El Patio de la Pirincha, un lugar para entender el arte popular en Cosquín

Recorriendo calles coscoínas y "chusmeando" con la gente del lugar y los visitantes, se descubren otras facetas, otras caras, otros ambientes que surgen del espíritu folclórico de la Capital Nacional del Folclore, especialmente durante las nueve noches del festival mayor del país, pero que se mantienen durante todo el año.

En todos los focos que se encienden a partir de cuestiones culturales, pululan los espacios oficiales, los comerciales y los genuinos sin más intención que la resistencia y el amor al arte y las expresiones. Cosquín y su Festival Nacional del Folclore, no es la excepción.

Alguien en medio de las tres jornadas que El Tribuno de Jujuy pudo vivenciar en esta tierra, sugiere que "no pueden irse sin conocer el Patio de la Pirincha". Aceptando el consejo y preguntando, llegamos al lugar. Una jujeña radicada en esta ciudad desde hace muchos años, Fabiola Demitrópulos, incluso me lleva en su auto y me espera a que haga la nota.

Eran cerca de las cuatro de la tarde y el ingreso a esta casa (porque es la casa de Claudia Guzmán, más conocida como "la Pirincha" o "la Piry") es por un pasillo que termina en un patio pequeño de tierra. En el medio casi, un escenario pequeño, como el de un centro vecinal, desde el cual una profesora, Griselda Martínez, jujeña radicada en Córdoba está dando un taller de zamba. Mucha gente baila en el patio escuchándola. La "profe" no les va dictando la coreografía, les está diciendo "están felices de bailar con su pareja", "¿qué le quieren decir?", "sonríanle". Y en estos "tips" que imparte, transmite el espíritu de danzar. La cara de los bailarines ocasionales es de placer absoluto, y están entregados a la experiencia, más que a la idea de memorizar la coreografía. Los filmo, los fotografío, y me meto por un costado a preguntarle a un joven -que antes que nada me invita un mate- para preguntarle con quién tengo que hablar para saber de este espacio y poder contarlo. "Con Claudia", me dice, "recién estaba acá en la cocina, ya va a volver", y me da otro mate. Otra persona se ofrece y me lleva a una habitación más atrás, a buscarla, y la encontramos.

En ese momento termina la clase, y comienza a caer una lluvia fría y copiosa. El patio se desmantela, pero es sólo por un rato porque a las siete de la tarde comienzan las charlas que se dan cada día ahí.

El encuentro con "la Piry"

Claudia me recibe, acepta que le tome la foto, y me invita a esa habitación para conversar porque la lluvia es cada vez más intensa.

Y entonces empiezo a descubrir y desandar la historia de este emblemático lugar, sencillo, muy sencillo y pequeño, que alberga cada año durante todo el año, a cientos de artistas y visitantes que llegan a Cosquín en busca de alojamiento accesible y de cultura genuina.

El Patio de la Pirincha no es una peña, no es un escenario callejero, no es un lugar con fines de lucro, pero cada año recibe a mucha gente y artistas que participan de actividades que se hacen casi durante las 24 horas. Formalmente las invitaciones son para talleres a partir de las 16, charlas desde las 19, y espectáculos y presentaciones de obras (musicales, literarias, teatrales, etc.) a partir de las 20.30.

Durante mucho tiempo, tuvieron inconvenientes con las diferentes gestiones municipales por cuestiones administrativas, hasta que el año pasado, lo más impensado sucedió. El patio sufrió un allanamiento. Algunos cambios y reestructuraciones edilicias que exigen las normas, y el apoyo de todos los artistas y del público lograron que siga abierto. Hoy tienen personaría jurídica y las mismas ganas de resistir culturalmente que al inicio.

LA ZAMBA / ENSEÑADA DE UN MODO DIFERENTE EN EL PATIO DE LA PIRINCHA.

La historia

"Empezamos en el 2001 en medio de una de las grandes crisis del país. Empezamos poniendo carpas porque yo me había quedado sin trabajo, y los primeros que llegaron fueron músicos, una parejita de Bahía Blanca que estaba participando del Pre Cosquín. Luego llegaron otros que dio la casualidad o la causalidad que tenían la misma onda. Al año siguiente, esta misma gente empezó a traer a otros y se fue formando el grupo, de lo que hoy es el patio en general", cuenta y alrededor un grupo de gente que trabaja con ella en este espacio la apoya y le apunta algunas cosas que entienden no debe dejar de mencionar. Todos en un estado total de algarabía, felices de estar.

"Estuvimos muchos años con carpas, y así y todo, después de las peñas del pueblo, los músicos se venían para acá y seguían de guitarreada", continúa contando la dueña de casa.

"Particularmente el patio tiene esa cosa de ser un patio escuchador y la mayoría de los artistas que participan, son cantautores. Lo que se escucha acá no es lo comercial que anda dando vueltas, y supongo que debe haber sido ese detalle lo que más atrajo desde siempre. No es como otros lugares donde la gente va y baila, y baila, y nada más, sino que se sienta y escucha la música de los artistas", explica. Y agrega que muchos de los músicos nos manifiestan que es notable que "en otras peñas no se los aplaude y aquí sí, y valoran el silencio de la gente".

El espíritu con el que nació este espacio no es el de hoy. "Se fue transformando", asegura la Piry, "al principio, el espíritu fue salir de una etapa de crisis, al quedarme sin laburo poniendo carpas. Después las energías, el cosmos, lo que sea trajo gente muy particular. En las primeras épocas la plaza (Próspero Molina, donde se hace el festival oficial) apuntaba a otro tipo de música y era poco lo que se veía que no era comercial, entonces el patio tuvo esa fuerza, que la mayoría de los que venían, de la música, del teatro, de la danza, estaban como por fuera del circuito de Cosquín", narra.

Explica que a lo que apuntan es a los artistas que tienen sus propias creaciones, al que hace lo propio, y sobre todo de su región. "Por ahí en general es poco lo que se escucha en Cosquín del sur por ejemplo, y nosotros tenemos muchos amigos que vienen y lo muestran, o lo cuyano, hay mucha gente que nunca lo había conocido, y en el patio escucharon por primera vez una tonada por ejemplo. Esas cosas son las que hacen fuerte al lugar", dice.

"El tema del llamado es a partir de millones de amigos músicos que tratamos de que estén por lo menos tres años en nuestro escenario, que le decimos "escenario" pero es algo muy chiquito como verás", comenta, "y siempre tratamos de ir renovando".

Otra de las cosas que tiene este lugar -explicado por su gente- es que siempre tiene muchas mujeres en el escenario, y no es algo de ahora. Recordemos que en el país se está haciendo una movida de artistas "por más mujeres en los escenarios", algo que históricamente no se tuvo en cuenta. En este sentido vienen a colación también las charlas que se comenzaron a dar hace un tiempo en el patio. "Este patio se diferenció de otros espacios porque siempre reflejó las luchas que se fueron dando socialmente, por ejemplo en la zona por el tema de la autovía, fumigaciones, el aborto, el arte, etc.", concluyó.

El día del allanamiento

“Siempre tuvimos problemas con todas las gestiones municipales porque sucedía que estábamos fuera de todas las ordenanzas. La diferencia con la gestión actual, es que vinieron al principio con un apoyo explícito a la gestión, y luego desparecieron. Y el año pasado tuvimos un allanamiento algo que era casi personal, que no debería haber llegado nunca. No entendemos por qué se judicializó la cultura. Todos los problemas que teníamos o que podríamos haber tenido, eran administrativos. No había un delito penal, y cualquier gestión municipal debiera haber impedido que llegara a esa instancia. Al final, a nosotros nos favoreció el allanamiento, porque el que no nos conocía, nos conoció y empezaron a venir para ver de qué se trataba esto”, concluyó
“Personalmente sentí que allanaron mi casa, porque esta es mi casa. No es un comercio. Ahora tenemos una habilitación provisoria, pero no somos un comercio”, explica. 
Y finalmente cuenta lo esencial de todo esto: “Todos los artistas se solidarizaron con nosotros ese día. Vinieron los Coplanacu, no sólo a darnos el apoyo, sino a cantar cuando salieron de la plaza, también los Che Joven, Mariano Luque, Paola Bernal, el jujeño Pachi Herrera, todo un conjunto de artistas se puso al frente del patio porque es gente que estuvo siempre acá”, concluye dispuesta a seguir en la lucha cultural.

Inspiración

Claudia no canta ni baila, “no soy artista de ninguna manera” dice, cuando le pregunto la motivación de tanto empuje. 
Y entonces cuenta que “mi familia viene de Santiago del Estero y tiene una cosa muy tradicional. Tengo un tío que ya falleció, muy salamanquero, escritor cantautor, y bueno fue esta cosa de andar en peñas. Cosquín y el festival es eso. Pero no sé cantar, ni nada, pero para eso están los amigos”, concluye simpáticamente, y valora las expresiones de cada visitante de esta casa.
Le pido anécdotas, y no sabe por dónde empezar: “Vienen un montón de grandes artistas que aparecen en el patio de la nada. Por ahí está alguien tocando la guitarra y aparece Peteco Carabajal, y se sienta en el piso, y aclara ’vine a escuchar’, y la gente lo respeta y no se les abalanza. Cuando el artista canta, acá se lo escucha”, dice.
“Alguna vez dijeron que Mercedes Sosa había estado aquí, eso no es cierto, pero estoy segura que lo hubiera elegido”, asegura convencida.

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