No era creyente y por sus hijas cumplió una promesa a la Virgen

La fe y el amor mueven montañas. Es profunda la devoción de los peregrinos que se ven impulsados a caminar kilómetros y kilómetros, calvarios y paisajes, atravesando las diferentes inclemencias climáticas, con el único propósito de llegar a los pies de la Virgen de Copacabana de Punta Corral para expresarle todo su amor y veneración.

Entre los diversos testimonios de quienes alguna vez han visitado a la "Mamita del Cerro" se encuentra el del jujeño Juan Gutiérrez, de 56 años, quien vive en la ciudad de Palpalá. Conmovido recordó que el amor incondicional de padre lo motivó a cumplir la promesa que la madre de sus hijas le había encomendado tiempo atrás, al peregrinar por la Virgen y pedir por la salud de sus hijas.

En enero del año 1998 nació la primera hija de Gutiérrez, quien en ese momento, según relató, no se consideraba una persona creyente de la Virgen de Copacabana, como sí lo era su esposa y quien por diversas dificultades para poder caminar no pudo ascender al cerro.

"Hace treinta años peregriné a la Virgen de Punta Corral a pedido de mi mujer. La primera vez que fui hice camino por Tunalito llevándole a la virgencita el babero y la mamadera de mi hija", contó.

Recordó así que el camino lo hizo de noche desde las 1 hasta las 4 de la madrugada. "Mis compañeros habían emprendido el camino a las 20 y yo lo hice a las 1 de la madrugada por Tunalito y llegué en tres horas. Tenía un buen entrenamiento físico porque caminaba mucho y andaba en bicicleta y no tuve inconveniente", declaró.

Agregó que de esa manera cumplió con el pedido religioso de la madre de sus hijas y de su progenitora quien también le había solicitado cumplir algunas promesas, debido a que a sus 90 años se le complicaba ascender al cerro.

"Cuando estuve frente a la Virgen, le pedí por la salud de mis hijas, porque una de ellas cuando nació tenía problemas de asma y hoy las dos gozan de un buen estado de salud", sostuvo.

En el año 2003 nació su segunda hija, por lo que Juan Gutiérrez, con mucha fe y motivado por el amor a su pequeña, agarró camino por Tumbaya junto a un grupo de amigos. "Al llegar al templo sentí el silencio y espíritu que tiene la capilla de Punta Corral. Los fieles le tienen un gran respeto a la virgencita y eso es muy conmovedor", sostuvo.

Al finalizar la entrevista y con la enorme satisfacción de haber cumplido su promesa, expresó que la fe es importante, "las personas que sean o no creyentes deben hacer siempre el bien, no es necesario que sean de diferente religión", finalizó.

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