En una Pascua ensangrentada, el Papa renovó su bendición a Roma y el mundo

En una Pascua ensangrentada por los atentados en Sri Lanka contra los cristianos que festejaban el domingo de la Resurrección de Cristo, con un saldo provisorio de 207 muertos y cientos de heridos, el Papa Francisco condenó desde el balcón central de de la basílica de San Pedro ante la multitud, “la cruel violencia que ha llevado luto y dolor” por los atentados terroristas en iglesias y otros lugares de culto en Sri Lanka. Visiblemente perturbado por las trágicas noticias, Francisco hizo el anuncio de lo que ocurría a los de fieles reunidos en la plaza San Pedro para festejar la Pascua y pidió “la bendición de Cristo” ante la tragedia.

Tras su discurso que trazó un panorama de los conflictos armados y crisis nacionales en el mundo actual, Francisco leyó un papel con los datos sobre la situación en Sri Lanka, antes de su tradicional bendición “Urbi et orbi, a la ciudad de Roma y al mundo”, aplaudido por la multitud de 70 mil personas reunida en la plaza de San Pedro y la vía de la Conciliación, que el Papa argentino recorrió a bordo del papamóvil tras la misa de Pascua.

Al hablar del continente americano en su séptima Pascua como Pontífice, Jorge Bergoglio pidió “medidas concretas para resolver la crisis de Venezuela, que continúa y se agrava. Pienso en particular en el pueblo venezolano, en tantas personas que carecen de las condiciones mínimas para llevar una vida digna y segura”. Pidió también por los que sufren situaciones precarias en la América Latina. “Que la alegría de la Resurrección llene los corazones de todos los que en el continente americano sufren las consecuencias de situaciones políticas y económicas difíciles”.

Francisco se refirió a Nicaragua y pidió “que el Señor resucitado ilumine los esfuerzos que se están realizando en ese país para encontrar lo antes posible una solución pacífica y negociada en beneficio de todos los nicaraguenses”.

“Delante a tantos sufrimientos de nuestro tiempo, el Señor de la vida no nos encuentre fríos e indiferentes”, dijo Bergoglio. “Haga de nosotros constructores de puentes y no de muros. Que él nos done su paz, haga cesar el fragor de las armas, tanto en los contextos de guerra como en nuestras ciudades, e inspire a los líderes de las naciones a poner fin a la carrera a los armamentos y a la preocupante difusión de las armas, especialmente en los países económicamente avanzados", expresó el Papa.

“Cristo vive y esta con nosotros”, exclamó Francisco. “Él muestra la luz de su rostro de resurrección y no nos abandona cuando estamos ante una prueba, el dolor y el luto”.

El Pontífice abordó en su mensaje de paz al mundo la situación en el Medio Oriente” “Rezo por el amado pueblo sirio, víctima de un perdurante conflicto que arriesga encontrarnos cada vez más resignados y hasta indiferentes”. En cambio “es el momento de renovar nuestro empeño por una solución política que afronte la crisis humanitaria y favorezca el regreso seguro de lo evacuados que perdieron sus casas, además de los refugiados en los países limítrofes, especialmente en Líbano y Jordania”.

El Papa argentino concentró su mirada en un Medio Oriente plagado de divisiones. Señaló la terrible situación en Yemen, especialmente de los chicos “agotados por el hambre y la guerra”.

A continuación, Bergoglio pidió que “la luz pascual ilumine a todos los gobernantes y pueblos de medio Oriente, comenzando por israelíes y palestinos, y los estimule a aliviar tantos sufrimientos y a perseguir un futuro de paz y estabilidad”.

Refiriéndose al conflicto más arduo en estos momentos, el Papa pidió que “las armas dejen de ensangrentar a Libia”, donde las últimas cifras señalan un balance de al menos 200 muertos, miles de heridos y 30 mil personas que debieron abandonar sus casas en la periferia sur de Trípoli, desde el comienzo de la nueva fase de la guerra civil.

“Exhorto a las partes interesada a elegir el dialogo en lugar de la fuerza, evitando que se reabran las heridas de un decenio de conflictos e inestabilidad política”, afirmó el Papa.

La atención del Pontífice argentino estuvo tambien dirigida a “todo el amado continente africano”, aun diseminado de tensiones, conflictos y violentos extremismos, “que dejan inseguridad, destrucción y muerte, especialmente en Burkina Faso, Mali, Níger, Nigeria y Camerún”.

En especial Jorge Bergoglio pidió que “el Señor resurrección acompañe los esfuerzos cumplidos por las autoridades del Sud Sudán”, que hoy por primera vez ha podido festejar la Pascua tras la opresión y la guerra civil.

Bergoglio invocó confortar también a las poblaciones de las regiones orientales de Ucrania “que continúan a sufrir por un conflicto aún en curso”.


 

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