En la banda enfrentada a Maimará, cruzando el puente, las integrantes del Movimiento de mujeres indígenas del Abyayala terminaban de realizar la ceremonia de recepción del sol, y compartían ya, a la sombra de un árbol frondoso, en pequeñas conversaciones. Queriendo conocer algo más del encuentro, nos acercamos y empezamos por hablar con Luisa Pereyra.

Nos dice que "me confiaron la presidencia del movimiento, a nivel nacional, ahora con dos sedes nuevas en Jujuy. Tenemos en Buenos Aires, La Plata, Rosario, Puerto Madryn, en Chaco y San Nicolás, provincia de Buenos Aires. Este es un movimiento de mujeres indígenas que buscamos recuperar la espiritualidad femenina, que es la de la tierra, nuestra madre. Tanto hombres como mujeres, del origen que sean, porque todos somos de la tierra".

Pereyra agrega que "espiritualmente somos eternos, como nuestro padre Sol, y al desprendernos de la materia seguimos siendo caminantes. Queremos cuidar nuestra madre, nuestro medio ambiente, y por ello ayer tratamos el tema de la educación. La educación es la transmisión de saberes más allá del programa que tiene el estado. Pero nuestros idiomas no están presentes, y de eso también hablamos, de las lenguas habladas, de los gestos y de los juegos".

Cuando habla de las lenguas, aclara que "no sólo las indígenas, acá también están los gitanos, los menonitas, son lenguas maternas todas. Algunas recordamos los saludos de los abuelos, donde guardamos las lenguas y es ese nuestro propósito como mujeres. Las mujeres estuvimos mucho tiempo oprimidas, pero en nuestro movimiento también hay hermanos, porque queremos vivir bien valorando al humano".

Pereyra finaliza con la idea de que "debemos capacitarnos políticamente en políticas públicas, no partidarias, y eso afecta a la economía, a la educación, al cuidado del medio ambiente, y así volver a caminar. Empezamos el viernes a la tarde, hicimos ceremonias y tuvimos capacitaciones, como en el aspecto legal, porque cuando una mujer tiene que hacer una denuncia, va a la comisaría y está el esposo, está el cuñado, y en la justicia está el hijo del patrón, y la justicia se vuelve difícil".

Silema Maldonado, de la comunidad Aba Mocovi de la ciudad de Rosario, nos cuenta que "estamos en el Cuarto Congreso de Mujeres Indígenas, tratando todas las problemáticas que nos rodean desde el ámbito de la mujer. Consideramos que es hora que la mujer comience a tener lugar y espacio, profesamos la dualidad y con nuestra espiritualidad queremos hacer comprender a nuestros hombres que no queremos ocupar su rol, sino el acompañamiento como se hizo ancestralmente".

Nos dice que "la realidad de los indígenas urbanos no es diferente de las otras comunidades, como las rurales, aunque el gobierno santafesino nos acompañó dentro de sus posibilidades. La mayor etnia allí es la mocoit, pero hay qom, hermanos mapuches, hermanos coyas, guaraníes, y no estamos totalmente desprotegidos. En Rosario contamos con la Dirección de Pueblos Originarios, y los concejeros indígenas somos de distintas comunidades en el parlamento indígena".

Agrega que "decimos que tenemos femineidad pero que no somos feministas fanáticas, velamos por nuestras comunidades y por las que no son de nuestras etnias, estamos contra la violencia de género pero no sólo a nivel mujer, contra la que afecta al niño, al anciano, y el mismo hombre, muy violentado a nivel laboral, a nivel étnico".

María Rosa Vidal Ñacucheo, de Puerto Madryn, nos dice que "soy mapuche tehuelche, y presidenta de la quinta sede del Movimiento. Vamos creciendo con hombres y mujeres originarias, porque según nuestra concepción el hombre es parte nuestra. A nivel territorial estamos viviendo momentos trágicos porque se vence la Ley 26.160, que había tenido una prórroga pero el gobierno no ha respondido para solventar los relevamientos. Hay comunidades cordilleranas que están quedando afuera y pueden perder sus territorios. Es una ley que, de vencer, perjudicaría a comunidades de todo el país".

Agrega que "sufrimos las consecuencias del tema de la minería, porque tenemos un solo río y eso genera un conflicto. Chubut está al rojo vivo. Yo soy enfermera, soy estatal además de ser indígena, y hace tres meses estamos atrasados con el sueldo. Han reprimido a nuestras hermanas docentes, es grande el conflicto en todos lados porque las empresas transnacionales quieren apoderarse de los territorios de los pueblos originarios y dejarnos sin agua".

Vidal Ñacucheo nos dice que "para abril estamos haciendo el Congreso Nacional en Salta, y en agosto estamos viajando a Nicaragua, porque se trata de un movimiento internacional. En todo el mundo existimos los pueblos originarios, hoy en día estamos todos mezclados. En lo que hace a mi profesión, en Chubut soy la primera enfermera que trabaja el tema de salud intercultural, por lo que viajé para conocer los sistemas de Chile y de Bolivia".

Finaliza hablando, como ejemplo, de "la decisión del parto que se quiere tener como mujer originaria. Cuando estaba en la provincia de Buenos Aires, las hermanas bolivianas tenían que ir a parir bajo un árbol, y no tenemos por qué hacerlo a escondidas. Hay que formar profesionales de salud originarios, y para eso hace falta voluntad política que lo lleve a cabo".

Escuchándola, se empezaron a oír el son de las sikureras de Tilcara y Maimará que se acercaron a compartir el cierre, y pronto la concurrencia formó una ronda de las que todas fueron participando con sus danzas, con sus jallallas y sus cantos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Municipios

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...