“Hay un componente racista que lo hace más preocupante”

A través de un análisis desde la psicología social y desde la ciencia política, Néstor Martiarena, psicólogo y doctor en administración y política pública, estableció que “soy uno más de los que piensan de que en Bolivia hubo un golpe de estado”.

Desde la psicología social “puedo decir que a Bolivia, al igual que muchos países latinoamericanos históricamente les tocó vivir circunstancias geopolíticas que influyeron en su política interna promoviendo estas grietas, fracturas o divisiones en el electorado. En el caso de este país hay un componente racista, por eso es más preocupante aún”, señaló, en diálogo con El Tribuno de Jujuy.

En ese sentido, remarcó que “eso se da porque cuando las representaciones y el imaginario de la gente no se apoyan solo en la individualidad de los sujetos sino en un imaginario de colectivos orientados por la discriminación, tenemos esta cuestión, en el caso boliviano, de la lucha racial de un Este contrario a los pueblos coyas o aymaras del Altiplano”.

Es una situación muy compleja “porque se viene arrastrando desde hace varios años. Luis Camacho, el que irrumpe en la política boliviana pertenece a una organización que la Federación Internacional de los Derechos Humanos la denominó como paramilitar o racista. Es un sujeto que pertenece a su acción política a sectores que pertenecen a logias oligárquicas”, aseguró.

Asimismo, afirmó que “el tema del racismo hacia los pueblos originarios nos atraviesa a todos los pueblos latinoamericanos, desde la psicología social pienso que, lamentablemente, están dadas las condiciones para que en Bolivia estalle una guerra civil”.

“No se pudo sostener una institucionalidad que corresponda a un estado plurinacional de convivencia pacífica entre distintas etnias. Yo creo que eso es lo que más debería preocuparnos”, añadió.

Crisis en Latinoamérica

Néstor Martiarena también explicó que “las crisis que se llevan a cabo en los diferentes países de Latinoamérica impactan en las personas despertando en ellas o reavivando antiguos tabúes o representaciones prejuiciosas que ponen en riesgo la convivencia democrática, el uso de la negociación y la palabra en el debate político”.

“Y en el imaginario de mucha gente que por falta de educación o deformación en la educación creen que la violencia como una forma de imponer ‘justicia’ lleva a facilitar procesos que pensábamos que ya estaban superados”, dijo.

Al respecto, mencionó que muchas personas aceptan ciertas formas de violencia y otras la niegan, “se mienten a sí mismos o niegan. La negación, inconsciente, es un proceso de compensación neurótica para no querer ver la realidad y para lo que lo hacen consciente es una forma de manipulación psicopática de la realidad. Negar a propósito algo evidente. Lo evidente es que en todo proceso existen ideologías humanistas e inclusivas y otras neoliberales y excluyentes”.

“Golpes suaves”

Lo que pasa en Bolivia lleva años “y comenzó en 2008 con la aplicación de lo que Gene Sharp ideólogo de la CIA, teorizó como ‘golpes suaves o blandos’, aunque en el caso boliviano acabó en un golpe tradicional. Que tienen varios pasos, primero un ablandamiento de las condiciones sociales para promover esa desestabilización, luego de deslegitima al gobierno de turno y luego viene el calentamiento callejero de circunstancias populares. Se combinan técnicas de desestabilización para finalmente llegar a la fractura del poder”, finalizó Martiarena.

 

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