Yemen, Siria y Afganistán, tres países en guerras interminables

Mientras Estados Unidos trata de lograr la paz con Corea del Norte e Irán, dos países con desarrollo nuclear, diversos conflictos bélicos se mantienen en Yemen, Siria y Afganistán, en un incremento de la violencia que provoca muerte, destrucción y el desplazamiento de millones de personas.

 

En Siria, la guerra civil comenzó en 2011 y fue ganada por Bashar al Asaad, que cuenta con el respaldo de Rusia e Irán.

 

Según informes de las Naciones Unidas, en Yemen se desarrolla la peor crisis humanitaria del mundo, tras cuatro años de conflicto entre el gobierno del Abdurrabo Mansur Hadi, que cuenta con el apoyo de una coalición liderada por Arabia Saudita, y los rebeldes hutíes, respaldados por Irán.

Hadi fue electo presidente en febrero de 2012, pero el país atravesó una profunda crisis que culminó en septiembre de 2014 cuando los hutíes, con base en el norte de Yemen, tomaron la capital Saná y el gobierno abandonó la capital.

En Siria, la guerra civil iniciada en marzo de 2011 fue ganada por el gobierno de Bashar al Asaad, que cuenta con el respaldo de Rusia e Irán, pero los rebeldes resisten en uno de los últimos feudos de la provincia Idleb, en el noroeste de ese país, controlada por la filial siria de Al Qaeda, llamada Frente Fateh Al Sham.

El 23 de marzo pasado, las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), un grupo de combatientes árabe-kurdos respaldados por Estados Unidos, conquistaron el último bastión del Estado Islámico (EI) en territorio sirio, tras una ofensiva de un mes.

La derrota infligida a los fundamentalistas islámicos supuso el fin del llamado "califato", proclamado en 2014 por el líder del grupo, Abu Bakr Al Baghdadi, en la mezquita iraquí de Mosul.

Otro país involucrado en la guerra civil de Siria es el gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, cuyas fuerzas armadas atacaron posiciones kurdas, entre el 31 de octubre y el 6 de noviembre de 2018, con el fin de evitar la creación de un estado kurdo independiente en su frontera sur.

En Afganistán, el 29 de enero pasado, Estados Unidos y los talibanes alcanzaron un principio de acuerdo de paz, después de dos décadas de guerra, informó el diario The New York Times.

Los talibanes se comprometen a impedir que el país "se convierta en una plataforma para grupos terroristas internacionales", explicó el representante de Washington , Zalmay Khalilzad, según el borrador del futuro acuerdo al que piensa llegar antes del próximo 1 de septiembre.

El 30 de junio, en Qatar, la Casa Blanca inició negociaciones con la guerrilla para poner fin a la guerra más larga en la que se ha visto involucrado Estados Unidos, tras derrocar al gobierno islamista afgano en 2001.

Los talibanes se niegan a conversar con representantes del presidente Ashraf Ghani Ahmadzai, hasta tanto se retiren todas las tropas extranjeras del país asiático.

Gasto millonario

Estados Unidos, por otra parte, gastó 1.500 millones de dólares desde 2001 en su lucha contra el opio en Afganistán, pero aun así ese negocio continúa floreciendo en ese país. Con los últimos adelantos tecnológicos, Washington atacó en noviembre de 2017 los laboratorios de producción de heroína que estaban bajo control de los talibanes en la provincia de Helmand, en el centro del país. Según la Acnur, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, las guerra y los conflictos que se suceden desde los años 70 del siglo pasado han dejado a la población afgana con escasas perspectivas de regresar a su país.

En Pakistán, a su vez, la guerra contra el terrorismo que inició Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha provocado la muerte de alrededor de 50.000 personas, entre militantes islámicos, civiles y fuerzas de seguridad, según informes de la BBC de Londres, aunque no existen cifras oficiales.

Además, en la República Democrática del Congo (RDC), el segundo país más grande de África, se registran guerras desde hace más de 20 años.

Y en Nigeria miles de personas han sido asesinadas desde 2004 por el grupo islámico Boko Haram, que ganó notoriedad en abril de 2014 por secuestrar a 200 chicas que concurrían a una escuela, en una acción contra la educación impulsada en ese país por Occidente.

 

En Pakistán la guerra contra el terrorismo que inició EEUU tras los atentados ha provocado la muerte de alrededor de 50.000 personas.

 

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