En un partidazo, Vélez le ganó a River en el Monumental por 2 a 1

Lo que queda siempre por ver siempre es el grado de efectividad. Puede golear, como a Lanús, Racing y Huracán; chocar, como contra Boca; verse favorecido por una equivocación adversaria, como la de Godoy Cruz por la Copa Argentina. O no conseguir la recompensa que merecía, algo que se desprende de la derrota 2-1 ante Vélez. Una caída que redujo a un punto la cosecha de los últimos nueve disputados en el Monumental. Mientras Boca se acerca en las semifinales de la Copa Libertadores, se aleja en el primer puesto de la Superliga. River, aunque fue un aluvión y arrinconó a Vélez en el segundo tiempo, ya divisa a Boca a seis unidades de diferencia.

Bronca de River por la derrota y por Merlos, que pudo haber omitido un penal a Suárez y sancionó uno a Almada, que en la acción previa había acomodado la pelota con el brazo. Para completar su flojísima noche, el árbitro cobró un penal por una mano de Domínguez que nunca quedó clara. El arquero Hoyos, ya con la cabeza vendada por un corte, incrementó su imagen de héroe al desviar el penal de Nacho Fernández.

La baja por lesión de De la Cruz -difícilmente llegue a la primera semifinal- lo llevó a Gallardo a buscarle un reemplazante que modificó el dibujo habitual del equipo. La elección de Julián Álvarez derivó en un 4-3-3, con el juvenil en una función similar a la de un extremo derecho. No fue beneficioso para River el retoque táctico; resignó elaboración y creatividad en el medio. Se incrementó la tarea de Nacho Fernández, que tuvo conducciones y asistencias que le dan la razón a Juan Román Riquelme cuando lo señala como el mejor jugador de la Superliga.

El Vélez de Heinze tiene una idea y un estilo de los que no reniega ni aunque visite al "mejor equipo", como definió el entrenador a River. A último momento quedó excluido por una molestia muscular Gago, cuyos últimos partidos contra River se habían transformado en un calvario de graves lesiones. A falta de la experiencia y el panorama de Gago, este Vélez expuso mucha pujanza y dinámica. Con extremos fijos como Bouzat y Janson con perfiles cambiados, pero con volantes que intercambiaban posiciones, cubrían muchos metros y aparecían por sorpresa en el área rival. Más atrás, Gastón Giménez, volante central con muy buen dominio, sacaba la pelota limpia desde la posición de zaguero que ocupó anoche.

Vélez le discutió a un River que quiso imponer condiciones poniendo varios hombres en campo rival. El primer tiempo tuvo más vivacidad -apenas hubo seis foules, toda una declaración de intenciones de jugar por parte de los dos- que situaciones de gol. Faltaba un aporte más cerebral para encarrilar tanto vértigo. Nacho Fernández y Suárez eran los que empleaban más raciocinio en medio del ida y vuelta.

Vélez, aun viéndose apurado, se equivocaba poco en defensa. El desliz lo tuvo River, en un saque de arco de Armani que cayó en la cabeza de Bouzat, la peinó Robertone y Domínguez, con una zaga rival desacomodada, se fue libre para definir con un tiro cruzado. Cuarto gol en el torneo del promisorio volante, ya vendido al Bologna en casi 11 millones de euros.

Sin encontrar el gol, River se puso nervioso (Gallardo fue amonestado) cuando Merlos interpretó que no había sido penal un golpe de Hoyos sobre Suárez. Los palos también frustraron a River en remates de media distancia de Nacho Fernández y Martínez Quarta.

Fueron dos equipos diseñados para atacar, y en la medida de lo posible a una alta intensidad, sin dormir la pelota ni dejarse tentar mucho por la pausa. La aceleración fue la norma, River se salió de carril y Vélez se subió a la autopista del cuarto triunfo consecutivo.Hoyos pareció cometerle penal a Matías Suárez.

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