobre esta historia, y la naturaleza casi virgen, salió la expedición armada con más espíritu que recursos, pero con la convicción de superar cualquier obstáculo, que de hecho llevó dos días y medio de marcha, más de ochenta kilómetros de bosque, selva, ríos y arroyos de montaña como el Duraznal, el Cañas, y el esperado Normenta.

Si a las expectativas de aventura, había que sumarle algo, fue la lluvia que en los primeros dos días anegó el camino y "el volcán" a decir del baqueano que se llevó la huella, obligó a trepar un cerro y a abrir camino a machetazos.

La ortiga lacera los brazos, mientras el golpe del machete resuena en el monte, no hay sendero ni huella, solo la idea de subir volteando monte, hasta que el estrecho camino de tractores aparezca. Atrás y abajo queda el río, verlo provoca vértigo, es mejor mirar al frente y pisar firme aferrándose a raíces y troncos. El paso es lento, y solo unos metros de separación bastan para sentirse solo. El cerro resiste y los hombres también, mientras gritan para saber donde están y no perderse.

La inmensa geografía jujeña, se extiende por valles y cerros infinitos, a la aridez de Puna y Quebrada, se suma el verde paisaje de Yungas. Tipas, Nogales, Saucos, y Quebrachos, algunos tumbados en antiguos obrajeros ya abandonados, testigos de un tiempo donde la extracción de madera, era la principal actividad económica en el pedemonte dando vida al camino que ahora el monte se come de a poco.

Tercer día de marcha. Al cansancio, se suma la ansiedad de saber que lo peor ya ha pasado, barro hasta las rodillas, dos días completamente mojados, y las señas de que la naturaleza invade todo, garrapatas, y algún pique se dejan ver entre la piel y las ropas. Ya no llueve, pero el espeso barro del camino, retarda y cansa las piernas, solo el agua de los últimos arroyos, renueva las fuerzas y lleva más cerca de Normenta.

Jujuy guarda lugares e historias aún ocultos. Ríos, montes y cerros, son el crisol para una actividad que crece día a día.

El turismo se abre paso, y ya no es novedad para gran parte del mundo que la región de Yungas de Jujuy, en el Norte Argentino, es el nuevo destino para quienes gustan de adentrarse por senderos, en largas jornadas donde la aventura y la adrenalina, se conjugan con el verde de los montes, el trinar de las aves y el silencio de arroyos lejanos.

Para quienes trabajamos para el desarrollo del turismo en la gran región de Yungas, sabemos que no solo la gestión, capacitación, creación de eventos, son elementos indispensables para lograrlo.

 

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