La música barroca en el “Nuevo Mundo”

Nuestro querido lector sabe que en nuestro recorrido por los mundos, en especial América del Sur y la antigua Europa, nos detenemos a analizar el arte, la música y descubrir nuevos estilos y también redescubrir piezas musicales que han estado dormidas en la noche de los tiempos y que los investigadores las han sacado a luz, como muchas de las obras compuestas por grandes maestros de la música clásica antigua. Así, por ejemplo, la ópera “Montezuma” del gran compositor barroco Antonio Vivaldi y que tiene lugar en el imperio azteca, en un México aún desconocido para Europa. Ese nuevo mundo que era desconocido para el viejo mundo y por el que circulaban fantásticas criaturas, crecían flores por doquier y los “salvajes” vivían en la naturaleza en el estado que Dios los había creado: felices, sin ropas ni posesiones pero felices y sobretodo, vivos.

 Sí, “Nuevo Mundo” entre comillas porque si bien para los europeos era nuevo, para los habitantes del suelo americano es un mundo milenario. Testimonio son las grandes ciudades de las adelantadas civilizaciones que poblaron América. Culturas que no necesitaban llamar América al suelo donde pisaban, porque los confines de su territorio eran tan extremos, que su sólo territorio era ya inmenso. El Cusco por eso era llamado el “centro del universo”.

 Cuando los europeos llegaron por equivocación a nuestro territorio, pensaron que habían llegado a las ansiadas Indias y por eso llamaron indios a sus habitantes.

 A partir de este momento empieza una historia de mezclas, simbiosis, mestizaje, amor y odio.

 El lector ilustrado y el fiel a esta columna semanal saben que la música clásica nació en Europa y como expansión del mundo occidental llegó a América.

 Recordemos a los compositores barrocos de Italia y los italianos que llegaron a nuestras tierras para  escribir obras en las cortes de los virreyes y para las catedrales. Estos compositores no sólo fueron grandes músicos sino que formaron músicos indígenas y criollos.

 No sólo el maestro italiano Vivaldi se inspiró en el Nuevo Mundo para escribir música y su ópera perdida, pero también el compositor francés Lully con “Les Indes Galantes”, una ópera que tiene lugar en la joven América y que revive el mito del buen salvaje. Allí aparece Huáscar, del imperio inca y canta un aria en honor al Sol, el Dios que para los Incas era importante porque daba el calor a la tierra y las plantas lo necesitaban. También en Inglaterra nuestra América era un tema de moda. Purcell, un compositor del barroco tardío también se basó en el tema americano para su ópera “The Indian Queen” y que trata un tema de amor entre una princesa indígena de una tribu y un joven de otra. Seguramente otros compositores abordaron este tema, inspirándose en fantasías de un mundo desconocido y lejano, lleno de misterios y de seres humanos que adoraban a diferentes dioses y que hacían diversos sacrificios pero que vivían rodeados de la naturaleza y respetaban a sus ancianos. Era un mundo idílico, desconocido en Europa y que no podía llegarse a pensar, pues las sociedades estaban tan evolucionadas pero el dinero y la idea de un mercado hacia que los intereses fueran otros, diferentes de los intereses de las comunidades americanas, donde en vez de pagar con monedas de metales preciosos  existía el trueque, algo que aún se puede ver en algunos mercados campesinos de la provincia de Jujuy y que esperamos que no desaparezca.

Hoy hablaremos sobre la primera obra vocal escrita en América del Sur.

“Hanaj pachap cuisucuinin”, es la primera obra polifónica escrita en el Nuevo-Viejo Mundo y fue escrita en lengua quichua, la lengua de la cultura inca. Es un salve a la Virgen María y hace referencia al Hanaj pachap o lugar en el cielo. Fue escrita por el cura franciscano Juan Pérez Bocanegra, párroco de la iglesia de San Pedro de Andahuayllas, en el departamento de Cusco y publicada en 1631 en Lima. Asimismo, compartiendo con la vocación de Vivaldi y Zípoli, autores sobre los que hemos leído en los artículos pasados, este cura era cantante de la catedral de Cusco. A diferencia de los anteriores, era un experto en lenguas indígenas, además de conocer el castellano y el latín.

 Como párroco de la iglesia de San Pedro de Andahuayllas la mandó decorar e hizo construir dos órganos, los más antiguos de Sudamérica, donde se estrenó este himno mariano en quichua, que se cantaría al entrar a la iglesia.

 Esta obra tan simple en su texto pero tan compleja en su musicalidad es una obra de arte que recuerda las obras polifónicas españolas de la tradición renacentista.

 Invitamos al lector a encontrar en la red las diferentes versiones de “Hanaj pachap” (o hanac pachap). O quizás el lector músico la cantó en algún coro y hasta conoce la letra.

 

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