Dolor

Sólo dolor. Solamente dolor ocasiona repasar el episodio que consterna a la sociedad jujeña. Una pequeña de apenas doce años, violada salvajemente por una inmunda alimaña de más de sesenta años, transcurre por estas horas el que quizá será el capítulo más horrible de su vida. Embarazada de casi 25 semanas, a requerimiento de ella misma y de su familia, deberá ser sometida a una intervención médica que interrumpa ese embarazo, que de continuar, podría traer serios riesgos a su vida según opiniones especializadas.

Sólo dolor. Solamente dolor cuando los profesionales médicos tras los controles de rigor previos al parto comprueban que el bebé se encuentra hoy en perfecto estado de gestación y recomiendan prolongar el embarazo para permitir un nacimiento que le garantizaría calidad de vida y desarrollo normal. Quizá no en el seno de la familia materna, pero sí tal vez, en una adoptiva. Dolor de la cuestión moral de los médicos, preparados para cuidar y proteger esa vida en formación, enfrentados a la orden judicial firmada por un abogado que interpreta fría pero correctamente la letra de una ley que autoriza y exige respetar la decisión en contrario de la madre y su familia.

Sólo dolor. Un dolor accesorio, innecesario, de ver los "colectivos" que bregan uno de ellos por salvar las dos vidas y el otro que buscar imponer el respeto a la interrupción legal del embarazo. Dolor por ver referentes de ambos bandos, insultándose y gritando, ofreciendo un espectáculo lamentable en las puertas mismas de la maternidad donde la pequeña permanece internada aguardando que el destino -o terceros con diferentes intereses- sigan tejiendo los caminos por donde se deslizará su suerte. Ni pancartas, ni banderas, ni pañuelos, ni los agravios, le sirven hoy a la niña.

Sólo dolor. Por el hecho aberrante que desató el drama. Por el enfrentamiento de lo legal con lo moral que nunca se resolverá. Por el pretendido aprovechamiento principista -y político- de los "militantes". Dolor porque nosotros mismos, la prensa, quedamos atrapados en la trama de una información sensacionalista difícil de evitar. Dolor por los trámites sinuosos hoy aún pendientes de la urgencia que la Justicia no siempre logra comprender.

Sólo dolor. Y un sueño: que la sociedad jujeña, en su conjunto podamos obtener algún aprendizaje de esta amarga experiencia. Que -sin callar ni esconder- aprendamos a bajar el tono. Que evitemos los circos malsanos, algunos bien intencionados pero perjudiciales. Y que sólo pensemos en el dolor de ella, de la pequeña. En su dolor irreparable. En ayudar a cerrar sus heridas. A recuperar su intimidad y la privacidad que desde los principales referentes hasta el más humilde de los jujeños no supimos cuidar. Y en tratar de aportar el respeto y la comprensión indispensables para que pueda reconstruir su futuro y disfrutar de la mejor forma de la fiesta de la vida que le espera todavía. Y que el único pañuelo que reciba, sea el que alguien con infinito amor, le alcance para que seque sus lágrimas de niña mujer y pueda dibujarse una sonrisa que un día nos reivindique a todos. 

 

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Sección Editorial

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