Ada La Rosa de Alfano, pionera de musicoterapia

En el marco del XXI Congreso de Musicoterapia, realizado en Tilcara, hemos tenido la oportunidad de conversar con Ada La Rosa de Alfano.

Su camino con la musicoterapia es, como nos cuenta, "la historia de mi vida.

Tiene un comienzo muy especial porque mi padre era músico y crecí escuchando sonidos de guitarra. Como quería estudiar medicina y mi papá no me dejó, estudié arte y me compraron un piano muy usado que acepté con mucho cariño".

Nos habla de su formación musical con varios maestros, "pero llegué con la cabeza llena de fórmulas matemáticas, y cuando me piden que cante los sonidos que estaban escritos en un pentagrama, no pude. Así que reflexioné y me dije que voy a empezar de nuevo, y entré en un mundo que desconocía. Tenía que encontrar las notas e imaginar las alturas, estudié mucho y puse un conservatorio".

Recuerda que "llegué a tener bastantes alumnos, pero empecé a no sentirme bien. Tenía niños de cinco con la misma metodología que los de catorce, quince, que los adultos. No encontraba el camino hasta que me recomiendan unas conferencias de Ernesto Epstein, en el Jockey Club de Rosario, y me dicen que hable con él. Era el primero musicólogo argentino, y me invita a estudiar en el Colegium Musicum de Buenos Aires".

Nos dice que "nunca había salido de Rosario, pero ese era mi camino. Yo ya era casada y me animé. Conocí a personas con las que Dios me tocó. Trabajaba en una escuela primaria y un día y medio por semana viajaba a Buenos Aires. Era el 68, 69, vi trabajos de Violeta de Gainza, mi gran maestra, y otros trabajos con niños down desde bebés. Los maestros se sentaban al piano, daban las tonalidades, y ver cómo los niños se movían fue algo asombroso porque jamás imaginé que iban a tener esas respuestas".

Recuerda que "llego a una casa donde tenía que seguir mi formación, me piden que me saque los zapatos, se abre una puerta y sale Patricia Stokoe, la inglesa que trajo la expresión corporal a la Argentina. Había alfombras, algunos almohadones. Era poner el cuerpo en el espacio y fue una de mis experiencias más profundas: la implicancia del cuerpo para la educación musical. Decimos en la musicoterapia que el cuerpo es el instrumento".

Nos habla de "metodologías que aún están en vigencia, sobre todo en Rosario. Disciplinas que nacen en Suiza: la rítmica Dalcroze, eutonía. Los solfeos que habíamos aprendido tenían siempre la misma altura, pero aprendimos a solfear con el cuerpo. María Fux, por medio de la vibración de los pies, enseñaba a hipoacúsicos y sordos para representar corporalmente suites a cuatro voces de Bach".

Es Violeta de Gainza quien le habla de la Asociación Argentina de Musicoterapia, "y me incita a viajar para estudiarlo. Eso me dio vuelta la vida", dice. "Sin que yo lo esperara me derivan mi primer paciente. Tenía mucho miedo, sería el 70, y empezaron a mandarme pacientitos con lesiones cerebrales. Empecé a integrar a mis alumnos de música con mis pacientes, y empezó la otra etapa, asumí riesgos y son otros los que me hacen notar que había puesto una semilla".

Nos dice que "se empieza a dejar de hablar de discapacidad para decir que hay deficiencias en áreas específicas, no son ya incapaces ni discapacitados. Fundé una escuela en la que estuve ocho años, y aun así soñaba con otra cosa con más música, más arte. Ya para el 80 formo mi instituto, que le puse el nombre de Czerny, que es una metodología muy importante para pianistas. Carlos Czerny dicen que esperaba a sus alumnos sentado al piano, y según como llegaban sus alumnos, él improvisaba".

Recuerda que "cuando en la comunidad rosarina se empezaron a enterar qué trabajo estaba haciendo, me empiezan a llegar derivaciones de médicos pero no gustó en el ambiente. Me decían de todo. Señalaban que trabajaba descalza, con almohadones en vez de sillas. Pero es algo que ya pasó. Pude hacer abordajes de musicoterapia en la secundaria en que trabajaba porque había problemas de conducta grupales, y hasta entonces los profesores de música teníamos no sé si el segundo, el tercero o el cuarto lugar".

Finalmente, nos dice que "recibo una llamada de Luis Ferrari, del Instituto Superior del Paraná, y me invita a formar la carrera. Todo mi trabajo de años, con todo el apoyo y supervisión que tuve, la volqué en ese trabajo.

La posibilidad de estar más horas con los pacientes, de donde salen los centros de día, los centros educativos terapéuticos con más objetivos.

Y pasaron años", nos dice, "se puede hacer mucho bien. He trabajado en geriatría, y la música, el baile, el canto, la charla, el vínculo, es algo muy especial".

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