Visita a Bruselas: el surrealismo belga

 En esta oportunidad, tú, lector de mi columna semanal, me acompañarás en un viaje relámpago de 24 horas a Bruselas, la capital de Bélgica y suprincipal sede administrativa. Esta ciudad  posee la plaza principal más bonita de Europa. Luego de ver la catedral neogótica y la estatua del “Niño haciendo pis“ (Manneken pis) y que es el símbolo por excelencia de Bruselas, pasaremos por la Grand Place y seguiremos admirando la arquitectura neogótica de esta interesante ciudad, con su famosísimo ayuntamiento y los edificios de los sindicatos en el estilo llamado  en Bélgica “estilo español”. Pasaremos por las chocolaterías famosas para saborear bombones con los rellenos más refinados y nos dirigiremos a las afueras de Bruselas para estar presentes en dos eventos limitados a unas pocas semanas y sentirnos así, privilegiados.

 Uno de ellos es la apertura de los Jardines Reales del Palacio de Laeken, residencia de los reyes de Bélgica, en el norte de la ciudad. Viajaremos en el metro desde el centro hasta el barrio de Laeken para visitar sus invernaderos famosos, que sólo abren dos semanas al año. Allí recorreremos los Jardines Reales con las cúpulas inmensas llenas de plantas exóticas para los europeos y sonreiremos al ver las paredes interiores cubiertas con la “enamorada del muro”, claveles del aire finamente dispuestos en jarrones chinos, las palmeras caranday y las bignonias amarillas de nuestro Jujuy, conocidas de los montes de nuestro Chaco Gualamaba pero que para los belgas son plantas de interior. Debido al frío del invierno no pueden estar en las plazas o al aire libre.

Luego caminaremos por los parques que rodean el palacio y tras adivinar nuestra próxima visita al ver unas esferas brillando a la distancia, entraremos en el Atomium. Esta estructura de 102 metros de alto fue inaugurada en la Expo de 1958 y representa una molécula de acero y cada una de las nueve esferas representa un átomo.

Tras subir en el rapidísimo ascensor a la esfera más alta, tendremos una vista fantástica sobre toda Bruselas. Disfrutaremos de la exposición permanente sobre la Expo y la historia de Bélgica y Europa de esa época. Recordaremos la Guerra Fría y la rivalidad política de Estados Unidos y Rusia. Luego bajaremos por su escalera mecánica surrealista para descubrir la pintura belga en la exposición de René Magritte, en la esfera inferior.  Esta exhibición es temporaria y representa una combinación de locura, por el tema de la pintura y por la arquitectura futurista (en su época, claro) del Atomium.

 René Magritte (1898-1967) nació en Bélgica y nunca salió de su país más que para estudiar un tiempo en la cercana París. Era un artista muy introvertido y prefería estar y pintar en su casa. Su esposa era su musa y modelo.  Magritte se adhiere al surrealismo, un movimiento artístico europeo que nace luego de la Primera Guerra Mundial, en los años 20 en torno al teórido del surrealismo André Breton y su obra.

 El aporte de Magritte al surrealismo es la carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real.

Su estilo también es llamado “realismo mágico” y reconoceremos algunos elementos de las obras del pintor surrealista por excelencia: Salvador Dalí.

 Nos detendremos delante de “Les amants“. Se trata del retrato del beso de una pareja pero con los rostros totalmente vendados, que ocultan su identidad. Esta obra se encuentra el MoMa de Nueva York y fue prestada gentilmente para esta muestra.

 Terminaremos nuestro recorrido en el Museo de diseño del Atomium, para descubrir muebles y accesorios creados en Bélgica. Allí podremos hacer una pausa y saborear un gofre, panqueque típico de Bruselas o tomar una cerveza típica, una de las mil cervezas que se producen en este país.

Como la música es la que inspira esta columna, citaremos y relacionaremos al compositor francés Francis Poulenc al surrelismo, a quienes los condes de Noailles le encargaron una composición para un espectáculo concierto celebrado en 1932, el “Bal masqué”.  Estos condes eran los mecenas de artistas surrealistas. Así, podremos descubrir y escuchar las sorprendentes melodías de Francis Poulenc. Sobretodo recomiendo las “Trois chansons de Federico García Lorca“, ciclo de tres canciones con textos de Federico García Lorca traducidas al francés (“El niño mudo”, “Adelina de paseo” y “Canción del naranjo seco”). Precisamente interpretaré estas melodías el 12 de mayo en concierto en el festival internacional Sommerblut, de Colonia, Alemania (www.sommerblut.de). Muestras y exposiciones culturales de Bruselas, Tribuno presente!

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