Entre guitarra y voz

Nuestro querido lector sabe que nuestro cometido es la música. Esta columna semanal está dedicada a la música en general, a la “buena música”, ya sea clásica, barroca, renacentista, jazz, folklórica o popular. 

 ¿Qué es la buena música? Pues una definición no fácil de encontrar. Diremos que la buena música en principio es la música escrita dentro de reglas determinadas por la armonía y las leyes de cómo escribir correctamente música. Pero esto no es suficiente, pues mucha música escrita en el barroco rompía a propósito con las armonías tan claras del renacimiento, poniendo disonancias que en su época perturbaban tanto al oído como un chirrido o daban la impresión de que el cantante del ensamble se había equivocado y había cantado una nota mal.

 Sí, a veces hace falta romper las reglas y confiar en el instinto creativo.

 La música popular, entiéndase la música pop y el folklore,  quizás disfruta de mayores libertades, pues a veces el texto es simple y la utilización de pocos acordes que se repiten pero bien usados hacen que estas melodías se nos peguen al oído con tal rapidez y firmeza que las tarareamos enseguida y memorizamos el texto en un abrir y cerrar de ojos.

 Pero dejando de lado las generalizaciones en la música, hoy nos dedicaremos a un país poco conocido por su música clásica. Estamos hablando de Puerto Rico, la Perla del Caribe.

 Un guitarrista y compositor muy conocido en el mundo de la música contemporáneo es Ernesto Cordero, nacido en Puerto Rico en el año 1946. Si bien es un excelente intérprete de la guitarra se ha hecho un nombre como autor de numerosas obras para orquesta, como los conciertos para guitarra, violín, oboe y hasta para el cuatro puertorriqueño (el cuatro es un instrumento de cuerdas pulsadas típico de Puerto Rico).

Sus obras reflejan el color del Caribe, su música nos transporta a la tranquilidad de la isla. En su obra se nota una influencia de la música popular caribeña así como del latín jazz. Es así que él escribe en algunas canciones “bolero”, aunque dista mucho del bolero popular por la fineza y dificultad del acompañamiento instrumental.

La guitarra en el mundo hispanoamericano tiene un lugar importante, en la música popular, el flamenco y el folklore. Es el instrumento que nos identifica y nos distingue en el mundo.  Pero en el mundo de la música clásica ha tenido que pelear para ganarse un lugar entre las grandes composiciones y en los teatros europeos. En los últimos cincuenta años es donde cobra protagonismo en las salas de concierto, con composiciones para guitarra y orquesta, como la obra del compositor español Joaquín Rodrigo.

También la guitarra como acompañamiento  en el canto ha tenido que librar una gran batalla frente al piano. Las clásicas canciones o lieder, como se la conoce a la canción de concierto, están escritas para canto y piano, pues se las interpretaban en salones de casonas que disponían de un piano y actualmente en salas de concierto. Si bien la intimidad es el cometido del lied, con la guitarra se logra aún más el efecto de intimidad y conexión con el público. Las canciones de autores españoles o latinoamericanos se sirven de la guitarra como acompañamiento del canto, muchas veces recordando el aire popular. Si bien hay transcripciones del piano para la guitarra, hay cada vez más composiciones escritas para voz y guitarra, como las de Ernesto Cordero.

 Cordero toma la canción clásica como un elemento primario de expresión y la guitarra es el elemento que acompaña o mejor dicho, que canta con el cantante.

Precisamente, una de sus canciones se llama “Entre guitarra y voz”, pues narra cómo se tejen romances entre la guitarra y la voz, evoca el amor y el mar del Caribe, con líneas vocales de lirismo y gran expresión. Es así que el cantante y el guitarrista son uno.

Su canción “Madrugada” con un ritmo de baile puertorriqueño nos transporta inmediatamente a la playa en un amanecer, donde el lucero del alba se posa sobre las palmeras como una horquilla.

Cabe recordar que las poesías escogidas por Cordero son de una gran fineza y que el sólo escucharlas ya nos resulta música en el oído.

“La hamaca”, como no podría ser menos, es la canción de una hamaca hecha con plumas de colibrí para el ser amado.

 He tenido la oportunidad de cantar en concierto las canciones de Ernesto Cordero en la ciudad de Colonia, acompañado por el excelente guitarrista y profesor Julio Almeida.

 

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