Pachamama comunitaria en lote La Manga

SAN PEDRO (Corresponsal) Agosto despierta con aroma a sahumerio que invita a reeditar uno de los ritos ancestrales arraigados en el corazón de las comunidades de nuestra provincia y de los pueblos originarios americanos, como es el tributo a la Pachamama.

Como ya es tradicional, los habitantes de lote La Manga, ubicado en la localidad de La Esperanza, en el departamento San Pedro, reviven cada año, este acto de gratitud a la Madre Tierra, en el mojón ubicado en medio de los cañaverales, en el sector conocido como “El Triángulo de El Chaguaral”, a donde concurre gente llegada desde distintos puntos, lo que la ha transformado en una de las Pachamama comunitarias más importantes de la región, por la gran convocatoria.

Fue en 1940, cuando don Modesto Gaspar junto a su familia, comenzó con este rito que, con el paso de los años, se ha transformado en patrimonio comunitario, hasta formar parte de la esencia misma de la cultura popular. Desiderio Gaspar y su esposa Martina Valencia, son los padrinos de la Pachamama y tienen la misión de acompañar a los pasantes, cuya responsabilidad es “pasar la fiesta”.

En horas tempranas, una salva de bombas, anunció la llegada del 1° de agosto y luego de sahumar las casas, padrinos, pasantes y cocineras, comenzaron a preparar las ofrendas consistentes en bebidas y comidas tradicionales, las que en horas de la tarde, fueron llevadas hasta el mojón ubicado frente al lote. Allí, extendieron los multicolores aguayos donde depositaron lo que fue preparado especialmente para “darle de comer” a la tierra, comidas sin sal como picante de pollo con chuño, tijtinchas con chalona hervida, guiso de maíz pelado, queso con papa cocida, guiso de quinoa, asado, bebidas y las infaltables "capias", panes pequeños con formas de animalitos. Las ollitas de barro en las que fueron colocadas las comidas, fueron cubiertas luego con lana de oveja teñida con colores firmes y una tortilla de harina de maíz. También formaron parte de las ofrendas, los cántaros con chicha.  Cuando el mojón estuvo limpio y sahumado comenzó una larga procesión y de rodillas, los devotos  encabezados por los padrinos y pasantes, comenzaron a llevar las ofrendas las que fueron prolijamente colocadas en el gran pozo.  Al son de música andina, todos hicieron su ofrenda y presentaron sus ruegos a la Madre Tierra.

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