Jujeño desarrolla tecnología desde China para el mundo

Diametralmente distinta es la vida que eligió el jujeño Matías Cosentini al irse a vivir a la meca tecnológica china, Shenzhen. Es que el ingeniero electrónico de 40 años, decidió incursionar en el diseño y creación de tecnología, y el lugar indicado no solo está contrapuesto en husos horarios con Jujuy, sino también a nivel cultural y de costumbres. Por eso es que desde hace dos años vive un verdadero desafío de autosuperación.

 

En China están en invierno, pero en Shenzhen, al estar muy cerca del Trópico de Cáncer, la temperatura es privameral en esta estación.

Egresado de la Facultad de Ingeniería de Tucumán, trabajó para empresas como Techint, Pirquitas y Ledesma, pero fue un proyecto jujeño, que le dejó cierto sinsabor, el que le abrió las puertas al cambio de vida.

SHENZHEN/ ES UNA DE LAS MECAS TECNOLÓGICAS DE CHINA Y EL LUGAR QUE ESCOGIÓ MATÍAS PARA DESPLEGAR SU POTENCIAL. 

Actualmente, Matías está incursionando en el diseño y desarrollo de tecnología, haciendo "proyectos para gente de Estados Unidos que fabrica parrillas para hacer asados automatizadas, dispositivos portátiles como "wereables", joystick para Japón, y harvesting para dispositivos móviles de una empresa de noruega", entre otros.

Shenzhen es una ciudad modelo para el gobierno de China, donde se conjuga el cuidado del ambiente con el permanente desarrollo tecnológico en todos los ámbitos. "Acá los espacios son grandes, las avenidas son grandes, está prohibido el uso de motos a explosión, los colectivos y los taxis son eléctricos, y se está fomentando que los autos particulares también lo sean", comentó Cosentini en diálogo a través de WhatsApp con El Tribuno de Jujuy.

Si bien, la ciudad de Shenzhen, por cuestiones vinculadas al alto poder adquisitivo de sus habitantes, y la fuerte presencia publicitaria y de marcas internacionalmente conocidas, puede considerarse "occidentalizada", las costumbres se mantienen. De hecho, Matías comentó que sus habitantes son muy tradicionalistas y "familieros", y el "único" idioma que hablan es el chino, donde encontró una de las barreras más importantes.

Shenzhen limita al sur con Hong Kong, una de las ciudades más occidentales de China, debido a la fuerte influencia que recibió de Inglaterra al ser parte de la colonia británica hasta 1997, por lo que los contrastes están muy marcados al cruzar entre las regiones, de hecho, existe una aduana entre ambas ciudades.

En ese sentido, Matías contó: "la primera vez que llegué fue gracioso, porque fui primero a Hong Kong, y allí la gente frecuentemente habla en inglés, más allá del chino, cantonés y chino mandarín; por lo que no me resultó complicado comunicarme, y dije "esto va a estar fácil", pero la cosa se complicó cuando tomé el transporte para venir a Shenzhen e hice aduanas, ahí me di cuenta que nadie hablaba inglés". Y agregó, "el impacto al cambiar fue muy loco, ambas ciudades son chinas, pero al cruzar ya no entendía nada. El idioma es distinto, tenés una sensación de que todos te hablan gritando".

De todas maneras, "uno se viene presuponiendo muchas cosas, que cree o se imagina de China, y me sorprendí en un montón de sentidos", subrayó. En la búsqueda de romper la barrera del idioma dijo que esta empezando a estudiar chino y mientras tanto se "mueve" con lo básico para las tareas cotidianas.

 

Por el alto poder adquisitivo de gran parte de sus habitantes, es “común” ver autos deportivos de alta gama como Ferrari y McLaren.

Las rarezas de los platos chinos

“En China se come muy saludable”, subrayó Matías Cosentini y afirmó que mas bien abunda “la sopa, verduras, caldos, y al ser Shenzhen una ciudad costera, hay muchos pescados y frutos de mar, lo que está muy bueno”. 

Lejos del asado, un corte de carne buena para “tirar a la parrilla”, ronda unos 1500 pesos argentinos el kilo, abunda el cerdo y el pollo, aunque no siempre de manera convencional. 

“Todo se come completo”, explicó Matías, al tiempo que describió que al pollo o pato lo sirven con cabeza, alas y patas. 

También es común comer insectos, “hay ciempiés, especies de larvas grandes. Y también se comen cosas raras como pichón de paloma, que una vez tuve que comer porque me invitó una fábrica”. 

Detalló que si bien hay lugares donde sirven ratas o perros, “no es común y son muy caros”. 

Por último, afirmó que carne de vaca hay, pero es muy cara, de hecho, un buen corte para “tirar a la parrilla” ronda unos 1500 pesos argentinos.

Tecnología de Shenzhen

Al tratarse de una ciudad donde se “respira” tecnología por la gran cantidad de empresas e industrias del sector, Shenzhen es una ciudad modelo para el gobierno de China, y su aplicación en los servicios es muy notoria. 

Tanto es así que el uso de cámaras de seguridad hizo que la ciudad sea una de las más seguras del país. 

Si bien “se cuestiona el tema de Gran Hermano”, en Shenzhen “es imposible que se pierda algo”, afirmó Matías Cosentini, al tiempo que subrayó que uno puede caminar por la madrugada y estar “completamente seguro de que no te va a pasar nada”. 

Los edificios abundan, y como no puede ser de otra forma en la “Silicon Valley” de oriente, “son monstruosos” y están muy tecnologizados describió Matías. 

La industria y las empresas que se instalaron en esa parte de China, hicieron que Shenzhen “sea como Disney para los que quieran fabricar tecnología”.

En materia laboral, mencionó: “fui muy bien recibido por mis pares los chinos” y que aún en la diferencia de cultura, el vínculo de amistad forjado con colegas “occidentales”: noruegos, mexicanos, estadounidenses, y ucranianos, lo ayudaron en la adaptación al “nuevo mundo”
 

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