El cáncer, un atajo al cielo o un nuevo comienzo

A mí, como a tantas otras personas me tocó conocer al cáncer cuando le llegó a un ser querido. Y ahí me di cuenta el significado de esta enfermedad que puede ser un renacimiento o un atajo al cielo. Ambos desenlaces siempre dejan algo, un dolor que se transforma en enseñanza o un dolor que se transforma en resignación.

Cuando nos pasa eso, que nos enteramos de ese duro diagnostico en un familiar u otro ser querido, automáticamente ingresamos a un mundo de mitos, verdades, experiencias que cuentan otras personas y mucha otra información que no siempre es la válida.

Hay personas que, al recibir esta noticia, se hunden en aquellos dichos que circulaban en el pasado en donde había una amplia relación entre el cáncer y la muerte, y algo de verdad había, pero con el avance de la tecnología esa situación cambió y hoy en día, más de la mitad de los pacientes se recuperan. Siempre depende del estadío en el que se la trata y del tipo de cáncer.

Ese mundo de verdades y falsedades, de tristeza, desesperación, bronca e impotencia va atravesando varias fases. Quizás al principio es más duro, pero a medida que pasa el tiempo, en muchos casos, esa angustia se transforma en fortaleza.

Algo que fue cambiando a lo largo de los años también fue la incorporación de otra medicina dentro del tratamiento. Una medicina que no requiere de pinchazos, quimioterapia, intervenciones quirúrgicas ni nada que provoque dolor. Aunque aquellos que pasaron por esto en primera persona suelen decir que todos esos dolores son buenos porque te ayudan a recuperarte, y así es efectivamente.

Esta medicina paralela y muy importante en el tratamiento es la medicina de la risa. Aquella que requiere el paciente todos los días para que le de lucha a ese estado de ánimo que está por el piso. Una medicina que es propiciada por la familia, los amigos y todos los que rodean al paciente.

En Jujuy tenemos a jóvenes voluntarios que ofrecen esta terapia de risas en hospitales y lo hacen visitando a aquellos que padecen diversas patologías sacándoles risas que tenían guardadas de hace mucho y haciendo que por un rato se olviden del dolor y la angustia.

Y esto está comprobado científicamente. Si el paciente se siente bien de ánimo, con una buena salud emocional, eso repercute de forma directa en su recuperación. Por eso, los médicos tras dar el diagnostico siempre le dicen a la familia que su rol es brindarles mucha contención y alegría mediante ese tratamiento paralelo.

Pero a veces, por más fuerte que sea la persona y por más voluntad que le haya puesto para luchar contra la enfermedad, se va al cielo y deja en sus seres queridos una gran enseñanza que muchas veces se transforma en solidaridad. Y en otras en una angustia inconmensurable que no te da ganas de nada.

Esto de transformar el dolor en ayuda se llama resiliencia y ocurre tanto en pacientes que se recuperan o en familiares de aquellos que les tocó partir al cielo que tras el duelo o luego de haber terminado el tratamiento buscan a los que se encuentran en situaciones similares para darles contención. Y no hay mejor contención que esa que se puede dar desde las vivencias propias.

Algunos dicen que todos llevamos al cáncer dentro nuestro y que nosotros mismos lo despertamos. Otros dicen que surge por algún dolor que llevamos dentro y que no pudimos superar, por una herida que nunca sanó.

Y cuando ya se despertó en algún familiar, amigo o allegado siempre es recomendable estar cerquita. Abrazar a todo ese entorno y ayudar en lo más que se pueda para que el desenlace sea una recuperación, un nuevo comienzo o un renacer que se transforme en solidaridad.

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