¿Cuál es el avión presidencial?

Por Antonio Las Heras, doctor en Psicología Social y magíster en Psicoanálisis, filósofo y escritor.

En principio, y si el lector es prejuicioso, tendría derecho a preguntarse qué tiene que decir un experto en técnicas de control mental y desarrollo del pensamiento positivo, sobre aviones presidenciales. Si me permiten un momento, y siguen leyendo este artículo, verán que hay mucho para decir. Por que quiero referirme a las últimas escenas del film “Air Force One” (1997) protagonizada por Harrison Ford en el rol del presidente de los Estados Unidos.

Quienes hayan visto la película – y la recuerde, claro; sobre todo si no son habituales practicantes de técnicas de desarrollo del poder mental puede suceder que se les desdibuje en un recuerdo diluido y confuso – recordarán que transcurre casi íntegramente dentro del gigantesco, confortable y técnicamente ultramoderno avión presidencial. Salvo las escenas del principio… y las del final. A éstas últimas quiero referirme. Para quienes no vieron la película así como para los que no la recuerdan con claridad. Sucede así: El presidente usando una precaria cuerda metálica abandona lo que queda del Air Force One (que instantes después se estrellará en el océano) y tras un sin número de esfuerzos y peligros logra abordar un avión cuatrimotor de carga para transporte de tropas y pertrechos. En el preciso instante en que el presidente pisa el avión y el comandante del mismo se entera a quien está transportando transmite por radio lo siguiente:

- Cambiando las claves. Este es, ahora, el Air Force One.

Ese vehículo casi sin comodidades sólo por el imperio de quien ahora lo habita ha pasado a convertirse en “el avión presidencial”, título de la película en castellano.

Quienes me conocen, conocen también como me emociono cada vez que vuelvo a ver esas escenas finales. Y la causa excede en mucho al film, por cierto. Es que estoy convencido que hay allí una enorme y valorable enseñanza a tener en cuenta. Algo que va en contra de lo que, usualmente, se insiste tanto desde los medios de difusión masiva desde hace tiempo. ¡Esas escenas y ese comandante diciendo “cambiando las claves, este es, ahora, el Air Force One” enseña que lo importante no es el envase, sino lo que lleva dentro!

Una enseñanza esencial para quienes transitamos este Siglo XXI donde, a cada momento, se busca convencernos – y vaya que con una gran mayoría que crece día a día lo han logrado – que lo importante es la máscara, la cáscara, el envoltorio, el paquete, la superficie. ¡Y no es así! Lo importante, lo trascendente, lo que hace a la esencia humana, lo que dignifica a la persona, lo que la aleja de toda desarmonía, es que el interior tenga contenido. Contenido profundo. La mayoría de los males que encontramos en la actualidad están originados en el hiperdesarrollo de las máscaras en detrimento de los contenidos.

Por eso es muy importante recordar la escena en que el gigantesco y carísimo avión construido para ser el Air Force One se estrella en las aguas y nada importante se ha perdido. Sólo era cáscara.

 

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