Adiós a un veterano de guerra de Malvinas

La noticia del fallecimiento del veterano de guerra César Ariel Cayupán generó gran consternación en la comunidad jujeña identificada con la Causa Malvinas. Sus restos, que fueron velados en una sala de la calle Arenales, fueron inhumados ayer en un cementerio parque de esta capital. Cayupán, nacido el 18 de junio de 1963 en Puerto Madryn, provincia de Chubut, participó del conflicto bélico de 1982 como soldado conscripto del Regimiento de Infantería 25.

Un año después de la guerra, conoció a la jujeña Carmen Rosa Siles, con quien se casó y tuvo tres hijos: Pablo Ariel, Marilina Soledad y Horacio. En 1984 la familia se radicó en San Salvador de Jujuy.

Cayupán fue presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Jujuy y desde 1988 trabajaba en la Dirección Provincial de Recursos Hídricos.

En una entrevista con la periodista y escritora Laura Ballatore, autora del libro "Malvinas en primera persona", reveló que sufrió maltratos de sus superiores, siendo estaqueado por escaparse de su posición -por las noches- para buscar comida en Puerto Argentino.

Relató que formaba parte de la Sección Morteros del Regimiento 25 que estaba apostada en inmediaciones del aeropuerto de Puerto Argentino. Su grupo padeció los bombardeos que se iniciaron el 1 de mayo hasta la fecha de la rendición, el 14 de junio de 1982. A continuación extraemos un extracto del testimonio de Cayupán en el libro de Ballatore: "Antes del bombardeo las tropas se alimentaban bien porque llegaba la ración de comida caliente al lugar de las posiciones. Cuando empezó el bombardeo la gente que se ocupaba de ir con el racionamiento de comida ya no llegaba a algún puesto porque había una alarma y ya se cortaba ahí, se volvían y una parte se quedaba sin comer. Yo estuve una semana sin comerÓ Como había ido varias veces a Puerto Argentino a descargar alimentos, sabía dónde estaban los depósitos de víveres. Estaba en un pozo de zorro con un compañero mío y le digo tenemos que hacer algo, si la comida no llega acá hay que buscarla, no nos vamos a morir de hambre. De noche dejaba de guardia a mi compañero y me iba a Puerto Argentino con unos bolsones, llegaba a los depósitos donde estaban todos los víveres, hablaba con el que estaba a cargo ahí y le decía yo vengo de tal lugar, no me llega el racionamiento de comida y ellos se brindaban enseguida. Salía sin permiso, me la jugaba. Cuando me descubrieron me hicieron poner de rodillas y me dieron una cebolla para que coma y una papa. Después de eso nos bailaron. También me estaquearon dos o tres horas, en plena lluvia, en piso mojado, todo por haber ido a buscar comida".

Cayupán era un hombre muy respetuoso y reservado. Su partida nos lleva a reflexionar en torno a la enorme deuda que tenemos los argentinos con los veteranos de guerra que aún no han recibido el reconocimiento que se merecen.

 

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