El FMI tiró por la borda el único plan económico de Macri

El mini veranito financiero que vivió el Gobierno tras la última devaluación duró lo que un suspiro. Si bien el dólar continúa estable, la demora del Fondo Monetario para desembolsar el último tramo del crédito dejó a Mauricio Macri sin el único plan económico que tenía hasta el fin de su mandato: profundizar el endeudamiento para sostener la moneda por debajo de los 60 pesos sin dilapidar las reservas ni acentuar aún más las restricciones al dólar. 
Según varios economistas, la consecuencia directa de esta situación podría ser la amenaza de una nueva corrida cambiaria y de otra eventual disparada de la inflación, que ya acumula más del treinta por ciento en sólo ocho meses. Ese número, independientemente del desembolso fallido, sumaría entre cinco y seis puntos más en septiembre.
En el entorno del presidente virtual, Alberto Fernández, temen que el Gobierno nacional siga evaporando las reservas del Banco Central para contener el dólar hasta el diez de diciembre, lo que aumentaría sensiblemente la incertidumbre sobre un posible default generalizado con los acreedores. ¿Qué otra alternativa tendría el ministro Hernán Lacunza? Básicamente una: incrementar fuertemente la emisión monetaria, lo que derivaría inmediatamente en una aceleración de los precios a poco más de un mes de las elecciones generales. La opción, claro está, es tan desagradable como la de vaciar las arcas del Banco Central, que perdió más de cuatro mil millones de dólares sólo en lo que va de este mes.
Los mercados financieros están perfectamente al tanto de que el nuevo mandatario deberá afrontar vencimientos por más de 23 mil millones de dólares en los primeros cinco meses de su gestión, aunque descuentan que muchos de esos pagos serán reprogramados por la creciente falta de dólares que acecha al país. 
¿Se negociará también una quita parecida a la que se hizo con Néstor Kirchner, que rondó el 75%? El candidato opositor nunca lo afirmó con claridad, aunque uno de sus principales ejes de campaña es la de volver a la Argentina que gobernó el expresidente entre 2003 y 2005, período en el que se renegoció la deuda bajo las órdenes de Roberto Lavagna. 
Justamente, los últimos días hubo varios mensajes en los medios de miembros del Frente de Todos tratando de sumar a Lavagna a un eventual gabinete albertista. La jugada no tiene que ver con una aspiración real de que el exministro maneje nuevamente la economía, cosa que él mismo desechó una y otra vez, sino con tratar de sumar votos de ese sector para el kirchnerismo. La operación política no fue para nada del agrado del candidato presidencial de Consenso Federal, quien intentará marcar diferencias palpables entre su plataforma y la de Alberto Fernández en el primer debate presidencial.
El agravamiento del escenario económico ocurre luego de que el Gobierno haya aplicado un mini cepo al dólar, haya obligado al campo a liquidar rápido sus divisas y haya subido nuevamente las tasas de interés, en algunos casos, por encima del ochenta por ciento. Desarmar esa maraña de irregularidades macroeconómicas, que tornan inviable la recuperación del país en el corto plazo, será sin lugar a dudas el principal desafío de Fernández en los primeros 180 días de su gestión.
El virtual mandatario buscará encarar un acuerdo de precios y salarios con la UIA y la CGT para recomponer el poder adquisitivo sin que quede licuado por la inflación. La iniciativa, que cayó bien en los dirigentes sindicales, generó algunas dudas entre los hombres de negocios, quienes ven difícil moderar los aumentos de precios si no se garantiza una estabilidad en el tipo de cambio que no les haga perder competitividad. Eso, hoy por hoy, ningún político del país puede asegurarlo con contundencia.

La calle

Las últimas semanas hubo un notorio incremento en las protestas sociales bajo el reclamo de la Emergencia Alimentaria y también de más fondos para planes sociales. Desconocer que la crisis económica golpea más a los sectores bajos sería cínico y necio, pero está claro que enrarecimiento del clima preelectoral no le conviene a ninguno de los candidatos. 
Alberto Fernández pidió públicamente que se levanten los acampes, lo que fue visto por los grupos piqueteros como una afrenta a su lucha. La mayoría de los bloqueos que se produjeron en Buenos Aires estuvieron encabezados por sectores de izquierda que no responden al Frente de Todos, y que amenazaron con endurecer sus reclamos en los próximos días.
¿Por qué Fernández no respaldó las protestas? Por dos motivos: el primero es no quedar pegado a la imagen de los piqueteros, que tienen una alto rechazo en la mayoría de la opinión pública, y el segundo es para ir preparando el terreno para su asunción en diciembre, en la que quiere incluir a varios dirigentes sociales en la coordinación de sus políticas. 

 

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