EL Pulso de la Semana
Las metáforas del infierno

La metáfora es especialmente un recurso literario, que por definición, “constituye el desplazamiento del significado de algo, con finalidad estética”. Es decir, la metáfora, originaria de los estudios de la poética y la retórica aristotélica, es un lujo del idioma, el summum de la creatividad, puesto al servicio de la armonía, el arte y la belleza. Hace unas horas, el tristemente célebre señor Luis D’Elía, con chapa de docente y de dirigente social, ya famoso por haber expresado a voz en cuello su odio por los “blanquitos”, los que tienen más plata que él, los que tienen autos caros, entre otras cosas, en un rapto de indignación populista pidió que “al HDRMP de Mauricio Macri lo fusilen en la Plaza de Mayo”. Cuando alguien lo hizo caer en cuenta de la mayúscula imbecilidad que había lanzado al aire, pretendió amortiguar el impacto de la salvajada, diciendo que en realidad había utilizado una metáfora. Esta nueva salvajada no lo exime de haber dicho lo que dijo, frase que esconde debajo del exabrupto una forma de ser y una intencionalidad que “en caliente” se expresaron libre y automáticamente. Pero no sería justo ensañarse con el creador del partido Miles. Hay miles de “metáforas” sueltas en el mundo, en Argentina y en Jujuy, que pueden disimular algunas más desafortunadas que otras. 

Metáforas latinas

En la ardida Nicaragua, el presidente Daniel Ortega y la vicepresidente Rosario Murillo, su esposa, van cargando sobre sus espaldas más de 400 muertos, la mayoría jóvenes y estudiantes que encontraron la muerte a manos de grupos de paramilitares alentados desde el Poder Ejecutivo del excomandante sandinista, devenido en un cuasi dictador de derecha. Para defenderse, el presidente usó una metáfora: “Las calles de Nicaragua están llenas de terroristas”. En la república bolivariana de Venezuela, el otro dictador democrático, Nicolás Maduro, enfrenta el desmadre de una economía que llevará la inflación nacional a fin de año a un millón por ciento (así como está escrito, amigo lector: 1.000.000%). Para atenuar el escándalo constante de la vida cotidiana, le quitó cinco ceros a la moneda que a partir de ahora se llamará el Bolívar Soberano. Inmediatamente, la comunicación oficial explicó todo con una metáfora: “Se trata de un programa de recuperación y crecimiento económico para la prosperidad y así se estabilizará la vida monetaria y financiera del país”.

Una argentina

En nuestro país, la economía cayó el 5,8% en el mes de mayo, y habrá que esperar quizás cifras más alarmantes para junio y julio. Pero la metáfora oficial, en la voz del mismísimo Presidente de la Nación, es que en Argentina, en los últimos meses, se crearon más de 700.000 puestos de trabajo (y mencionó como principales beneficiarios al NOA y a la Patagonia). El dólar oficial sigue más o menos en $ 28,10, y mientras los ministros reiteran la metáfora de la “comodidad” con ese nivel, el cimbronazo todavía no terminó de trasladarse a los precios, pero metáforas aparte, no dude el amable lector que llegará finalmente el ajuste total a alimentos, medicamentos, servicios y otros rubros esenciales para la vida. 

Metáforas elegantes

El que tampoco se mide con sus metáforas, pero es obviamente con mucha más calidad y elegancia que el piquetero D’Elía, fue el excelente relator deportivo y conductor de programas de TV, Víctor Hugo Morales, quien en una defensa de la señora Milagro Amalia Ángela Sala de Noro tan sólida como en su ataque al gobernador de Jujuy Gerardo Morales, expresó, metafóricamente, que “las tres impresentables juezas” que conforman el tribunal que juzga la causa “Pibes Villeros”, “son un pelotón de fusilamiento para Milagro, a quien quieren presentar como una ladrona cuando es en la realidad, una heroína”. Con la misma locuacidad de calidad extrema, el exjuez de la Corte Suprema de Justicia, y actual juez de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio Zaffaroni, dijo refiriéndose al mismo tema que “la cobertura mediática de Milagro Sala es totalmente falsa. La acusan de comprar y regalar automóviles. Milagro rifaba un auto por año -detalló Zaffaroni, y agregó- es posible que haya tenido alguna administración desprolija”. Las conclusiones acerca de estos temas, mientras se ventilan el juicio oral y relativamente público -por absurda determinación de la Justicia jujeña de prohibir el acceso libre y general de los periodistas (en este caso la metáfora obviamente fue garantizar la realización normal del juicio (¿?)- quedan a criterio de cada uno de los jujeños, que saben historias, vivieron la realidad, y ello, exime al periodista de abundar en detalles. 
La novedad más ingrata de los ajustes que se vienen se conoció el viernes. Se recortan las asignaciones familiares eliminando el plus por zonas desfavorables a las regiones de la Patagonia y del Norte. Naturalmente Jujuy está entre las perjudicadas por la decisión. La disposición contenida en un decreto que firmó Gabriela Michetti, en ejercicio del PE, tiene por objetivo “equiparar el valor de las asignaciones familiares en todo el país”. En su afán justificador los ideólogos de la medida encontraron una supuesta metáfora de la armonía, para defender la desaparición de un beneficio y un derecho adquirido histórico. Con una visión centralista, más que eso, absolutamente porteña, actúan como si la vida de un niño de cualquier barrio de Buenos Aires, sucediera en las mismas condiciones de uno que vive en Lagunillas del Farallón o en Alto Calilegua. Dicen que el monto extra era “antiguo” porque se pensó para ayudar a poblar regiones alejadas. Como se ve, la “metáfora” de la igualdad de situaciones y oportunidades se convierte en mascarada. Por otro lado, si antiguamente se buscaba poblar, hoy, es imprescindible evitar la despoblación que ocurrirá cada día más, si estos recortes agravan las posibilidades de permanecer en las localidades más distantes del puerto. Algunos gobernadores de la periferia reaccionaron indignados. Al GM, en Jujuy, obviamente, se le hace más difícil exteriorizar otro descontento además de los que ya viene planteando.

Índices curiosos

Ya que estamos en Jujuy, se conoció en los últimos días que la inflación en Jujuy fue del 3,2%. Curiosamente más baja que la nacional. Se debe destacar que el trabajo de la Dipec, que conduce Ana Juárez Orieta, es arduo y a conciencia. Pero sinceramente cuesta comprender el armado de un índice en una provincia, donde los combustibles son más caros que en el centro del país, los fletes generan recargas en los costos, las asimetrías en todo lo que se compra (ropa, supermercados, calzados, libros, artículos de limpieza, lácteos, carnes, el transporte, etc., etc., etc.) nos tiene en clara desventaja. Basta mirar en TV los precios de las ofertas en la Capital Federal. Tal vez, se trate de que los jujeños han comenzado a restringir sus compras y a descartar primeras, segundas y hasta terceras marcas de artículos. De lo contrario, el índice aparece como un dibujo difícil de entender. ¿Una metáfora que esconde la realidad?

Espera docente

Los docentes de Jujuy están expectantes. Navegan entre dos aguas, pendientes de lo que ocurre en Buenos Aires. Allí, las huestes del sindicalista bonaerense Roberto Baradel fueron intimados a desarmar el paro de 72 horas que habían decretado desde hoy mediante una conciliación obligatoria. Colgando sobre ellos, la espada de Damocles de una multa multimillonaria como la que se aplica a los camioneros de Hugo Moyano, recurren a una especie de metáfora (un engañapichanga) armada por Ctera, la confederación nacional de la que son entidades de base, que determinó un paro nacional de 48 horas, tendiéndole una cobertura protectora a Suteba y a todas las provincias donde los gremios locales quieran ir a la huelga. Casi la consumación ideal de una metáfora de lucha sindical, que concurre a tapar legal y estratégicamente el sol con un paraguas. En Jujuy, Adep, Cedems, UDA, Sadop, Amet y otros, no han tenido tiempo de analizar la situación, pero sus desencuentros con el Ministerio de Educación local se mantienen, sin necesidad de recurrir a metáforas que los suavicen. Lo que sí se advierte es una grieta expandiéndose en el ámbito sindical educativo.

Megacausa

Según las últimas noticias de El Tribuno de Jujuy, la megacausa (1.300 millones girados por la Nación a Jujuy para viviendas que no se construyeron) podría ir a radicarse a la Justicia Federal de Buenos Aires, tras una decisión de la Cámara de Apelaciones de Salta, adonde concurrieron abogados defensores de exintendentes y funcionarios jujeños en otro intento por sacar el tema de la Justicia local. Rodeada de extrañas rotaciones, la “Megacausa” se alimenta de argumentos de las querellas y las defensas, en una suerte de argot jurídico pleno de giros, argucias y metáforas legales. Más allá de las razones de cada uno, se comenta como grave en los corrillos tribunalicios, la posibilidad de que tantas dilaciones y reconociendo los tiempos de la Justicia, quizás nunca los jujeños lleguen a conocer qué fue de aquella plata, su utilización y su destino.

¿La Esperanza? 

Sobre el escenario del ingenio La Esperanza, el ministro de Producción Juan Abud Robles, dilata una semana más la espera. Así, desde diciembre, momento en el que ya se había concretado y anunciado la exitosa venta del complejo al grupo colombiano Omega hasta hoy, se siguen tendiendo dilaciones que se disimulan detrás de métaforas plenas de optimismo y seguridades, que llevan ocho meses pateando la pelota hacia adelante, sin que ninguna clase de certeza aparezca en el horizonte. Todo se sostiene gracias a la palabra empeñada del gobernador Morales, que se cumple rigurosamente, de mantener 600 trabajadores, de hacer funcionar el ingenio azucarero, y de pagar con fondos del tesoro provincial cada gasto tendiente a evitar la quiebra del complejo agroindustrial. Las últimas frases fueron que “en una semana más”, se lo transfería a los compradores, se ponía en marcha a full la molienda de caña y se terminaba el larguísimo proceso. Nada es como se había dicho y mientras sigue la espera, aferrados nada más que a una ilusión, los jujeños, especialmente los sampedreños, siguen aferrados a la metáfora de la tenue luz que aparece al fondo del túnel.

Metáforas o mitos

Cuando se habla irresponsablemente con metáforas o con elipsis, se corre el riesgo de estar desviándose de la verdad, con el sólo afán de edulcorar o disimular la realidad que no se puede, no se quiere o no se sabe cambiar. O con el simple propósito de engañar. Queda claro entonces que el resultado final de los mensajes queda sujeto a la interpretación de quien lo recibe. Para el presidente Macri el decreto que envía a los militares a cuidar objetivos estratégicos en el interior del país “a la mayoría le cayó bien”. Para algunos la desaceleración de la obra pública es un aflojar el ritmo hasta que pase la tormenta, pero para las Cámaras de la Construcción de Jujuy y Salta, se trata de más de 8 mil trabajadores parados y una cadena de pagos cortada. Así hablando usando metáforas para hablar, entre peronistas no se dicen la verdad, entre radicales desprecian las internas que no pueden disimular. En Cambiemos, ratifican y dulcifican día a día su alianza para tapar distanciamientos en ciernes. Es el momento en que el uso de las metáforas, herramienta para la estética y el realce de la realidad, se convierte en mitomanía. 
En cualquier parte del mundo, en América Latina, en Argentina y en Jujuy, la gente está preparada para escuchar las verdades de manera directa y precisa, aunque duelan. Y a partir de allí, también se siente capaz de enfrentar las realidades sin eufemismos ni disfraces, y de acompañar esfuerzos y sacrificios para salir adelante. Pero mientras se acepte como algo normal que D’Elía insulte y quiera fusilar al Presidente en la plaza pública, también podremos aceptar con mansedumbre que Florencia Kirchner, Tristán Bauer, Leon Gieco y otros, presenten una descomunal mentira sobre Santiago Maldonado en un documental donde lo elevan al rango de primer mártir de la dictadura de derecha de Macri, todo estará mal. No se puede naturalizar la mendacidad ni la brutalidad, no se deben vivir entre escenografías, por agradables que aparezcan a los ojos y a los oídos. Los decorados, como las metáforas, no son una droga para escapar de la realidad.  Y si lo son, o se usan así, son metáforas del infierno.