Un joven unió Ushuaia y  La Quiaca en su bicicleta

Nicolás Romero es un joven bonaerense de 33 años, que unió La Quiaca con Ushuaia en cinco meses en su bicicleta, promoviendo en un principio las bondades de realizar actividades físicas, pero en el camino su travesía lo llevó a descubrir una realidad social totalmente muy distinta a la suya.

Pasó por Abra del Acay, situada en departamento de La Poma, en Salta. Es el punto más alto de la ruta 40 con 4.895 metros.

Tuvo la oportunidad de conocer a personas muy humildes, pero con una gran riqueza espiritual que le dejaron muchas enseñanzas. Compartió momentos extraordinarios con niñitos de escuelas de los lugares más recónditos del país. "Mi objetivo era conocer lugares, gente, costumbres y visitar distintos sitios que no se los publican, hacer varios pasos de cordillera", comentó el biciviajero.

El 28 de enero, Nicolas emprendió su viaje a bordo de su bicicleta, rodado 28 con 21 velocidades. Con la mirada puesta en llegar a tierras jujeñas, su viaje se convirtió en un reto de pedalear miles de kilómetros y que también dependía de las distintas condiciones, como el clima o la altura.

Tras cinco meses de viaje llegó a suelo quiaqueño el 20 de junio.

En el camino, la programación diaria se iba improvisando sobre la marcha, realizó diferentes paradas para poder trabajar a cambio de hospedajes y comida que lo permitiera subsistir durante su estadía en distintas provincias. "En Santiago de Chile también trabajé para cambiar el equipo para poder soportar el fío", comentó Nicolas.

Durante su experiencia contó que pasó extraordinarias aventuras y momentos de miedo que supo evadirlas con positivismo.

Una de ellas fue una situación "paranormal" en la provincia de Santa Cruz, cuando acampó en el desierto, en una parte de la ruta 40 y el poblado más cercano se encontraba a 100 kilómetros, "cuando salía iba al baño en horas de la noche, y luego al acostarme escuchaba voces y pasos, sentí mucho miedo", relató Romero. Otro encuentro que tuvo el joven fue en la provincia de San Juan, cuando se enfrentó con un puma "en ese momento, estaba lavando mis cosas cerca del río y cuando me di vuelta vi a un puma, estaba a 5 metros de distancia, me asusté, el saltó y se fue", acotó el joven, quién en base a esa experiencia escribió un cuento denominado "Dos miradas" que se lo puede encontrar en la página de facebook, Trekiando por Sudamérica.

Sin lugar a dudas, desde el primer momento, el viaje para Nicolás Romero se convirtió en una gran experiencia que pudo compartir junto a niños de escuelas.

"Llegué a dar charlas en escuelas rurales de Chile, allí les conté a los niños sobre mi experiencia y les dejé como enseñanza que cada uno puede lograr lo que quiere, que se animen a hacer lo que les guste y dejen los miedos de lado", resaltó.

El joven también tuvo el privilegio de visitar diferentes pueblos, "donde me han ofrecido estadía y un plato de comida sin pedirlos", expresó.

Reflexionó así que el paisaje es hermoso en todos lados, "lo que cambia es la gente y las experiencias que te da esa gente de campo, de pueblos, de su manera de recibirte, es lo más lindo", dijo emocionado.

Sobre cómo nace la idea de emprender estos viajes, Nicolás contó a El Tribuno que desde chico le gustaba andar en bicicleta. Otra gran motivación para él fue su amigo, dueño de una bicicletería en la provincia de Buenos Aires, quién 25 años atrás hizo un recorrido por la ruta 40, "cuando no existía el celular, el pavimento, eso era realmente duro y él me ayudó a organizar este viaje", indicó Nicolás Romero.

Nunca dejarse vencer 

Durante su viaje, el joven porteño soportó las inclemencias del tiempo, y grandes riesgos para llegar hasta La Quiaca. También tuvo malas experiencias dentro de las urbanizaciones.
“Ni en Argentina ni en Chile se respeta las normas de tránsito que deben tener con las personas que andan en bici, no respetan el metro y medio de paso, en Chile se respeta un poco más que en Argentina. Aún así me han encerrado y me han tirado a la banquina, me he caído por no respetar”, indicó Romero. 

Por otro lado, hizo mención a que a veces sentía desanimarse, “el bajón es parte del viaje, uno tiene que ser fuerte de cabeza. Me pasó situaciones en la que uno se levanta una mañana con 5 grados bajo cero y me dije "por qué no me fui a Brasil con mis amigos’, la comodidad tira”, comentó. 

Sin embargo, sostuvo que nunca se dio por vencido y continuó para cumplir con su objetivo, “hay que pensar por qué estás ahí, por qué lo decidiste y por qué lo dejaste todo en tu lugar de nacimiento para estar ahí. Las piernas y el entrenamiento te lo va dando el viaje, no hace falta ser un ciclista de elite para hacer un viaje”, expresó el joven.
Por último, manifestó que uno de sus principios se basan en inculcar que “ así sea con una bicicleta,o caminando, uno debe hacer lo que desea y no se deben dejar llevar por los que les puedan decir”.
 

El joven bonaerense a través de El Tribuno de Jujuy expresó su  agradecimiento  a su familia y amigos, a la señorita Lorena quién fue el motor principal para emprender el viaje; Matías Copola del Team Activate y Diego Andrich de Tierra de Biciviajeros.

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