Fin de año en Jujuy

Las fiestas de fin de año nos encuentran rodeados de celebraciones religiosas, como en el caso de los cristianos y en especial de los católicos, como lo es la mayoría de los latinoamericanos. En Navidad hemos festejado en familia o con amigos o quizás solos. En algunas partes del mundo, como en la Europa del Norte, esta fiesta es para los solteros o solterones o la gente que se quiere tomar una pausa de la vida cotidiana, una excusa para irse a alguna playa lejana y disfrutar de unas hermosas vacaciones, con el sol que tanto falta en Europa en esta época del año. La falta de luz es propicia para la depresión y el suicidio, muy comunes en los meses oscuros del norte. Recordemos que en el hemisferio septentrional a partir de diciembre es invierno y el sol se pone en algunas regiones a las 4 de la tarde y sale a las 8 de la mañana o más tarde. Y en algunas regiones árticas de Noruega y Rusia el sol nunca sale del todo. En Jujuy no podríamos explicar tantas fiestas populares como el carnaval o la Navidad si fueran en invierno.

Precisamente, la falta de luz en el invierno hizo en los pueblos paganos recurrir a trucos, como los celtas y germanos de Europa, con sus rituales para llamar la luz. Estas tradiciones se fusionaron, por así decirlo, con la religión cristiana y así tenemos el famoso árbol de Navidad.

Esta costumbre, de adornar un abeto con luces, en su idea original con velas de verdad, nació en la fría Alemania, donde las tribus germanas tenían sus rituales de llamar la luz, encendiendo velas en sus casas, sobre todo en las ventanas y en Navidad, adornar con velas un árbol para espantar la oscuridad.

En Jujuy no podemos decir que queremos llamar la luz porque es lo que nos sobra en los cálidos veranos que vivimos pero tampoco tenemos abetos naturales en nuestras casas o en los bosques jujeños.

Quizás el árbol que lo reemplace sea un cedro, una tuya, o generalmente, un árbol de plástico o papel. Claro que no pondremos velas porque con las altas temperaturas lo mas probable es que las velas den más calor y hasta provoquen un incendio, como en Europa.

Como ramificación de la cultura hispana allende los mares, hemos heredado la tradición de armar un Pesebre o Belén en nuestros hogares, costumbre más propia de nuestras raíces españolas y católicas.

Al llegar a estas tierras, ya habitadas por antiguas y desarrolladas civilizaciones, se mezclaron con las costumbres de los indígenas, que también tenían fiestas o celebraciones en honor a sus dioses y que continuaron observando y honrando a pesar del yugo del conquistador y de la presión que se hacía por parte de la Iglesia católica y el poder político por convertir este continente en un continente católico. En parte sí se logró, pero en parte, pues muchas de las costumbres católicas de nuestra tierra no existen ni se conocen en Europa, ni en España, que es un puente entre Europa y América Latina.

Quizás en Semana Santa los pasos de Semana Santa, que son las estatuas religiosas que circulan en procesión por España y en especial en Sevilla y que nos recuerda mucho la Semana Santa jujeña, con menos pomposidad y menos lujo (léase dinero). Pero la Semana Santa sevillana es un despliegue de hermandades, similares a las hermandades o pasantes de las fiestas de las Vírgenes o santos en tierras sudamericanas.

La Navidad jujeña es muy diferente de la Navidad española. Allí nadie baila delante del pesebre. Y qué decir de los otros países católicos europeos, que miran con total curiosidad las imágenes que recorren las calles jujeñas con los danzarines y pasantes o hermandades.

Más rara aún es la danza de las cintas, que se conoce en Europa pero no para Navidad y que se baila con un música totalmente diferente así como la coreografía.

Nadie puede explicarse como se originaron estos ritmos en América del Sur, la católica. Pero si descubrimos la música barroca que se escribió en nuestro suelo quizás allí sí encontremos el origen de estas danzas

América es un crisol de razas. América del Sur, por su riqueza en minerales fue explotada muy tempranamente no solo con la mano de obra indígena, barata, sino también con la mano de obra de los esclavos negros venidos de África. Estos pueblos aportaron su música, sus ritmos y sus lenguas a las celebraciones religiosas que se empezaron a celebrar en América del Sur. Esto dio lugar a las Negrillas, composiciones de autores barrocos españoles y mestizos, típicas de Navidad. En ella se incorporaban elementos de la cultura africana, como tambores, ritmos, formas de solista y coro y el lenguaje de los africanos.

Muy probablemente sea el origen de las adoraciones de los pesebres, con elementos del folclore español y de la música indígena. Estas danzas nacieron en nuestra tierra y se fueron adaptando a los tiempos. Es por eso que la música de adoración es diferente en cada parte de la provincia.

En San Pedro de Jujuy, tierra del que escribe esta columna, la presencia de los tambores y el pinkullo de los ava guaraní recuerda a la sonoridad de la música del arete guazú, que se toca con la tambora y la flauta guaraní.

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