Se cumplen 13 años de un femicidio que quedó impune

Hoy se cumplen trece años de uno de los crímenes que quedaron impunes en la provincia y como en el principio de las investigaciones, no hay absolutamente nada para que se pueda avanzar en la investigación.

Un 16 de enero del 2007 Pamela Ibáñez (28) salía de su casa ubicada en el barrio Cuyaya para dirigirse al centro de nuestra ciudad, para realizar unos trámites en un banco.

Ibáñez era madre de dos niños y hacía muy poco tiempo que se había separado de su esposo, luego de incontables episodios de violencia de género que denunció.

Los restos de la mujer fueron hallados por un baqueano a unos siete kilómetros del puesto de la Policía Caminera de la localidad de Juan Galán sobre la ruta provincial Nº 2, pero por las características del hallazgo, todo indicaba que el femicidio de la mujer iba a quedar impune.

Mientras los efectivos del entonces Departamento de Leyes Especiales de la Brigada de Investigaciones recepcionaban la denuncia para establecer el paradero de la mujer, el entonces juez Javier Aróstegui holgadamente le había dicho a la madre de la víctima, Silvia Ibáñez que su hija estaba de vacaciones en el Huancar con un muchacho, que mientras todos los policías la buscaban, ella la estaba pasando bien y que una comisión de efectivos ya la estaba trayendo a nuestra ciudad.

Luego se supo que el relato de Aróstegui obviamente era mentira. Primero que Pamela Ibáñez nunca estuvo en el Huancar y segundo que, por algún motivo, los efectivos de la Brigada de Investigaciones no la buscaban.

El 10 de febrero, veinticinco días después de la desaparición de Ibáñez, encontraron parte de un cuerpo y tras unos exámenes cumplimentados en tiempo récord, esos restos fueron entregados a Silvia Ibáñez, manifestando que se trataba de su hija. "Me entregaron una bolsa de consorcio con su ropa, otra con su cabellera y otra de sus huesos", había manifestado la madre Ibáñez en una oportunidad que se entrevistó con nuestro medio.

Por supuesto que luego de las palabras del juez Aróstegui, la mujer pidió volver a reunirse y el primer interrogante del hallazgo, eran los huesos del esqueleto esparcidos en un radio de 20 metros, que reconstruidos faltaban al menos un 25 por ciento del todo, pero lo que más llamó la atención a la madre de Ibáñez fue el blanco de los restos óseos en algunas partes del cuerpo que se encontraba en estado de putrefacción, teniendo en cuenta que solo habían pasado 25 días de su desaparición.

El juez nuevamente apeló a polémicas declaraciones y en sus escuetos conceptos medicinales y sin titubear dijo que todo eso era producto de la fauna cadavérica.

Tiempo después un reconocido médico forense leyó el expediente que hoy duerme en el Juzgado Residual y calificó como "aberrante" la hipótesis que dijo el magistrado, sin siquiera investigar.

Quizá el crimen de Pamela Ibáñez quede impune, por cómo se dieron las investigaciones en la primera etapa. Es que se encargaron de contaminar toda la escena del crimen y por eso los familiares de la mujer asesinada creen que el victimario fue "beneficiado" por la justicia, para no ser descubierto.

No es casualidad que los investigadores de la Brigada de Investigaciones que aportaban hilos investigativos, que los familiares de la mujer presentaban elementos probatorios y testigos, pero eran desestimados de plano por el magistrado Javier Aróstegui, que hoy analizando el expediente al que tuvo acceso El Tribuno de Jujuy, está más que claro que desde la investigación se hizo todo lo posible para que nunca se sepa quién mató y por qué lo hizo a Pamela Ibáñez.

Como todos los años, los familiares de la víctima de femicidio le rendirán homenaje en una misa en la Iglesia San Francisco a partir de las 20.

 

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