El Pulso de la Semana
Mirando al cielo, esperando un golpe de timón

Cualquier jujeño, como cualquier argentino que tenga más de cincuenta años, aunque no sea experto en política y economía, tiene incorporada en su genética una sabiduría que funciona como un radar frente a las diferentes crisis que ha venido atravesando a lo largo de la azarosa existencia en las últimas décadas. Ese radar está alertando que en la situación de tensa calma que se vive, los gobiernos están a punto de violentas colisiones con la realidad. Lo que significa que todos, los de arriba del barco, sufrirán severas consecuencias. Como en los cruceros de lujo, los de primera clase, tendrán más posibilidades de zafar, pero para los que habitan en las entrañas más profundas, todo será mucho más difícil. ¿Los timoneles podrán dar el esperado golpe de timón a tiempo?

Aunque para la mayoría acceder a atesorar dólares sea una utopía, todos en algún momento de la semana, espiaron la cotización, y aún si saber claramente porqué, el número de $195, los asomó a una película de terror: quien tenía un billete de $ 1.000 (el de más alta denominación de Argentina) comprobó que sólo le alcanzaba para comprar con él US$ 5,50. El ministro Martín "SuperGuzmán" sigue afirmando que no va a devaluar, y que "hay reservas de sobra" para aguantar la crisis, pero cada medida tomada para tranquilizar la economía cae en el barril sin fondo de la falta de credibilidad y confianza. El presidente Alberto Fernández insiste en respaldarlo. El jefe de Gabinete sigue enredándose en sus declaraciones, dijo que "Argentina se va a pegar un porrazo enorme este año, producto de la pandemia", y agregó, Santiago Cafiero, "no hay posibilidades de hacer un ajuste "en términos liberales".

¿En qué términos lo hará? Débil argumento echarle la culpa de todo al virus, peor razonamiento de negar un ajuste, que ya se está haciendo solo mediante las subas de alimentos, combustibles, y que tendrá un golpe letal con el ya confirmado descongelamiento de tarifas y servicios y la cancelación de subsidios y planes de ayuda social. No es mejor el lugar de la oposición: se agota en diagnósticos, comentarios obvios y un rosario de lamentos. En tanto esas alarmas automáticas de cada cuidadano incluyen la esperanza de despertar un día y enterarse que las autoridades decidieron un golpe de timón que ponga la proa hacia un rumbo cierto para que aunque haya que sufrir angustias, se sepa claramente el destino del sacrificio.

Y lo que se espera del nivel nacional, también se espera en la Provincia, porque la crisis será tan profunda que sólo una convocatoria amplia, sensata y seria, podrá superar el coro de loas de la parcialidad oficialista y lograr el apoyo de una masa crítica que encare los peores tiempos con decisión y coraje. Ni desestabilización, ni golpismo, ni derrocamientos: la sociedad acompañará a quien sea capaz de generar confianza y rechazará a los Mesías iluminados que persistan en el relato, el verso y la venta de humo. El escenario de la batalla muestra tres frentes: el coronavirus, la recuperación de la economía y la educación. Si no se ganan en cada uno de ellos, la base del futuro siempre será inviable.

Pero no se puede evitar que la clase dirigente ya esté metida de lleno en otros menesteres que, aunque importantes, no reconocen la urgencia de los tres enunciados. Encuestas para todos los gustos ya les quitan el sueño. El Frente de Todos no puede terminar de empoderar al presidente Fernández. La intensidad del cristinismo y de La Cámpora es demasiada, y tan poderosa su incidencia desde las segundas líneas del Gobierno, que no se habla de otra cosa cuando se analizan lo que pasa: tomas de tierras, agenda del Congreso, las presiones sobre la Justicia, la exasperante demora de la Corte Suprema para resolver el caso emblemático de los tres jueces (buscando actuar a Derecho pero sin desairar a la vicepresidenta); algunos fallos de jueces menores, irrisorios y agraviantes al sentido común; el recurrente tema del aborto; las idas y vueltas de una cancillería con el tema Venezuela la lleva de una banquina a otra entre papelones mayúsculos; una Oficina Anticorrupción que declina su obligación de perseguir la corrupción dentro del Estado ("por falta de personal"); la pertinaz embestida por monitorear y controlar los medios de comunicación, son botones de muestra.

El Frente Juntos por el Cambio deberá resolver rápidamente qué hacer con Mauricio Macri y con Lilita Carrió, dónde ubicar el destino de María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich; Alfredo Cornejo, Mario Negri y Ernesto Sanz, los gobernadores Gerardo Morales, Gustavo Valdez y Rodolfo Suárez. También cómo reacomoda a los disidentes Federico Storani y Martín Lousteau y a la importante y maltratada pata peronista de Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. Y por supuesto, sin mellar su protagonismo, cómo proteger la figura de Horacio Rodríguez Larreta, presencia excluyente de la coalición de cara al 2023. Todo eso deberá hacer antes de ofrecer alianzas a Roberto Lavagna, Ricardo López Murphy, José María Gómez Centurión, José Luis Espert y Javier Milei, todos ellos, hoy con más ganas de despreciar el convite que de aceptarlo.

Jujuy también, a pesar de las prioridades urgentes, vive su escena política con intensidad. El Frente de Todos tendrá que ir imaginando que el 2021 marcará la diferencia entre la supervivencia y el riesgo de la disgregación. El PJ tiene a su favor que puede apoyar su espalda en el Gobierno nacional. El caso es a cuál de los innumerables sectores internos respaldarán con más cariño y energía, la Casa Rosada o el Instituto Patria. A propósito hay en Jujuy al menos tres sectores definidos como "ultra-K", que ya iniciaron contactos para obtener la bendición que les permita crear en nuestra provincia una sede del Patria, remedando a la recientemente creada en Córdoba, provincia que los cristinistas definen como la más macrista del interior.

Allí el Instituto de CEFK será regenteado por la ascendente y batalladora diputada nacional Gabriela Estévez, joven dirigente de extrema confianza de Cristina y de Máximo Kirchner por su militancia en La Cámpora. En Jujuy, considerada territorio de Gerardo Morales, archienemigo de Milagro Sala, abrir un Patria sería instalar un espacio de contención del kirchnerismo y una base de misiles que apunten a San Martin 450. Falta resolver a quién se derivará la bendición y el comando de esa agrupación. El Frente Cambia Jujuy también ha olfateado que en el 2021 se juega su destino. El viernes, después de varios meses, la fórmula Morales/Haquim volvió a mostrarse unida en un acto. Las versiones de diferencias aún no fueron diluidas con ese gesto, y voces internas de Primero Jujuy insisten en sostener que el sector recibe permanentemente propuestas "interesantes" para encarar otros caminos.

"Nos hicieron lo que Macri le hizo a la UCR" se quejan, "nos enteramos de cosas importantes en la prensa". Sin embargo, cualquier salto no debe ser al vacío: debe ofrecer garantías de redes muy firmes. Por ahora, el GM retiene las riendas y lidia con la política local, la nacional, la gestión en una provincia con arcas exhaustas, y un coronavirus que por estos días lo deja respirar y le permite analizar a su gabinete y a sus próximos pasos en el frente político.

Pero, no habrá que dejar de pensar en aquellos tres frentes: el virus, la economía y la educación, único reaseguro de futuro y que abordaremos más en detalle. Y mirar al cielo y rogar que un día nos sorprendan con un volantazo que nos aleje del abismo.