Conociendo el pasado en las alturas de Tres Cruces

Cuanto más se conoce el sitio arqueológico de Casa Grande, donde trabaja parte del equipo dirigido por María Isabel Hernández Llosas, la vida prehispana de los alrededores de Tres Cruces va cobrando vida ante nuestros ojos. Este equipo investiga el pasado arqueológico, dentro del marco del Conicet, desde la perspectiva de la "arqueología y el paisaje humano. La Ecología Histórica considera que las sociedades humanas modifican los ambientes naturales que habitan para que los mismos se adapten a sus necesidades", explica Hernández Llosas en el fundamento del proyecto en el que trabajan.

Juan Bautista Leoni, miembro del equipo y encargado, junto a Anahí Hernández, de la excavación en Casa Grande, nos cuenta que "es difícil imaginar el entorno porque hace mil años no era así. No estaba tan erosionado y esto era un poblado de regular tamaño con casas al pie de la ladera. Hace un par de años habíamos visto la acequia, y el año pasado vimos la boca de una vasija al nivel del piso. La empezamos a excavar, y no sólo encontramos una olla de sesenta centímetros de diámetro en la parte más ancha, sino también la continuación de la acequia desde lo que podría ser un reservorio de agua, que se abría con una tapa para irrigar los campos de cultivo".

Descubren que "la olla estaba íntimamente relacionada con la acequia, de tal manera que coincidía con una abertura y el agua que corría entraba a la vasija. El contenido de la olla es de un material gris verdoso que puede estar relacionado con fertilizantes. También tenía huesitos de animales y carbones mezclados con guano, de tal forma que el fertilizante se mezclaba con el agua para recorrer los campos. La forma de entrar el agua a la vasija era levantando una piedra puesta especialmente al costado de la acequia".

Nos dice que "representa una forma de manejo del agua bastante compleja. No sabemos aún qué cultivaban, cosa que esperamos resolver con análisis posteriores, ni sabemos cuándo se abandonó el sitio, acaso hace novecientos años, pero por alguna razón se fueron. La erosión deja restos de cerámicas, huesos de animales y piedras con la que alzaron las casas. Hay poblamientos contemporáneos a este en la quebrada de Cóndor, que también quedó tapado por aluviones, y en Pueblo Viejo de la Cueva, con poblados grandes pero no densos”.


Leoni nos dice que “en estas laderas hay estructuras de casas y de corrales, que fueron erosionadas por el agua. Sabemos que eran pastores de llamas, cazadores de guanacos y vicuñas, y que fabricaban cerámica con decoraciones de color rojo, líneas negras y puntos blancos. Conocimos el sitio porque alguna vez nos lo señaló don Santos Mendoza, vecino de la zona, y pudimos excavar mejor gracias al apoyo de Fabián Martínez, comisionado de Tres Cruces”.

VESTIGIOS /MUROS DE CONSTRUCCIÓN INCAICA.

Algo más arriba están las construcciones del tiempo incaico. Hernández Llosas nos habla de “un rectángulo perimetral compuesto, con muros internos, una estructura típica incaica que puede ser un tambo o una construcción más compleja. En lugares donde estas estructuras están enteras, como en el Machu Picchu, tienen un techo a dos aguas que se llama callanca. Están asociados a colcas, que pueden ser estructuras de almacenamiento de granos, de tejidos o de tributos, y junto a caminos que unen distintos puntos donde hubo presencia incaica".
Junto a esos rectángulos suele haber plataformas levantadas artificialmente. Nos dice que "en estas plataformas ceremoniales están los uchku, que es donde se hacían las ceremonias. Puede tener la forma de una piedra grande rodeada de otras chiquitas, a cuyo pie hay un hoyo, dependiendo de la función de cada sitio. Algunas generaciones atrás, los bisabuelos o tatarabuelos de los actuales pobladores deben haber visto las construcciones enteras y usaron las piedras para levantar sus corrales. Es probable que el nombre de Casas Grandes haga referencia a ello".


Nos habla del paisaje incaico que “tiene enfrente el cerro Chulín, dentro del que está Inca Cueva, donde había vestigios del camino del inca y pinturas del momento incaico. Debe haber sido un cerro sagrado, y hacia el otro lado está el pucará, también de la época incaica, con el que este sitio estaba vinculado funcionalmente. Los Gigantes Dormidos, el afloramiento que hay tras la localidad de Tres Cruces, se relaciona con un mito incaico, que conocemos por crónicas. Se dice que los soldados se volvían piedra y se asocian con afloramientos de color rojo y blanco. Más allá, en la quebrada de Cóndor, conocemos al menos tres tramos del Camino del Inca”.
Nos dice que “en el mil, esto estaba muy poblado. En la época incaica, se llevaba gente de un lado para otro. Eran los mitimaes, que estaban por poco tiempo haciendo su trabajo. Ahora estamos encontrando cosas incaicas por todos lados en esta zona. Los incas tenían un manejo fabuloso de la mano de obra para la construcción, en cada lugar con su estilo provincial, tanto en la cerámica como en la arquitectura. Acá con las características del Collasuyo más las características de los mitimaes que traían para trabajar”.
Algo más allá, gracias al descubrimiento del geólogo Juan Pablo Villalba Ulverich, pudimos conocer una pequeña cueva con pinturas rupestres que, según la primera opinión de Hernández Llosas, corresponden a períodos tardíos. Nos dice que la cueva pudo haber albergado la presencia de cazadores recolectores que anduvieron por estos parajes. Nos explica que estos primeros habitantes de la región, hace 8.000 años, se llegaban en tiempos de verano desde las Yungas, y que incluso pudieron haber llegado hasta la costa del Pacífico.

EN EL YACIMIENTO/SITIO DE TERRAZAS.
 

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