Música por el mundo
Maravillas de Europa: España (segunda parte)

 

En nuestra edición anterior nos habíamos dedicado a describir la región de Valencia, la parte oriental de España.

Si bien este país es inmenso y ofrece un sinfín de paisajes e historias de cruces de pueblos, religiones, hábitos y costumbres, la imagen que se nos ofrece actualmente se limita a ciertos estereotipos que la han hecho internacional, léase las corridas y fiestas con toros, cuya herencia la palpitamos de cerca en nuestro Casabindo con sus corridas de toros en honor a la Virgen de la Asunción; el flamenco, que a pesar de ser un invento de ayer, nos pilla de cerca con las danzas zapateadas del norte de Argentina heredadas de la época colonial; las fiestas religiosas con las procesiones de la Virgen y el Señor así como los santos, con sus fiestas y música, fuegos artificiales y cohetillos; y claro, la gastronomía mediterránea, que comparte con Jujuy el gusto por los chacinados, los quesos de cabra y oveja, las papas (o patatas), las salsas de tomates tipo llajua pero menos picantes y las carnes asadas o guisadas, sin olvidar los vinos tintos, que bien acogió nuestra región argentina.

 Pero como nuestro lector sabe, es la música es el cometido de nuestra columna y nos dedicaremos a explorar un poco de la música española y en especial la de la región de Valencia.

 Valencia es famosa, además de sus jardines y plantaciones de naranjas y arroz, por ser la ciudad que reconquistó el Cid Campeador de los moros y cuya epopeya está plasmada en el “Cantar del mio Cid”, que muchos de nosotros habrá leído con mucha dedicación en la escuela. Al menos yo no podía imaginarme los paisajes ni el lugar por donde transitó el Cid pero la lectura me hacía viajar y ahora puedo constatar que el contraste que leía en los libros entre la fría tierra castellana y la fértil, cálida y verde tierra valenciana es cierta. Su clima tan amable, el mar Mediterráneo que baña sus costas y el contacto con Italia hicieron que la influencia de varias culturas poblaran esta parte de España.

Los fenicios, los cartagineses, los romanos, los godos y los moros habitaron estas tierras y luego la conquista española también trajo latinoamericanos, sumando a este crisol de razas españolas un componente de mestizaje interesante, también presente en nuestra América Latina. Mezcla de grupos étnicos, músicas, comidas y formas de ver la vida.

 Presenciamos actualmente el proceso de “Latinoamericanización” de España, en un viaje de ida y vuelta, que ha enriquecido este suelo no sólo con los elementos tan típicos de la gastronomía prehispánica como la papa, los tomates, los pimientos, los porotos o alubias como se las conoce aquí pero también la música.  Es impensable un festejo popular de España sin contar con la música pop de América Latina que suena en los altavoces y que invita a bailar.

 Es así que al asistir a una fiesta popular de Alfás, localidad cercana a Alicante, dentro de la Comunidad Valenciana, no se puede dejar de escuchar reggaetón y pop latinoamericano. Grupos colombianos, mexicanos y hasta de cumbia argentina y villera se han impuesto en España.

 Un camino de ida y vuelta, cuya ida empezó en el Puerto de Palos en Andalucía pero que en verdad se gestó mucho antes. Cruces, guerras, medialunas, estrellas de David, símbolos de religiones que convivieron en España durante más de 800 años y que luego, a pesar de la expulsión, siguieron dando forma a una cultura antigua de diversidad. Sin olvidar las culturas que habitaron anteriormente este suelo, como el pueblo celta, cuyos recodos gallegos enriquecieron y dieron forma.

Los testimonios de la música antigua que nos han llegado hasta ahora nos han permitido reconstruir en forma escasa la música en la edad antigua, pero sabemos por pinturas de cuevas, como las de Altamira y Villapuerca, que las culturas prehistóricas conocían de arte y seguramente también de música.

 Sin embargo, los testimonios más “recientes” de la música antigua de España nos trasladan a la Edad Media. En esta época, donde la religión jugaba el papel más importante, recordemos la imposición del cristianismo y la religión católica en el Imperio romano, se edificaron iglesias, muchas de ellas aún en pie como las iglesias románicas de Soria y Salamanca en Castilla así como los conventos y monasterios donde se cultivó el canto gregoriano. El lector memorioso recordará y se regocijará al saber que mucha música de los ochenta y noventa tomó cantos gregorianos, como el grupo alemán “Enigma” y hasta los monjes de Santo Domingo de Silos, España, hicieron giras mundiales cantando su repertorio de la Edad Media española. Quien no recuerda el CD doble con los monjes en la portada que evoca un vitral de iglesia?

 Pero por otro lado, la música profana, es decir, la música no religiosa, también cobraba importancia, sobretodo en una sociedad dada a la diversión a vivir la vida, como es España.

 Este será el tema de la columna de la semana que viene.