Un pueblito solar inició una nueva forma de vida

El sol ha cambiado de diversas formas la vida de jujeños que viven en lugares alejados. Hoy toda la comunidad de El Angosto, la localidad más septentrional del país, se abastece con energía cien por ciento solar.

El Angosto. Se encuentra ubicado a 3.581 msnm, en el departamento Santa Catalina, recostada sobre el cerro Branqui.

En este pequeño pueblito, que se destaca por su apreciada cultura y hermosas tradiciones, durante más de veinticinco años, algunas familias no han podido gozar del confort de utilizar el agua caliente o poder ver televisión. Los cortes de luz en sus hogares eran habituales, por ello juntaban trozos de leña o madera para darle forma a la llama que calentaba la comida y ambientaba sus hogares en medio del crudo frío.

Sin embargo, el problema que aún atraviesan es la sequía de agua que se acentúa a fin de año.

Con un hermoso paisaje de montañas multicolores, donde predomina el rojizo, en el pequeño pueblito donde habitan burros, llamas y ovejas viven alrededor de cuarenta familias casi completamente aisladas y que rara vez salen del pueblo o si lo hacen es para visitar a sus familiares o hijos que estudian en La Quiaca.

Los padres de familia, desde jóvenes se dedican al trabajo de campo criando cabras, gallinas, cultivando maíz o papa andina.

Nuestro diario pudo conocer emocionantes relatos de la forma de vida de algunas personas que habitan en el tercer pueblo solar. "Ahora podremos utilizar la energía todos los días, podré enchufar la jarra eléctrica y el microondas", dijo emocionada Cecilia Vázquez de 38 años y madre de cinco hijos. Desde hace 15 años se dedica al trabajo de la ganadería, relató que la energía que utilizaban antes tenía una gran contaminación, "no era buena, si tenía prendida la heladera mucho tiempo se cortaba la luz", dijo.

Su hermana, Helena Vázquez, quien vive en Santa Catalina contó que fueron varios años utilizando velas para alumbrar su hogar cuando se ocultaba el sol y leña para prender el fuego. "Tenemos desde hace tiempo unos paneles solares para calentar agua pero no abastecen para todas las familia, ahora será diferente porque calentaremos agua para bañar a mis hijos", contó.

Una vida sacrificada

Diariamente a las cuatro de la mañana empieza otro día para Aurora Mamaní de 67 años, que luego de tomar un descanso camina cerca de una hora y media para ir a ver su ganado. "Llego a almorzar a las 10 de la mañana y luego voy a sembrar todo lo que se cosecha", contó la agricultora que vive hace más de 25 años en El Angosto y describió que ha llevado una vida muy dura, tuvo doce hijos de los cuales ocho ya partieron a la otra vida. "Algunos trabajan y estudian", cerró.

Hualla Arcena de 45 años, es madre de nueve hijos, se dedica a la producción de quesos para poder solventar los estudios de sus hijos. "Desde hace doce años que cocino a leña y carbón. Nos hace falta más provisión de agua porque en diciembre es escasa, esperamos más soluciones" y agregó que ahora que el pueblo se abastecerá de energía solar, "espero poder utilizar la plancha y encender la heladera", cerró.

 

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