Carta de un loco que sueña un sueño de ascenso

Don Emilio:

"Hoy es grata su ausencia porque después de tantos años puedo recordarlo más de cerquita, desde que se retiró, los días no cambiaron mucho que digamos. Todavía recuerdo ese día que me hizo entrar a la fábrica, y nunca voy a parar de agradecerle. No sé dónde estará hoy, quizás más tarde lo sepa, o tal vez mañana y tampoco recuerdo que día es hoy.

Aún recuerdo sus consejos de vida y el día que me llevó al club. Desde que se fue no ha parado de tumbarme al oído ese grito desaforado que allá por el 82 hizo que más de uno quede sordo, como olvidarme los goles de Bornemam y menos el de Zinga. Si usted no me hubiese llevado a la cancha nunca lo habría vivido, y seguro más de uno nos envidia por haber estado ahí.

Usted me bautizó como el "loco" porque en cada gol "merengue" dejaba el corazón con una locura inusual. Cuánta nostalgia me da saber que hoy ya no jugamos contra Boca ni contra River, pero el amor sigue intacto, somos muchos los palpaleños que nos vestimos de blanco pero podríamos ser más. Ya 72 años han pasado desde que Fabrizzi levantó el club, vinieron mis hijos, nietos y hasta mis bisnietos a la cancha, la locura de los hinchas nunca dejó de revolear papelitos, golpear bombos y saltar como lo hacíamos en aquellos tiempos.

Y ni hablar del equipo de Yudica, todos nos envidiaban, a donde íbamos goleábamos porque éramos la “trituradora del norte”. Tantas épocas vividas, tantas lágrimas derramadas, tanto fanatismo, alegrías y muchas tristezas que hemos pasado en la cancha. No había otro clásico que con Gimnasia, que nos repartíamos el fútbol jujeño, éramos el mejor de todos, pero siempre quedábamos sin nada, ¿se acuerda?

Y así, los años pasaron volando, gritando, trabajando y colando arrabio. Hoy, muy lejos de ese entonces, pero muy cerca de ese mismo amor, no veo las horas de volver agarrar la bici y pasarlo a buscar para ir a la fábrica.

Me encantaría pasar otra vez por el “Súper” y comprar la carne y el vino para que compartamos un asado.  Me tiembla el pecho cuando recuerdo tantas cosas vividas. Bueno, quizás en un rato estaremos charlando mejor de esto y compartiendo un asado mientras recordamos anécdotas y nos reímos como en aquellos tiempos.

Hoy lo sentí demasiado, y más cuando grité ese gol, que se yo, me dieron ganas de contarle, que hasta el día de hoy los palpaleños no dejamos esta pasión, este verdadero amor que nos hace pasar cosas como éstas…"

(Desde la sala de terapia intensiva del hospital Wenceslao Gallardo, don Fabricio recuerda sus andanzas con don Emilio, tras quedar en coma por un paro cardiorrespiratorio después de gritar el segundo gol de Altos Hornos Zapla que lo clasificó a la Nacional B).

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