Alberto no muestra las cartas y se profundiza la incertidumbre

La extrema ansiedad que se respira en los actores del poder económico comienza a condicionar buena parte de la transición presidencial, a la que aún le resta un largo y tedioso mes por delante. La falta de definiciones concretas de Alberto Fernández en temas clave como la inflación, las importaciones, la política energética o la recomposición de los salarios está agregando otra innecesaria dosis de incertidumbre a la economía, que nuevamente terminará el año con todos los índices por el piso.
La situación es curiosa, como casi todo lo que ocurre en Argentina en materia institucional. El presidente electo todavía no se sentó en el sillón de Rivadavia pero hace casi tres meses que se esperan decisiones urgentes de su parte. Ese fue el resultado de las Paso, una elección en la que se gastaron fortunas y no se resolvió absolutamente nada, pero que dejó cuasi acéfalo al Poder Ejecutivo desde el 11 de agosto pasado. 
No hay pistas sobre cuál será la política de emisión monetaria del Banco Central, tampoco sobre el futuro de Vaca Muerta si se desdolarizan las tarifas de las naftas, ni menos aún en qué consistirá la estrategia para recomponer el vínculo con el brasileño Jair Bolsonaro, presidente del principal socio comercial de la Argentina. Si a eso se le suma que no se conocen detalles sobre cómo se piensa renegociar la deuda con el FMI ni qué va a pasar con los abultados subsidios estatales, la parálisis económica que vive la Argentina actualmente podría profundizarse todavía más antes del 10 de diciembre.
En medio de esta incertidumbre, el próximo viernes subirían de nuevo las naftas y esta semana dos grandes cadenas de supermercados quedarán habilitados a remarcar nuevamente sus productos, tras el fin de un acuerdo con el Gobierno. Otra vez sopa: ni Alberto Fernández ni ninguno de sus referentes económicos se pronunciaron al respecto. 
Los empresarios hace rato que ya no miran lo que hace Macri, que es poco y nada, sino lo que da a entender Alberto Fernández, que también es poco y nada. “Necesitamos saber si aumentará la carga tributaria sobre las compañías y qué política se va a tomar con el tipo de cambio. Hasta ahora lo único que sabemos es que Alberto se comprometió a poner a la Argentina de pie, pero no tenemos idea cómo lo hará ni con qué recursos”, señaló ayer a El Tribuno un influyente hombre de negocios que pidió reserva de su identidad. 
La estrategia del presidente electo es clara: no informar anticipadamente las medidas que tomará ni cuáles serán los ministros que las llevarán a cabo. ¿El objetivo? No quitarle “el factor sorpresa” a las iniciativas ni “desgastar antes de tiempo” a los integrantes de su futuro Gabinete. 
En un país previsible, ordenado y con políticas de Estado, la decisión de Fernández de no mostrar las cartas antes de tiempo sería totalmente lógica, pero Argentina hace décadas que vive entre la desconfianza de los de afuera y la incertidumbre de los adentro. Por el momento, las únicas certezas que brindó el mandatario electo son que mantendrá el cepo al dólar y que no pagará la deuda en las condiciones actuales. Está claro que no habrá manteca al techo para tirar, y Alberto quiere quede claro desde un inicio para no generar falsas expectativas.
Un eventual agravamiento de las variables económicas antes de la asunción del presidente electo será atribuido a la ineficiencia de Mauricio Macri, que desapareció de la escena pública hace dos semanas, pero condicionará definitivamente a Fernández para los primeros meses de su gestión, en donde el nuevo mandatario deberá construir la base de sustentación política que le permita gobernar de la mejor manera posible.

Los aliados

Al igual que los gobernadores e intendentes peronistas, la CGT ocupará un lugar central en la presidencia de Alberto Fernández, quien anteayer visitó la sede de Azopardo y se fotografió junto a Hugo Moyano, Héctor Daer y Luis Acuña.
El mandatario electo sabe que la unidad real de la central obrera está muy lejos pero la necesita lo más anestesiada posible para llevar a cabo el Pacto Social junto a los empresarios, donde se convalidarían aumentos de precios en torno a la inflación (como con los combustibles) y subas de salarios en el mismo sentido.
Los aliados sindicales ya empezaron a mostrar señales evidentes del cambio de época y varios de ellos anunciaron que no es momento para reclamar un bono de fin de año.
Teniendo en cuenta que la inflación de 2019 cerrará cerca del sesenta por ciento, la pasividad gremial de no reclamar más plata para los bolsillos de los trabajadores puede ser un alivio para Fernández, pero también una gran desilusión para los asalariados, que otra vez estarán condenados a perder contra los precios. 
La cúpula sindical parece ahora mucho más preocupada por el contexto económico del país de lo que se mostraba unos pocos meses atrás, cuando amenazaba permanentemente al gobierno de Mauricio Macri con paros y movilizaciones. ¿Será sostenible en el tiempo esta tregua con el Gobierno si la economía no levanta rápido? Si fuese por los gremialistas sí, pero las bases muchas veces terminan imponiendo los reclamos que no realizan sus representantes. 

 

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