EN POSE / JUAN PABLO CANAVIRE JUNTO A SU PAREJA EN LA VIDA Y EN EL ESCENARIO, SARA WESTING.

Luego de años de haberse convertido en bailarín de tango, el jujeño Juan Pablo Canavire vive otro momento especial de su vida, la llegada de su hija Olivia que con apenas unas semanas le confirmó que los sueños pueden hacerse realidad. Vive en Estocolmo (Suecia), donde abrió junto a su pareja Sara Westing una sede de la academia argentina DNI Tango y formó una familia.

Es la historia del joven de 34 años del barrio San Isidro quien creció con sus cuatro hermanos mayores y el cariño de su tía Primitiva Canavire. Hizo la primaria en la escuela Pucarita y al crecer cursó el colegio secundario en la Escuela de Comercio Nº 1. Al egresar comenzó a incursionar en el tango de la mano de su hermano Sebastián Canavire en la escuela "Norma Fontenla" , donde comenzó el sueño que luego se cumpliría.

Fue un período de constante aprendizaje que lo llevó a un curso de tres años de partenaire, al tiempo que estudiaba tango, ballet, teatro, durante 5 años que le marcaron su carrera. Allí sus profesores de ballet Gustavo Zelaya y Juanita Zurriable fueron sus primeros maestros y quienes le indicaron que para superar su nivel y buscar nuevos desafíos en el tango, la ciudad indicada era Buenos Aires.

CON SU CLASE / EL JUJEÑO JUNTO A SUS ALUMNOS SUECOS EN LA SEDE DE LA ESCUELA DNI TANGO QUE ABRIERON EN SUECIA.

"En el 2007 me fui para Buenos Aires para poder bailar, seguir perfeccionando la técnica, y poder buscar un sueño para seguir en esta profesión. Y hace dos años, en 2016 me mudé para Estocolmo con mi mujer, y hace 8 semanas nació mi hija", relató Pablo.

Fue bailando que conoció a Sara Westing, bailarina clásica que llegó a Buenos Aires para esa danza y se encontró con el tango. Lo suyo fue decisivo, y tras seis años en pareja y convivencia decidieron continuar su vida cerca de la familia de ella, en Estocolmo.

"Dijimos vamos para Estocolmo a crear una nueva escuela para comenzar con esta familia. Hasta ahora tenemos nuestra escuela, va todo bien, es una sucursal de la escuela DNI Tango de Buenos Aires, estamos contentos y cerca para poder viajar a festivales", recordó gratamente Juan Pablo.

Actualmente trabajan en Estocolmo con esta nueva sede de la escuela de tango que dejaron en Buenos Aires. A Juan Pablo le resulta grato poder enseñar y bailar al mismo tiempo, además de cuidar de su familia.

Consciente de que podrá conocerse su historia Pablo explicó que le gustaría inspirar a los jujeños a buscar sus sueños. "Si realmente tienen ese pálpito, no se queden!".

Al jujeño también le gusta el folclore y es una de las cosas que más extraña de Argentina. Acostumbra rememorar con su guitarra cantando cada tanto zambas y chacareras como una manera de tener sus tradiciones consigo.

Y es que asegura que el cambio más importante al mudarse a Suecia fue el cultural. "Los suecos son muy buenos, re copados pero son políticamente correctos, está todo bien, son más organizados. Y nosotros somos muchos más espontáneos", explicó.

Afortunadamente en Suecia hablan inglés y es de ese modo en que Juan Pablo se comunica, sin embargo, está tratando de aprender el sueco, que aseguró es muy difícil pronunciarlo ya que encuentra también que no se lee lo que se escribe, pero aspira a poder hablar su idioma.

"Son mucho más sanos, no se exceden en la comida, comen mucho pescado y es bueno. Hacen mucho escabeche de pescado", dijo sobre los comidas aunque aclaró que hay un plato típico que consiste en albóndigas con una salsa dulce y papas que suele disfrutar.

El clima es algo a lo que tuvo que acostumbrarse porque hace frío seis meses al año, un invierno muy largo. "En el invierno generalmente anochece a las tres de la tarde y amanece a las ocho o nueve y media de la mañana. Entonces tenemos luz en un corto tiempo de diez a tres de la tarde, después todo es de noche, son meses difíciles, está nevando, pero el transporte público es buenísimo, ayuda en todo, no necesitás tener un auto", contó. La curiosidad se extiende a veranos larguísimos, en que anochece a medianoche, y a las tres de la mañana amanece de nuevo; y es algo a lo que se acostumbró.

“Veo cambios”

Juan Pablo Canavire vuelve a Jujuy una vez al año porque le gusta la tranquilidad de la provincia que le permite no sólo ver a su familia, que sigue viviendo en esta capital, sino a sus amigos, y poder descansar y disfrutar de los paisajes que ofrece la provincia. 
“Veo muchas cosas cambiadas, me fui hace años y hay una diferencia, lo veo lindo a Jujuy”, afirmó el bailarín jujeño y agregó que sus nuevos puentes son algunas de las cosas que lo sorprendieron en los últimos viajes.

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