De las minorías (1º parte)

Como cada lunes, nos ocupa desde esta columna la cultura. La cultura en general y la música en particular. Pero también la actualidad. Y es que gracias a los medios de información como El Tribuno de Jujuy podemos saber qué pasa en nuestro medio local y en el mundo. Y hoy puedo acercarme al lector con una reflexión, que es solo la expresión de una opinión, describir o comentar experiencias de primera mano sin intención de escribir un artículo científico. Para eso están los libros y la prensa especializados.

En los momentos donde muchas minorías o pseudominorías levantan su voz, es decir, minorías que en realidad no lo son pero el sistema y la sociedad las han determinado como tales. Tal es el caso de las mujeres y el feminismo en el mundo. En momentos donde se plantean los derechos de la mujer y de decidir sobre su propio cuerpo, léase abortar, aparecen preguntas sobre la vida del feto, desde cuando tiene vida y si es parte del cuerpo de la mujer o una vida independiente. En un ámbito diferente, como es el de la lengua, han surgido preguntas sobre el género. Se ha empezado a decir que el español o castellano es una lengua machista. Machista porque el plural será siempre masculino cuando hayan hombres y mujeres juntos. Una concepción que, según muchos teóricos, denota que el hombre es dominante y se refleja en la lengua. Así, en vez de escribir todos muchos escriben todxs. Es un enigma para quien escribe esta columna como se pronuncia, apareciendo también la forma tod@s, que parece más simpática, más gráfica y moderna pero tampoco correcta. Es que el castellano, el idioma que hablamos no es machista. Un idioma no puede serlo. Es que si hay algo de machista o no, estará dado por la sociedad, por las personas que hacen de un idioma una lengua viva. Debemos pensar como sociedad y como personas y hacer uso de nuestra capacidad para la autocrítica. Crecemos determinados por la religión cristiana que una familia es un padre, una madre e hijos, para los modernos, "hijxs". Pero ¿las nuevas formas de familia, quedan afuera?, una familia de dos papás o dos mamás, ¿es una familia?. Por otro lado, en Europa, y desde donde se escribe esta columna, la religión ha dejado de ser importante porque muchos grupos habrían quedado excluidos de una religión, que por otro lado, nos es impuesta por nuestros padres y la sociedad y no elegida por nosotros. Una mirada crítica a la sociedad nos llevara a reflexionar si somos justos con las minorías. ¿Por qué se sigue viendo en vídeos, TV y espectáculos a la mujer como objeto? ¿Por qué escribir o decir que las mujeres más hermosas son de tal o cual parte?¿y los hombres, no podemos decir que son el sexo bello? ¿queremos tener un buen cuerpo para sentirnos mejor con nosotros mismos o porque estamos buscando la aprobación interna que nos viene impuesta por la sociedad de agradar a alguien?. Pocos se animan a decirlo, pero quizás más en estos tiempos, donde la homosexualidad también empieza a hacerse escuchar en América Latina, acomodándose en el camino que las sociedades de Europa o EE.UU. prepararon con marchas y protestas como la de la calle Christopher en Nueva York, donde los "maricones" protestaron contra una autoridad que les reprimía por ser diferentes. Y es que todos, hombres y mujeres, homo, hétero o bisexuales, transgéneros y asexuados, todos somos seres humanos.

 

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