Rodolfo Pacheco traspasa  los tiempos con su actuación

Al ingresar a la sala donde espera el actor (Rodolfo Pacheco) quien se dispone a hacer un unipersonal para el público que llega, se siente el calor de un espacio acondicionado para recibir a la gente a pesar del frío de afuera, un olor agradable a sahumerio tal vez, suave casi imperceptible pero disfrutable.

El actor, que en esta obra se presenta justamente como un actor que se dispone a hacer “Hamlet”, entrega un papel con la sinopsis de la obra y le da la bienvenida a cada uno.

Cuando ya todos están ubicados, la idea que lograron traslucir en esta puesta Pacheco y la dramaturga que eligió para plasmar su idea, Elena Bossi, comienza a desarrollarse en esta versión que es “Bailemos sobre las cenizas… Hamlet”.

Él, ya en su papel de actor de la obra escrita por Elena, explica a viva voz cómo va encarar esta puesta para los presentes, y comparte sus pensamientos y reflexiones sobre cómo van surgiendo las necesidades.

Hamlet, el personaje original se plantea y se replantea su misión después de la aparición del fantasma de su padre, de las más diversas formas posibles, en sí misma y en su relación con la historia de la sociedad.

El público ubicado a los laterales y en frente al actor, verá desplegarse una alfombra roja a lo largo de la sala, que sirve para dar cuenta que la historia ya comenzó a desarrollarse.

La habilidad de Pacheco para salirse del personaje de Hamlet, al actor que hace de Hamlet y que se sincera ante el público, hace que cada momento sea claro.

La puesta resulta accesible tanto para quien leyó la obra original como par quien no. La diversidad de personajes es presentada con mucha prolijidad en los textos de tal manera que el hilo de las reflexiones no se pierde en la reconstrucción.

Hamlet hijo, el príncipe, debe cumplir con el mandato que le deja su padre de vengar su muerte, en manos de su hermano Claudio (tío de Hamlet) quien lo envenenó y ahora es el rey, y que también decidió casarse con su cuñada, Gertrudis.

Todo lo que pasa en la cabeza del enviado vengador, cuestiona a través de esta puesta jujeña, que dirigió el santafesino Ricardo Arias, la historia de la humanidad, puesto que habla de la pobreza como la única condenada a sufrir y morir, entre otros aspectos. “Los pobres ponen los muertos y los presos….”, dice un fragmento de la puesta.

Hamlet comienza a desandar su vida, para encontrar en cada paso la presión de un padre que cada vez le agrandaba más el mandato, hasta llegar a éste último pos mortem de vengarlo con su hermano.

Pacheco también se pone en un momento en el rol de Hamlet padre y cuestiona a su hijo y al público, y es que en esa alfombra roja desplegada a lo largo del espacio de la escena, se despliegan una serie de objetos que lo traen a la escena. Sus objetos, los del extinto rey Hamlet, y sus armas, que su hijo ordena a modo de altar, se erige en un especial espacio donde él debe rendir cuentas.

Y con cada escena, el príncipe Hamlet deja entrever la excesiva exigencia y presión de su padre para ser lo que él no es, un asesino; y el enorme resentimiento por su madre, que descargó en él todos los golpes de su vida. Le cuestiona a su madre la traición y duda de su intervención en el asesinato de su padre.

¿Debe vengar o no a su padre? ¿Es su destino, o este es el momento en que puede liberarse? Y entonces llega la fuerte imagen de bailar sobre las cenizas del extinto rey. El príncipe esparce las cenizas de una urna en la alfombra roja e invita al público a bailar sobre ellas… como nadie se anima lo hace él. Llorando por la traición de su madre, por el amor o desamor de madre y esposa, por ser considerado un loco o un payaso… “¿A quién quisiste más mamá?” pregunta y se contesta solo “seguro a Claudio” y comienza a guardar todos los objetos que remiten a la imagen de su padre, otra vez en las cajas y baúles que trajo antes.

Con gran congoja el actor que hace de Hamlet se cuestiona el valor de los mandatos, y el personaje Hamlet re versionado por Bossi, su trascendencia a partir de lo que cumple o no.

Y en el momento cúlmine de la emoción que provoca todo este bagaje de reflexiones y filosofías, la obra termina y Pacheco dice “gracias”. Se destaca un impecable trabajo actoral que lleva de un lugar a otro al espectador, el de la puesta que plantea el actor del texto de Bossi, como el del príncipe en  el tiempo en que se escribió esta obra de William Shakespeare a fines del 1500.

 

 

 

 

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