¿Y la hermandad?

Las lágrimas de María, abrazando a Manuel, bajo el sol ardiente del mediodía jujeño, cerraron felizmente un capítulo oprobioso de la cacareada hermandad latinoamericana, que a veces se mira desde un solo lugar de estas grietas que parecen no tener fin.

El joven Manuel, músico jujeño, de La Mendieta, se encontraba de gira artística con su grupo en la hermana república de Bolivia y en las rutas cercanas a Oruro, tuvieron un accidente automovilístico.

Sufrió varias quebraduras y la más grave, aún requiere una intervención quirúrgica en la zona lumbar de su columna con la aplicación de soportes de titanio.

Ayer, en un vuelo sanitario del avión de la Provincia, Manuel llegó a Jujuy, luego de dos meses de permanecer postrado en los hospitales de Oruro -donde sus familiares debieron pagar más de 120.000 pesos argentinos por sus curaciones, y luego derivado a Cochabamba, sin que se le hayan brindado las operaciones más complejas requeridas.

"Es argentino, tienen que atenderlo en su país", escucharon sus familiares.

Y finalmente se estrellaron contra un imposible: en Cochabamba, con los médicos del hospital clínico local, uno de los mejor equipados de Bolivia, les dijeron que solamente realizarían la cirugía, previo pago de 10.000 dólares.

Los jujeños hoy celebramos la decisión de traer a Emanuel a su patria.

Y nos extraña el ostensible silencio de aquellas voces que cuando se pretendió exigir un seguro obligatorio de salud para recibir a enfermos, accidentados y pacientes de todo el mundo en Jujuy, saltaron como avispas a la yugular del proyecto, argumentando que se lesionaba la "hermandad latinoamericana", "el acceso a la salud" y hasta que se atentaba contra los derechos humanos. Intervinieron los consulados, las cancillerías y hasta las oficinas presidenciales, uniformados en una sola crítica furiosa.

El seguro de salud se exige en todos los países del mundo, pero aún sin él, Argentina y especialmente Jujuy se hacen cargo con su sistema de salud de cuanto extranjero, especialmente boliviano, (por nuestra obvia vecindad) requiere de esos servicios. No es ningún secreto que infinidad de partos, cirugías menores y mayores, hasta tratamientos odontológicos se prestan a los extranjeros en nuestros hospitales públicos, no obstante sus carencias y limitaciones.

Queda la reflexión acerca de los predicadores de las hermandades y de los derechos humanos como obligación de un solo lado, y también la esperanza de que los condenables intentos de aprovechamiento político del episodio no se repitan. Mamá María Calizaya y su hijo Manuel Vilca, ahora están más tranquilos y seguros. Están en casa. En manos de los hospitales y médicos argentinos en Jujuy. Sin chauvinismos bobos y sin solidaridades fingidas. Y ojalá que su recuperación total llegue pronto, superando las miserias humanas.

 

 

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Sección Editorial

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