Fue de vacaciones a Noruega y volvió a vivir allí

Visitó Noruega de vacaciones, y allí conoció a su esposo y echó raíces. Tuvo que adaptarse al frío y a la cultura nórdica, y ya lleva gran parte de su vida allí. Tiene dos hijos, un empleo y dicta clases de zumba como hobby.

Patricia Claros era una joven inquieta que se fue de vacaciones a Noruega a visitar a su tía que vivía allá, y fue en uno de esos viajes en que conoció a Jørn Haugen, quien se convirtió en su esposo. "En uno de los viajes nos pusimos de novios, después volví de nuevo a Argentina un año, él aprendió español para comunicarse conmigo, después volví de vacaciones tres meses, y de allí surgió la propuesta de casamiento, de quedarme. Nos casamos en Argentina", relató.

Detalló que el casamiento se hizo en la iglesia de Ciudad de Nieva de Jujuy, y poco después se fue a Noruega donde formó su hogar. En principio vivieron en la ciudad de Kongsberg, y con el tiempo se mudaron a Oslo, donde a actualmente vive con sus dos hijos, Emilia de 7 años y Leonel de 5 años.

Lo que más le costó al llegar a ese país a los 20 años fue adaptarse al clima de Noruega, especialmente el frío de invierno. Es que aseguró que es un contraste muy significativo respecto al que estaba acostumbrada en Jujuy, ya que en invierno las temperaturas llegan a 20ºC bajo cero. "Salir así todos los días a trabajar, a la escuela, en ese clima, es bastante pesado", explicó respecto a la vida cotidiana y el frío.

También debió adaptarse a la falta de sol, debido a que en invierno durante tres meses de oscuridad, debido a la ubicación que tiene ese país. "En invierno se despierta y se va a dormir sin sol", explicó la jujeña que estaba acostumbrada a la luminosidad constante de Jujuy.

A la comida no fue tan difícil de adaptarse, y aunque extraña algunos platos típicos de Jujuy y en general de Argentina, aseguró que la cocina allá es variada por tratarse de una ciudad multicultural, porque hay gente de todos lados allí.

Por ello pudo conocer otros sabores y culturas, como la comida india, por ejemplo. No obstante, para no extrañar, aprendió hacer maicenitas y las lleva todos los días junto con el mate al trabajo y a la escuela, y también cocina empanadas.

"Aprendí el idioma, es difícil, salí a trabajar, trabajé como ayudante de enfermería varios años y después por el tema del invierno cambié porque el frío es muy duro", explicó Patricia Claros.

El tiempo de adaptación pasó, se estableció y fue echando raíces. Actualmente la joven jujeña que ahora tiene 32 años trabaja en una escuela de estética.

Explicó que allá la cultura europea es mucho de estar solo, a comparación de los domingos de familia, es más individualista, de vivir solos, una manera de ser completamente diferente a la de los argentinos.

"Eso tuve que aprenderlo y adaptarme a los horarios", dijo, y ya los incorporó en doce años en ese país.

La vida cotidiana comienza muy temprano: a las 6.30 lleva a los hijos al jardín donde tienen muchas actividades al aire libre, bien abrigados. La jornada laboral comienza a las 7 hasta las 4, de corrido para el almuerzo, mientras las tiendas cierran a las 8 de la noche.

Disfruta también de su hobby, dar clases de zumba en un gimnasio, ya que se convirtió en instructora.

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