Macri quema las naves en búsqueda de un milagro

Shockeado por la paliza electoral que recibió en las Paso, Mauricio Macri decidió quemar sus últimas naves para intentar dejar el poder de la forma más decorosa posible, en medio de una crisis económica y de gobernabilidad que amenaza con implosionar incluso antes del 10 de diciembre próximo.

En sólo tres días, el Gobierno abandonó el programa de déficit cero, rompió en los hechos el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y entró en conflicto con petroleras y gobernadores por el polémico decreto de congelamiento de las naftas, una medida muchas veces cuestionada por el macrismo cuando Guillermo Moreno era secretario de Comercio Interior. 


La renuncia de Nicolás Dujovne -el ministro que más se enriqueció el año pasado en todo el Gabinete- era un secreto a voces hace ya varios días, ya que el economista era el principal referente de la ortodoxia financiera de la que tardíamente empezó a despegarse Macri tras la sentencia casi definitiva que emitieron las urnas. Un dato que inquietaba al Gobierno era la pronta llegada de la misión del FMI a la Argentina, que se estaba poniendo en duda ante la inestabilidad de Dujovne en el Palacio de Hacienda. Por ese motivo Macri decidió ayer poner a Hernán Lacunza, el ministro de Economía bonaerense, como una señal de estabilización de un cargo con mucha importancia para los mercados. 


La designación de Lacunza cumple con el objetivo de correr a Dujovne, pero no logra sumar volumen político a un Gobierno que necesita ampliar sus fronteras urgentemente.

Los quince puntos de diferencia que le sacó Alberto Fernández a Macri parecen indescontables, y no son pocos los analistas políticos que auguran que esa brecha podría ser aún mayor en los comicios de octubre. Ocurre que muchos intendentes oficialistas decidieron jugar su suerte en las elecciones generales sin hacer campaña para el jefe de Estado, en un claro intento de no volver a ser arrastrados por la pésima imagen que ostenta el Gobierno nacional. El Tribuno pudo confirmar de tres fuentes distintas que varios jefes comunales de Juntos por el Cambio estarían fomentando el corte de boleta en contra de Macri en la provincia de Buenos Aires, en donde se concentra ni más ni menos que el 38 por ciento del padrón electoral. Si la derrota de Macri en ese distrito fue abrumadora con la tropa unificada, ahora la situación podría agravarse todavía más, ya que sus propios aliados estarían militando indirectamente para su principal competidor. “Es muy difícil evitar la fuga de votos cuando sólo podés ofrecer una patriada con sabor a milagro. En la elección de octubre, intendentes y concejales se juegan la supervivencia y no la regalarán para ayudar a un candidato convaleciente”, reflexionó ayer un importante legislador del oficialismo. Aparte de los intendentes, la gobernadora María Eugenia Vidal -una de las grandes perdedoras de las Paso- utilizaría la misma estrategia que el resto de los candidatos, provincializando toda la campaña y dejando la defensa de Macri sólo en manos de su compañero de fórmula Miguel Pichetto. El rionegrino, uno de los voceros principales del Gobierno, podría transformarse en jefe de Gabinete en poco tiempo, ya que Marcos Peña quedó sumamente debilitado tras la estrepitosa caída derrota del domingo. El rumor, que tomó mucha fuerza el jueves, se apagó un poco 24 horas después pero nadie en el Gobierno se animó a descartarlo de plano. 

El mensaje de las urnas fue tan profundo que obligó a Macri a realizar demasiados cambios juntos, lo que llama la atención en un Presidente acostumbrado a cumplir las recetas neoliberales como si fuesen un mandato bíblico. 

Los anuncios que realizó el jefe de Estado van en una dirección diametralmente contraria a todas las políticas económicas que ejerció en su gestión, en donde se multiplicó la inflación, se dolarizaron las tarifas, se eliminaron todo tipo de subsidios y se empobreció groseramente a toda la sociedad con múltiples disparadas del dólar. De hecho, Macri terminará su mandato con una triste estadística: Argentina se transformó en uno de los países latinoamericanos con salarios más bajos en toda la región. El aumento del gasto público en más de cincuenta mil millones de pesos serviría solamente para compensar un poco del poder adquisitivo que se esfumó tras la megadevaluación del lunes, pero bajo ningún concepto para modificar la debacle económica más profunda que se recuerde en los últimos dieciocho años. Pese a los anuncios, los bolsillos de la gente estarán todavía más ajustados de lo que estaban antes de las elecciones, ya que se proyecta una inflación que podría superar el sesenta por ciento a fin de año. Según los economistas, la suba de precios de este mes tendría un piso cercano al cinco por ciento, más del doble del índice difundido para julio por el Indec.

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