En todo estos años que se va escribiendo esta columna, cada semana y con la esperanza de dialogar con el amigo lector, que a través de los medios sociales puede contactarse directamente y dejar un comentario. La tecnología en estos últimos meses se ha puesto a la orden del día y todo se ha digitalizado. La paciencia de la gente disminuye ante la gente que no se “pone al día“ para proveer servicios exigidos por las circunstancias.

El mundo ha cambiado pero quiere seguir su ritmo: todo lo que antes era tiene que volver, adaptarse pero seguir, no vale detenerse, no se pueden dertener las posibilidades. Todo sigue su curso y la vida continúa, no se detiene. Como dice la canción que interpretaba la emblemática Mercedes Sosa, “todo cambia“. Es cierto, todo cambia, pero todo cambia en cada segundo, cada momento de nuestra vida. Nos adaptamos a estos cambios de la mejor manera posible, viviendo, sonriendo, estando. Hemos pasado por momentos diversos en este confinamiento, nadie se ha librado de ser siquiera rozado por el coronavirus y sus consecuencias.

El arte como escape

Quizás una de nuestras vías de escape sea el arte. Necesitamos estar ocupados, poner nuestra energía y nuestra mente en algo que nos distraiga y nos guste, en un momento de alegría que nos devuelva la esperanza y la motivación para seguir adelante. No en vano muchos acontecimientos que han hecho historia y han cambiado el mundo han sucedido en épocas de catastrofes, pestes, calamidades y momentos dificiles. No es necesario hacer un catálogo de hechos dañinos que nos hayan impulsado a cambiar, a seguir adelante y crear.

Leer, una buena opción

Es así que muchos nos dedicaremos a leer, descubrir libros ahora al alcance de todos por los PDF y que son accesibles desde cualquier computadora. El “Decamerón” es un libro que se escribió en tiempos de la peste negra en Italia y cuyo autor, Bocaccio, nos da una lección de cómo pasar el tiempo en una época en que se creía que la peste era un castigo divino. Mucha gente se iba de la ciudad para poder estar a salvo, algo que hoy quizás no sea posible porque vivimos en ciudades y es aquí donde tenemos nuestra vida, nuestros negocios y servicios. Pero tambien hemos visto que gracias a la tecnología muchos servicios se pueden brindar online y quizás en algunos es aceptable y en otros formidable. La literatura nos sumerge en un mundo de fantasía que no termina, leemos e imaginamos mundos lejanos, ciudades y gente distinta.

También podemos ocupar nuestro tiempo aprendiendo algo nuevo, pintando, decorando, haciendo manualidades. No hay un límite para aprender en la vida y tampoco edad. Pero el lector sabe que el cometido de esta columna semanal es la música y en especial, la música clásica y la ópera en particular. En ediciones anteriores hemos visto que la música puede ser nuestro refugio mágico, nuestro lugarcito durante el día, donde nos escapamos de la vida cotidiana para dejarnos llevar por las emociones y los sentimientos que nos depara la música.

Algunos bailan, otros cantan junto con sus canciones favoritas, otros solamente escuchan. Siendo como fuere, todos viajamos con el poder de la música. No tenemos más que ir a Youtube, Spotify u otros canales donde se provee música y elegir el tema o los temas que nos gustan. Dependiendo del tipo de música que nos guste y quizás ganas de explorar más allá de lo conocido para saber qué hay al otro lado, qué música escucha otra gente en otros países y en otras circunstancias. Gracias a la internet podemos viajar en cuestión de segundos a donde queramos.

El mundo de la música clásica y la musica clásica cantada es un mundo muy interesante: no sólo la ópera pero también canciones de concierto con textos de poetas muy famosos y acompanados originalmente por piano y más recientemente por guitarra; la música de cámara, donde la voz es un instrumento más y a la que se suman el piano, la guitarra como acompanamiento básico y flautas, oboes o clarinetes; también la música religiosa es parte del repertorio universal vocal. Quizás en la música religiosa vocal encontremos hermosas melodías que nos reconforten: no en vano la iglesia ortodoxa oriental dice que la voz es el instrumento musical por excelencia. Y no sólo porque la voz humana puede producir sonidos únicos, irrepetibles, personalísimos y caracteristicos de cada persona, única e irrepetible como su voz.

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