En la Argentina, cada vez son más las madres que crían solas a sus hijos y sostienen el hogar

Ya sea porque la vida les puso este desafío o en el menor de los casos por elección, lo cierto es que cada vez más mujeres están al frente de sus hogares y de la crianza de los hijos. Y sin dudas que para estas “mamás maravilla”, el esfuerzo que significa atender a los chicos, la casa y simultáneamente trabajar para sostenerse, abre una serie de planteos que es necesario atender.

Así hablamos hoy de las familias monoparentales y dentro de ellas una serie de matices. La denominación “madre soltera” se incorporó al imaginario social como la representación de aquella mujer que fue madre fuera del matrimonio, en muchos casos sin el reconocimiento del padre. En otras épocas, se sumaba el prejuicio y el dedo acusatorio de la sociedad señalando el “error” de no cuidarse (que además recaía sobre las mujeres y no sobre los varones).

Un reciente estudio del Cippec -Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento-, pone el foco en el aumentó del porcentaje de familias con un solo adulto, generalmente mujer, entre 1986 y 2018. En tanto, los hogares conformados por mamá, papá e hijos cada vez son más excepcionales. Sin embargo, las políticas públicas continúan respondiendo al esquema familiar tradicional.

El concepto de familia tradicional o “nuclear”, donde tienen que estar papá y mamá, ha ido variando dentro de los parámetros de normalidad o cotidianidad en Argentina. En contrapartida han crecido aquellas familias monoparentales, especialmente aquellas donde las mujeres se hacen cargo en soledad de la crianza de sus hijos.

Los números del Cippec son elocuentes en ese sentido. el porcentaje de familias con un solo adulto pasó de representar el 12% en 1986 a 19% en 2018. En la mayoría de los casos, se trata de madres que no han elegido voluntariamente criar solas y que enfrentan las responsabilidades de la maternidad junto con su trabajo fuera del hogar.

Por otra parte, en ese mismo período, la cantidad de hogares conformados por mamá, papá e hijos cayó respecto del total de familias. Mientras en 1986 el 47% de los hogares constaban de madre, padre e hijos, actualmente solo el 35% responde a ese esquema.

También se redujo la proporción de las llamadas “familias extendidas” (por ejemplo, con tíos y abuelos) con hijos. En cambio, se duplicaron los hogares en los que vive una persona sola. Además, los hogares con un solo proveedor varón disminuyeron significativamente, de 65% en 1986 a 35% en 2018, mientras que aumentaron los hogares de dos proveedores en el mismo período, de 29% a 40%.

Tipos de hogares

En la evolución de los tipos de hogares, entre 1986 y 2018, el Cippec tomó datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Las tendencias generales esconden diferencias según el nivel socioeconómico. La amplia mayoría de los hogares de menos ingresos siguen estando compuestos por familias con hijos: en 1986, el 86% de los hogares tenían hijos; en 2018, el 87%. Pero se duplicó la proporción de hogares con un solo adulto a cargo, de 14% a 31%, mientras que la proporción de hogares nucleares con hijos cayó en 15 puntos porcentuales, de 60% a 45%.

En cambio, entre los hogares de mayores ingresos, cayó fuerte la proporción de hijos: de 58% en 1986 a 36% en 2018. La familia nuclear tradicional con hijos pasó de representar el 40% de los hogares en el ‘86 al 26% en 2018. En contraste, casi se duplicó el porcentaje de hogares de una sola persona o de parejas sin hijos, de 32% a 60%.

Políticas: tiempo, dinero

A pesar de estos cambios, las políticas públicas continúan respondiendo al esquema tradicional familiar, que se aleja cada vez más de la realidad. 

El crecimiento de los hogares monoparentales y de los hogares con dos proveedores resalta la necesidad de crear esquemas de políticas de cuidado que promuevan un sistema de corresponsabilidad social que fomente una distribución más equitativa entre mujeres y varones del trabajo vinculado a la crianza, el cuidado y a las tareas domésticas. El Estado debe tener un rol activo en garantizar el derecho de las personas a cuidar y ser cuidadas. Esta necesidad se vuelve aún más acuciante en los hogares de menores ingresos, que cuentan con menos recursos para afrontar el cuidado de manera privada.

Urge ampliar la cobertura de espacios de crianza, enseñanza y cuidado de calidad dirigidos a la infancia. También es necesario modificar el régimen de licencias por nacimiento o adopción para que sea universal, promueva la coparentalidad que sea adaptable a los distintos tipos de conformaciones familiares, y hay que universalizar y fortalecer las transferencias monetarias a hogares con niñas, niños y adolescentes.

Estas medidas, además de contribuir a una mayor equidad entre mujeres y varones y a una distribución más justa del cuidado, tienen el potencial de reducir la pobreza y la desigualdad.

 

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