Llegó a Tilcara la imagen de la Virgen de Sixilera

Las bandas de sikuris, esta vez treinta y cinco, volvieron a ser protagonistas en la celebración en honor de la Virgen del Rosario que llegó a Tilcara desde su santuario de Sixilera.

 

El santuario de la Virgen de Sixilera está a unos 4.500 msnm, y a unos 27 km de Tilcara, y se tarda unas diez horas en llegar a pie.


La imagen junto a las bandas de sikuris partió antes del alba para recorrer un camino largo pero más llano que el que lleva a Punta Corral, para llegar, como estaba programado, a las 20 al templo, y el entorno era por cierto similar al de la Pascua.

La fe popular busca estos momentos para expresar aquello que el quebradeño siente en torno al infinito, a sus cerros, a la Madre de Dios y a su destino, y el marco en que lo celebra tiene que ver con un arte que aprende desde niño, al menos desde comienzos del siglo XX.

Las bandas de sikuris, con los trajes que los identifican, con niños pequeños que se hacen cargo del redoblante augurando un futuro de cultura viva, con el perfume de la koa que sahúma las imágenes en cada parada, con los arcos floridos recibiéndola por la calle.

Junto a la imagen del Rosario, que aquí la hechura mariana y su historia son siempre muy importantes, una advocación del Valle, originaria de La Huerta, en la banda de Huacalera. Ambas llegaron a la par para encontrarse con la de Copacabana del Abra de Punta Corral, y aguardar a las fiestas patronales que, el 4 de octubre, son en homenaje a la Virgen del Rosario y San Francisco de Asís.

En el camino los sikuris superponiendo melodías cuando una banda callaba, encarnando la fuerza de la montaña en los gestos de quienes soplaban las cañas, de quién batía el bombo, de quien giraba la matraca, cuando en el fondo de toda religiosidad de los Andes subyace la reciprocidad: la Virgen pone el milagro y la gente le paga con su fe y una música casi danzada.

Hasta fin de año

Hasta fines de diciembre la "Mamita" estará aquí abajo, ya sea visitando familias y comunidades, llegándose hasta Río Blanco, acompañando la fiesta del 8 de diciembre en Huacalera, para, batiendo los badajos de las campanillas de exvotos que cuelgan del techo de la urna, regresar a las alturas donde, contrario a la del Abra, pasa el resto del año.

 

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