Macri busca dar señales de supervivencia ante la crisis

Desesperado por la seria chance de perder las elecciones, el Gobierno nacional busca hacer en pocas semanas muchas de las cosas que se negó a aplicar en más de tres años. A esta altura del partido, al presidente Mauricio Macri le importa poco caer en contradicciones con sus políticas y discursos; lo único que lo desvela es mostrarle a la sociedad que el Gobierno no se quedará de brazos cruzados ante la crisis como hizo hasta ahora. 
Macri abrió el diálogo con sus socios radicales, prepara un plan para incentivar el consumo e incluyó definitivamente a María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta -sus dos dirigentes más taquilleros- a la mesa chica de decisiones. ¿Le alcanzará al jefe de Estado esta vuelta de timón para revertir la caída de su imagen? Eso dependerá pura y exclusivamente de la estabilidad del dólar y también de algún repunte en la actividad económica, cosa que ningún economista pronostica para el corto plazo.
Bajar la inflación es para el presidente uno de sus desafíos más delicados y trascendentes que le quedan en este mandato si pretende disputar competitivamente su reelección. En esta faceta no ha mostrado más que fracasos, tarifazos y devaluaciones, lo que ubicó en al menos cuarenta por ciento la suba de precios esperada para este año. Eso, si es que la moneda extranjera no vuelve a dispararse antes de agosto, algo complicado en tiempos de incertidumbre electoral e inestabilidad cambiaria. 
En ese contexto, el ministerio de Economía pondrá el foco en una especie de acuerdo de precios para una canasta de alrededor de cien productos, todos ellos determinantes a la hora de medir el índice de precios al consumidor. Se trata de una medida largamente cuestionada por el macrismo desde que llegó al poder, argumentando que la economía se mueve al ritmo de la oferta y la demanda y que la no intervención del Estado elimina distorsiones en la actividad. Lo llamativo de todo esto es que Macri busque aplacar la inflación con los mismos métodos que utilizaba Cristina, que tuvo magros resultados en esa área y de quien busca diferenciarse de forma constante.
“Ahora nos chicanean por derecha y dicen que copiamos las políticas antiinflacionarias de Cristina. Sabemos que eso es pan para hoy y hambre para mañana, pero algo tenemos que mostrar o nos va a llegar la soga al cuello”, reflexionó ayer un encumbrado dirigente macrista que pidió reserva de su identidad. 
El lanzamiento de un paquete de medidas económicas a cuatro meses de las elecciones primarias tiene tres objetivos a la vez, todos de vital importancia para la Casa Rosada. El primero es involucrar a los gobernadores radicales en la gestión de Gobierno para evitar fugas masivas hacia Roberto Lavagna en la convención partidaria de mayo. El segundo es intentar desactivar las protestas sindicales que se vienen con paros generales en el transporte y otros sectores. Y el tercero, quizás el más importante para Macri, es exhibir alguna respuesta oficial para la clase y media y baja, los dos sectores más agobiados por el derrumbe en el consumo. Estas capas de la sociedad, que no siempre fueron antagónicas al Gobierno, hoy le estarían dando la espalda a Cambiemos según todas las encuestas que salieron a la luz.
Esos sondeos de opinión también alertan sobre las consecuencias que podría sufrir María Eugenia Vidal si el peronismo logra unificar su oferta electoral en la provincia de Buenos Aires, cosa que quedó desactivada tras el polémico decreto que elimina las listas colectoras y las candidaturas múltiples en medio de la campaña electoral. 
Macri tenía que hacer un sacrificio político poniendo en juego un fracaso de la estrategia en los Tribunales a cambio de congraciar a Vidal, quien ató su suerte a la del mandatario unificando las elecciones en Buenos Aires.
Si bien es cierto que las listas colectoras son cuestionadas por mucha gente, también lo es que eliminarlas ahora implicaría un cambio en las reglas de juego en medio de la campaña electoral. Si Macri no estaba de acuerdo con esta situación, debió haber promovido su reforma en tiempos alejados de la disputa política. Otra vez, el Gobierno vuelve a actuar por reacción y no por acción o convencimiento.

La oposición

Cristina sigue en silencio, y eso no cambiará en el corto plazo. La expresidenta sabe que su figura es utilizada muchas veces por el Gobierno para justificar los fracasos económicos, dando a entender que el dólar se dispara por temor a una presidencia de Cristina. ¿Hay algo de cierto en eso? Parcialmente. 
Los mercados no ven a la exmandataria como su candidata preferida y siguen prefiriendo una victoria de Macri o Roberto Lavagna. Sin embargo, que el pulso de la economía se mueva en torno a una postulante que no abre la boca hace tiempo deja al desnudo las fragilidades del modelo reinante.
El exministro de Economía ratificó por enésima vez que no participará de una interna en Alternativa Federal, lo que pone un manto de incertidumbre sobre la potencialidad electoral de ese espacio. No son pocos los encuestadores que vaticinan que en dos meses podría surgir con más fuerza que ahora una tercera opción a Macri y a Cristina, pero eso será posible si se definen rápidamente los posicionamientos en ese espacio. 
Sea como fuere, dos de los tres principales postulantes a la presidencia siguen jugando a las escondidas con su candidatura. Paradojas de la política argentina.

 

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