ESTEBAN LIFSCHITZ / “ARGENTINA NECESITA CONTAR CON UNA AGENCIA DE ETS”.

La tecnología cada día se vuelve más importante en muchos aspectos de la vida, y si hablamos de la salud, es indispensable. Continuamente hay innovaciones y cada año se hacen proyecciones de avances en este sector. En muchos casos, la incorporación de estas tecnologías no está científicamente fundamentada, lo cual trae como consecuencia una mala utilización de los recursos que afecta tanto la calidad como el costo de los servicios sanitarios. Por esta y más razones, realizar una Evaluación de Tecnología Sanitaria (ETS) resulta fundamental.

Este diario dialogó sobre el tema con el médico Esteban Lifschitz, quien especificó este proceso multidisciplinario que debate pros y contras de la adopción de la tecnología en el uso de medicamentos y sobre los procedimientos que busca su uso racional en un contexto real.

¿Cómo se aplica la Evaluación de Tecnología Sanitaria?

Es una herramienta técnica, un proceso de investigación que intenta determinar cuál es el valor comparativo entre diferentes tecnologías entendidas como medicamentos, procedimientos médicos, dispositivos, programas de prevención, a la hora de determinar si más allá de que cuente con la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) -agencia que autoriza la comercialización- debe ser o no cubierta por el sistema de salud.

Es un proceso formalmente definido en el cual se evalúa cuánta confianza uno puede tener en los estudios de investigación que generaron la aprobación de esas tecnologías. Se examina de manera comparativa esta tecnología con la que ya están disponibles en el mercado, incluso, se hacen evaluaciones -económicas- para evaluar si el costo que suele ser mayor en las nuevas tecnologías, justifica a raíz del aumento de resultados o, en la mejora de resultados de la salud de la gente.

Si bien, la tecnología implementada en la salud ha salvado muchas vidas, ¿cuál es la importancia de la tecnología en la medicina y quiénes pueden aplicarla?

Claramente las tecnologías han representado un antes y un después para muchas enfermedades, por ejemplo la viruela, con el descubrimiento de la vacuna o, el descubrimiento de la penicilina e insulina a principios del siglo XX. Estamos viendo que cada vez es menor el impacto real que tienen las tecnologías sobre los resultados en salud. Son muy pocas las tecnologías que mejoran notablemente los resultados de salud de la gente, pero los costos sí crecen de manera desproporcional. En la carrera de Especialista en Evaluación de la Tecnología Sanitaria de la Facultad de Medicina de la UBA, la cual dirijo, apunta a la formación de profesionales médicos para que aprendan estas herramientas que después llevan a que una autoridad tome la decisión sobre si vale la pena o no incorporar un fármaco al programa médico obligatorio.  

¿A nivel general, cómo se encuentra nuestro país en este ámbito?  

Desde mediados del 2016, se debate formalmente en el Congreso de la Nación la creación de una Agencia Nacional de Evaluación de Tecnología Sanitaria, que sería la entidad encargada de hacer la ETS y dar una recomendación sobre si esto debe ser o no cubierto. O si debe ser cubierto pero con ciertas restricciones. Ese primer proyecto perdió estado parlamentario y actualmente en el Senado de la Nación hay un proyecto que también se está debatiendo. Claramente Argentina necesita contar con una agencia ETS, porque es un sistema de salud tan segmentado y fragmentado, hay tantos posibles financiadores y la cobertura que tiene cada uno de ellos puede ser diferente. No es lo mismo la cobertura de una obra social provincial que la del sector público, o una empresa de medicina prepaga que contar con una agencia que tienda un puente entre los distintos subsectores para dar un poco de racionalidad a la cobertura y, al mismo tiempo que reduzca las inequidades. A nivel de región hay varios países que ya han avanzado en este sentido, formalmente Colombia, Brasil y México cuentan con una agencia de ETS y Perú, Chile y Uruguay, si bien no tienen una entidad que funcione como agencia formal, tienen estamentos que realizan evaluación de tecnología, para definir qué cobertura le van a dar a los nuevos procedimientos diagnósticos o dispositivos médicos.

¿Qué mirada tiene sobre la tecnología en el sistema de salud para los próximos años?

Si uno mira la evolución de las nuevas tecnologías, hay un desarrollo notablemente casi logarítmico en los últimos años. Sigue una curva similar a lo que es el desarrollo del conocimiento, el volumen de información que hay y el de nuevas tecnologías es enorme. Lo que no hay es una correlación directa en las nuevas tecnologías y las mejoras en los resultados de salud de la población. Entonces, se viene claramente cada vez más la medicina que se conoce como medicina personalizada, la medicina genómica, en la que se supone que ya no va a haber medicamentos para enfermedades sino un medicamento para cada enfermo. Habrá que evaluar con mucho criterio y rigor científico si hacer una medicina personalizada va a impactar realmente en la mejora de salud de esa persona.

¿Cuáles son los desafíos de la ETS?

Los desafíos más grandes son identificar cuáles son las tecnologías verdaderamente innovadoras, si con impacto sobre la salud de la gente y al mismo tiempo, garantizar la sostenibilidad financiera de los actores del sistema de salud. La medicina genómica, personalizada, plantea cada vez costos mayores que todavía ni siquiera conocemos, porque muchos están en fase de investigación. Lo que no debemos dar por cierto es que lo nuevo siempre es mejor. Eso debería pasar por un tamizaje científico y una vez que uno pueda identificar que el impacto verdaderamente representa una mejora notable en la atención de la salud de esa persona enferma, habrá que discutir cuánto estamos dispuestos a pagar por esta mejora.

¿Todos podremos acceder a esa tecnología sanitaria?

Hace tiempo la Organización Mundial de la Salud dijo que “ningún país por más rico que sea está en condiciones de brindarle todas las tecnologías a toda la población”. A partir de esa frase, la buena noticia es que todo para todo no es necesario. Incluso, en determinados momentos para una persona acceder a una tecnología puede ser perjudicial. Lo que debemos intentar es que no todos accedan, sino que todos los que necesitan esa tecnología accedan. Esto apunta a diferenciar igualdad de equidad. Debemos ver de qué manera identificamos qué necesita cada persona, qué aporta esa tecnología para la salud de esa persona y, a partir de ahí definir de qué manera financiar el costo que, obviamente, seguirá creciendo. Además, intentar reducir el gasto ineficiente en algo que en la práctica no representa una mejora como muchas veces pareciera que las tecnologías vienen a resolver. Y eso no es así, al menos no es directamen.

Propósito de la agencia

Algunos de los puntos del proyecto de creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Tecnología Sanitaria se abocan a que la misma cuente con autarquía económica y financiera, que las decisiones revistan carácter vinculante para los financiadores del sistema de salud y que los miembros del directorio no hayan participado patrimonialmente en ninguna entidad o institución dedicada a la venta y/o fabricación de tecnologías de salud, durante los tres años previos a su designación. También que el acceso a los informes sea público y esta sea un órgano de consulta en los procesos judiciales, entre otros puntos.

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