Ya estamos en el mes de octubre, desandando el camino que nos lleva a fin de año, con una esperanza de un nuevo comienzo, de una nueva era. El lector sabe que las ilusiones del 2020 se han cumplido en parte o se han acomodado a las circunstancias que no podemos cambiar y que aceptándonoslas podemos ingeniárnoslas para estar satisfechos con lo que hemos podido hacer.

Es que a esta altura del año, donde ya empezamos a prepararnos para las fiestas de fin de año y donde el calor empieza a invadir el continente, al otro lado del “charco“, el invierno empieza a asomarse y con el todo un aparato destinado al entretenimiento y a la distracción pero entre muros. Es que en Europa ya la luz empieza a ser menos, cada vez amanece más tarde y oscurece más pronto. Los días son más cortos, hay más niebla que oculta aún más la luz del sol, corren vientos y a menudo llueve durante varios días, mojando no sólo nuestros rostros sino también nuestros zapatos y manos.

Más que salir, nos dan ganas de quedarnos en casa y tomar una taza de té. El alma se vuelve contemplativa, el silencio, la meditación o tan sólo el disfrutar de nuestras casas o de un lugar cerrado con gente amiga, con una calefacción que a veces se torna asfixiante por el aire encerrado, pero qué mejor que estar en la fría y mojada calle. ¿Y con los tiempos del coronavirus? Pues una nueva circunstancia que no permite reunirse en grupos que sobrepasen de 6 personas, pues las reuniones de amigos se ven limitadas. Pero el otoño y el invierno ofrecen también posibilidades de una buena lectura o hacer un curso online.

Últimamente la oferta ha crecido en todo el mundo: la presencia en el internet de cada persona que ofrece servicios o vende productos se ha vuelto crucial y la ausencia en las redes sociales se castiga con la ignorancia o la pérdida en el mercado. Y no es que seamos competitivos o capitalistas desmedidos pero cada persona debe poder sobrevivir. Así se ha abierto una ventana ante la clausura de la puerta. Una ventana que es más generosa que la puerta, pues es una ventana al mundo. Mucha gente durante el confinamiento y sumado al aburrimiento ha ido explorando diferentes canales de YouTube, Vimeo, etc. y ha accedido a artistas que sin el encierro no hubiéramos podido conocer y que incluso la barrera del idioma se ha vencido.

Muchos utilizan programas de traducción, mal que pese a los que han estudiado una carrera de traducción en las universidades, para tener una presencia en internet en diferentes idiomas. La probabilidad de poder acceder a videos, páginas web o tutoriales traducidas al castellano es muy grande, pues toda América Latina ha estado confinada en sus casas por la peste y no ha quedado más opción que navegar en internet para poder distraernos y aprender algo. Con el verano el panorama cambia al lado occidental del Atlántico y el lector se atreve a salir quizás al campo a dar un paseo, otros a hacer deportes al aire libre que hace bien a la mente y al cuerpo, quizás ir en bicicleta por alguna ciclovia para tomar aire fresco.

Al otro lado del mundo, el otoño trae consigo las largas noches y los momentos junto a la chimenea, o un café muy acogedor que nos invita a tomar bebidas calientes y mirar a través de las grandes ventanas cómo pasa la gente y se refugia como nosotros de la lluvia en algún café. Los bares ofrecen diferentes cócteles, los restaurantes empiezan a poner velas en las mesas, y los mejores, flores naturales en cada una, invitando así a los clientes a reservar una mesa, según la época y las fiestas que se acercan.

También la música es protagonista en la época oscura: conciertos de adviento, espectáculos en algunos cafés o pequeños teatros. Pero también podemos escuchar listas de canciones en diferentes canales que ofrecen música: Spotify por ejemplo. Allí podemos incluso hacer nuestra propia lista de canciones.Algunas veces también hay sugerencias de artistas y de estilos musicales. En esta parte del mundo, lo contemplativo vuelve a ser un tema: pocas salidas, más tiempo en casa. La música, nuestra gran amiga, va a ser nuestra aliada en los momentos de lucha contra el mal tiempo, el frío, la soledad. ¿Qué mejor que escuchar la canción que más nos gusta para cambiar nuestro humor?

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