Misa y procesión también en Huacalera

Los honores a la Inmaculada Concepción de María se celebran, en la localidad de Huacalera, con ese tono tanto gaucho como andino que en parte desciende de los valles orientales por los caminos de herradura, en parte se templó en el trabajo agrario de la finca Monterrey y en parte se nutrió de la inmigración que, acaso desde tiempo inmemorial, baja desde el altiplano.

Que frente al atrio el cartel recuerde que allí se descarnaron los restos de Juan Lavalle es acaso un hecho azaroso de los tiempos de la guerra, no así la participación gaucha en nuestras gestas, y ya por la ruta 9, mientras el padre Miguel Squicciarini oficiaba la misa, se cruzaban los sones de las bandas de sikuris con las mozas de atuendos donosos, y el parche del redoblante se fundía con el sonido de los cascos del caballo.

Cantidad de producción agraria, ya tan verde tal vez por las lluvias anticipadas, bordean el camino de llegada al pueblo, donde no faltan camiones que cargan la producción, pero es 8 de diciembre, día de la Inmaculada, que es patrona del pueblo y, para más, es domingo, entonces los carteles ofrecen picantes, empanadas, asados y las parrillas de los Centros Gauchos alzan sus señales de humo desde la arboleda.

PROCESIÓN/ BANDAS DE SIKURIS ACOMPAÑARON LOS CULTOS.

La misa se oficia en el atrio de la iglesia, acaso unos 50 metros de sendero bosqueado, cuya sombra se agradece porque a mediodía recién se alzaban las urnas con sus imágenes para comenzar a andar la procesión, algún vecino se dejaba pisar por la Madrecita para ser bendecido mientras el giro de la matraca daba comienzo a la sikuriada.

El padre Miguel había impartido el bautismo, con su casulla bordada en África, donde misionó años atrás, y le habló a los feligreses con ese modo amigo, jocoso por momentos, que cala hondo y que niños y ancianos atendían por igual, riendo por momentos, reflexionando después, y entonces todas las imágenes invitadas, en esa forma nuestra de celebrar una Patronal, precedieron a la anfitriona.

Las capillas locales tienen ese sobrio blanco y liso que se llena de barroco cuando, en las fiestas, las imágenes de cada comunidad, de cada familia, se acercan a su frente y lo transforman, y lo cargado que en otros estilos pertenece a la pared del templo, acá comienza a andar llevando su bendición por el pueblo, los gauchos preparan su desfile y los fieles se dispersan buscando ya el almuerzo y la sombra.

 

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