Narices cuestionadas

Suceden cosas esperables que sin embargo generan siempre algún comentario agregado.

La reciente sentencia de 13 años de prisión para la jefa tupaquera Milagro Sala, producto de haberla encontrado culpable de las acusaciones emergentes de la causa denominada "Pibes Villeros", generó -obviamente- reacciones encontradas.

Paradójicamente pocos quedaron conformes. Los defensores que bregaban por la absolución y los acusadores que esperaban penas mucho más elevadas.

Pero un caso especial por las contradictorias sensaciones que despertó, fue la manifestación del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma.

El primer mandatario "twitteó" expresando su solidaridad con "la hermana MS que ha sido condenada injustamente a 13 años de cárcel por luchar por una mejor vida para los pobres y los indígenas de su país".

A esa acción le correspondió una inmediata reacción, la del gobernador de Jujuy Gerardo Morales: "Otra vez Evo Morales metiendo sus narices en la vida institucional de la Argentina. Relájese presidente, atienda los asuntos del hermano Pueblo Boliviano, que no son pocos".

El diálogo electrónico de ambos dirigentes, dejó aristas francamente deslucidas desde ambos lados. El presidente por calificar de injusta la condena, detrás de su opinión puramente personal e irrespetuosa con la decisión de un Poder Judicial. Don Evo pudo expresar solidaridad, pero quizás ése debió ser el límite de sus expresiones. Lo demás, por excesivo, totalmente parcial y subjetivo, estuvo de más.

El gobernador jujeño al devolver el golpe cayó en el exceso que critica: decirle a un presidente que no meta otra vez sus narices en la vida institucional de nuestro país, es una expresión que cruza los límites del buen gusto. Y el consejo de que se dedique a atender los asuntos de su pueblo -algo que el presidente obviamente hace mejor que muchos otros mandatarios- se estrella contra la ajustada diplomacia argentino/boliviana. Una respuesta sobria hubiese sido menos tribunera y seguramente más contundente.

Pero el tema es otro: en gran parte de la ciudadanía de Jujuy que reconoce en la gestión del presidente Morales una acción genuinamente benefactora para su pueblo y altamente reivindicativa de los derechos de las mayorías más vulnerables de Bolivia, especialmente de las parcialidades aborígenes, cundió una sensación de sentimientos encontrados.

En esa gran parte de jujeños (descartando de plano cualquier ánimo de revanchismo o venganza), que hoy se ha sentido identificada con la decisión de la Justicia de Jujuy, las expresiones del presidente despertaron una fuerte contradicción. Hace pocos meses, esas mayorías vieron con agrado el proyecto de la Universidad Nacional de Jujuy, de designar a Evo Morales, Doctor Honoris Causa, precisamente por los méritos enunciados y por la tradición de jujeñidad que une al presidente con nuestra provincia (cursó estudios primarios en Calilegua cuando sus padres llegaron a trabajar como braceros en las zafras azucareras de Jujuy), proyecto aún pendiente de concreción.

En síntesis, más allá de aquel cruce de expresiones francamente berretas, y del respeto que se les debe a ambas, entre el afecto y la admiración por el presidente Morales se deslizó un borrón que el gobernador Morales, definió con razón, como un desliz de su nariz.

 

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