Macri desperdició una de sus últimas oportunidades

Sin haber cometido grandes errores, Mauricio Macri fue sin dudas el gran perdedor del debate, ya que desperdició una de sus últimas oportunidades para volver a meterse en la pelea por la reelección.
El Presidente no logró conmover con ninguna propuesta de campaña ni tampoco generarle algún daño considerable a Alberto Fernández, quien llegó al encuentro con cerca de veinte puntos de ventaja en las encuestas y con gran parte del círculo rojo a su favor. De hecho, lo que se percibió por la televisión tuvo también su correlato en los números: el primer sondeo posterior al debate reveló que el 43 por ciento de los consultados cree que ganó Alberto y sólo el 32 por ciento lo observó mejor a Macri. 
A sólo dos semanas de los comicios, la postura del jefe de Estado fue llamativamente moderada y conservadora, como si estuviese ganando la elección. El único objetivo de Macri pareció ser consolidar los votos que ya tiene, pero le faltó audacia e inteligencia para salir a la caza de nuevos respaldos, algo que necesita imperiosamente si quiere tener alguna chance en las urnas. 
Desde el entorno del mandatario salieron ayer a instalar que en el debate del próximo domingo se verá a un Macri hablando de la corrupción kirchnerista y tomando mayores riesgos ante la opinión pública. ¿Tendrá la nueva estrategia la efectividad que le faltó a la de anteanoche? Es difícil aventurarlo, pero las denuncias de corrupción contra el kirchnerismo se van esfumando con el paso del tiempo al ritmo del deterioro sistemático de la situación económica.
Mirando con lupa, lo único que pudo haberle servido parcialmente a Macri anteanoche fue el pobre desempeño que tuvo Roberto Lavagna. El exministro de Economía venía teniendo un leve crecimiento en las encuestas a partir de captar votos desencantados de Juntos por el Cambio, que ahora podrían trasladarse a José Luis Espert -que tuvo una actuación aceptable- o bien quedarse en las filas del Presidente masticando bronca. 
Fue tan insulsa la participación de Lavagna que hasta le sobraron treinta segundos para hablar de educación y salud, dos temas vitales para la vida cotidiana de las personas. Sin ir más lejos, el candidato de Consenso Federal admitió ayer que no se sintió “cómodo” en Santa Fe: eso, claro está, quedó a la vista de todos. 
Los primeros análisis de los consultores dan cuenta de que el debate -que no fue debate- habría mantenido las cosas tal como estaban antes, lo que obviamente representa un duro traspié para Macri.
El acartonado y previsible formato del evento favoreció las chances del candidato del Frente de Todos, ya que era el que más tenía por perder en caso de que no le vaya bien. El exjefe de Gabinete se mostró contundente en varios tramos de los monólogos, pero también innecesariamente agresivo en sus tonos y sus formas. Ese fue el único punto bajo que se le puede achacar a Fernández, quien con su dedito levantado le regaló a Macri una oportunidad inmejorable de asociarlo directamente con Cristina. 
No fue para nada casual que la expresidente haya sido la única candidata a vice que no estuvo en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, teniendo en cuenta que el peronismo imaginaba que Macri usaría a Cristina para pegarle a Alberto. Eso ocurrió en un solo tramo de todo el debate, pero afortunadamente para Alberto no se transformó en el eje de los ataques en su contra.
Claramente en campaña, el virtual presidente intentó captar votos de derecha y de izquierda cuando afirmó que tomará medidas ortodoxas y heterodoxas en materia económica. La gran duda que queda en el aire es fundamentalmente cuáles van a ser esas iniciativas ortodoxas que tiene en mente el equipo económico de Fernández. ¿Se refería a continuar con el ajuste fiscal, a darle más independencia al Banco Central o a profundizar las relaciones con el Fondo Monetario Internacional? Ese interrogante, clave para el futuro de la Argentina, difícilmente quede develado antes del próximo diez de diciembre. 
Después de la paliza en las primarias, Alberto Fernández sabe que casi seguro llegará al Sillón de Rivadavia, pero también está al tanto que debe construir poder de la forma más rápida posible si quiere que sus políticas tengan el consenso necesario para llevarse adelante. De repetirse el resultado de las Paso, alrededor de la mitad del país habrá votado otras opciones electorales, lo que obliga a Fernández a no creer que la sociedad le firmó un cheque en blanco. Si a eso se le suma que la mayoría de los votos le pertenecen a Cristina, la necesidad de una construcción política más amplia que la actual se impone con contundencia.
Por eso es que el postulante del Frente de Todos sigue tirándole centros a Lavagna, a quien quiere como futuro ministro de Economía.

La falta de propuestas

El debate mostró nuevamente la fragilidad que padece el sistema político argentino en general y sus dirigentes más importantes en particular. Abundaron los diagnósticos sobre la situación actual pero escasearon las propuestas puntuales sobre cómo revertirán los problemas del país.
Uno de los temas claves sobre los que nadie profundizó, a excepción de Nicolás Del Caño, fue el de qué pasará con los “tarifazos” en los servicios públicos. Macri no dijo una palabra sobre el tema ni tampoco Alberto Fernández, quien no explicó si retrotraerá los valores a 2017 como votó el kirchnerismo en el Congreso.
Evidentemente, el primer debate pasó sin pena ni gloria en la Argentina. 
 

 

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