El filme documental llamado "Rivera 2100” está disponible gratuitamente en la plataforma Cine.Ar Play. El Tribuno de Jujuy se contactó con Miguel Kohan, el director de la película quien no solo habló sobre el filme impulsado por Lito y Liliana Vitale como homenaje a sus padres, sino que también  contó que su próximo proyecto será una ficción que tendrá lugar en nuestra provincia.  
"Rivera 2100”, es el cuarto largometraje de Kohan tras “Salinas grandes” (2004), “Café de los maestros” (2008) y “El francesito” (2016) y la propuesta audiovisual gira en torno a “Donvi” Vitale y Esther Soto, quienes en 1976 crean junto a sus hijos Lito y Liliana, un oasis musical y cultural en la casa y estudio de grabación de la calle Rivera 2100.  Allí se gestó MIA (Músicos Independientes Asociados) una emblemática cooperativa de artistas con un proyecto cultural de resistencia  que motorizó el circuito artístico nacional alternativo de los ´70, fomentando, en los años  más oscuros de nuestro país, una forma de gestionar basada en la libertad y la autonomía. Testimonios, narraciones, canciones, documentos, recortes, reflexiones, videos, fotos y la producción musical de Lito Vitale; se reúnen en esta película cuyo hilo conductor está relacionado con el concepto del “goyete”, muy utilizado por “Donvi” Vitale como eso que le da lógica, sentido y razón a las cosas. Y MIA tuvo “goyete” fue una experiencia fecunda cuyo valor queda en evidencia en este filme 40 años después.


La llegada del filme a Cine.Ar ¿es el primer contacto de la película con el público?

Si, la película había sido seleccionada en el Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine) de este año pero por motivos por todos conocidos, el festival se suspendió y no pudo ser. También teníamos una salida en salas que tampoco se concretó. 

¿Cómo están transitado este estreno digital?

Estamos contentos porque lo más importante es que la obra llegué al público. También es cierto que el internet brinda mayor acceso a  la gente, más personas van a tener la posibilidad de ver la película. Pero se extraña mucho la sala de cine,  el público, el día de estreno… Pero no pierdo las esperanzas que este contacto se pueda dar en algún momento, cuando se permita la apertura de las salas.  
 

¿Por qué se interesó por este proyecto?

Inicialmente la idea surgió de Lito Vitale y de los productores de la película Marcelo Schapces y Mariana Erijimovich. Y Lito me convocó para concretar el proyecto. Yo ya lo conocía (a Lito) de la década del 70 y conocía al grupo MIA porque en aquella época colaboraba con revistas de rock como “El Expreso Imaginario” y “Periscopio” como fotógrafo  y a través de esa tarea los conocí y en aquella época me llamo mucho mucho la atención la calidad musical del grupo, la diversidad estética arriba del escenario, la propuesta colectiva de ellos y que sean un colectivo de artistas funcionando en plena dictadura. Parecía algo de otro partido de fútbol, era muy llamativo que pudieran hacer eso en ese momento. Me acerqué,  tomé clases de piano con Lito, yo tenía mi banda de rock (chiquitita pero banda al fin) y llegó el momento en el que necesitaban un minimoog y yo tenía uno y se los presté y fue como un privilegio para mí. Y de ahí para acá nunca me imaginé que me iban a estar llamando para dirigir esta película y es un honor enorme haberlo hecho porque una historia así merece ser contada y merecía una película. 

¿Cómo se conciliaron las visiones de la familia y las suyas en la película? 

Cuando uno hace una película, uno va haciendo un acercamiento con los protagonistas de la película, el haberlos conocido antes abrió un camino de comunicación fluída con ellos y fue muy importante para avanzar al paso siguiente y así es cómo cuento esta película. Actualmente ello viven en una casa y esa casa es muy interesante porque atesora muchísimos libros,  elementos que pertenecían a los padres de Lito y Liliana Vitale y que tenían que ver con su visión del mundo. Ellos abrieron muy cálidamente la casa para que yo pudiera ir y contagiarme a ese mundo y a partir de ahí ir leyendo esos elementos para ir construyendo una narración. Entramos en un diálogo, de ir contando las cosas en distintas etapas y así fue creciendo la película, se fue armando, se fue cocinando y todo se dio en un clima de mucha cordialidad porque ellos son así, cálidos. Y en una de esas reuniones me transmitieron un concepto que a ellos les interesaba y que tenía que ver con su papá, con “Donvi” Vitale y era el concepto del “goyete” para su forma de inspiración y artística. Algo tiene “goyete” o no y ese concepto fue el que a mí me ayudó para encontrarle el hilo a la película. Para que la película tenga “goyete”. 

Dentro de todo este proceso ¿qué fue lo que más le sorprendió?

A lo largo de todo este proceso de investigación, lo que más me impactó fueron  los elementos que habitan en la casa, la cantidad de libros y la forma  donde proyectaba “Donvi” su visión del mundo de una manera tangible que era con la creación de un mueble. En la casa hay una biblioteca muy muy grande en donde  “Donvi” (Vitale) tenía carpetas y en estas carpetas guardaban notas, comentarios, fragmentos de revistas de distintos temas,  desde cuestiones filosóficas y humanísticas sobre política y pensadores existenciales hasta recortes de diarios sobre temas médicos. Y todo en este gran mueble en carpetitas clasificadas por números y letras (se ve en la película) y es un tesoro. Fue magnifico el poder acercarme  así de una manera tangible o material a toda la visión de un grupo familiar y artístico. Y después a Esther Soto, antes que se fuera, le había hecho una entrevista y ahí  me regaló un libro qué se llama “Siwa”, es un libro de literatura geográfica,  un islario de muchas islas en el mundo, algunas que existen y otras que no, es una obra  muy poética. Y ese concepto de isla a través de ese libro que me regalo Esther, me sirvió como un ordenador del material que tenía para como “Donvi” ir acomodando por isla el sentido de los elementos que iban apareciendo en la película. Así que ellos dos entraron en diálogo también de alguna manera. 


¿Cómo recibió la familia la película terminada?

Bien, muy bien, la verdad que están muy conmovidos, emocionados y muy contentos. Se generó un buen vínculo con la película  entre todos que hizo que podamos llegar a un muy buen puerto. Creo que se sienten muy bien representados en la película. 


¿Qué nos puede contar sobre su actualidad profesional? ¿Está trabajando en otro proyecto?

Estoy trabajando en otro proyecto, justamente una ficción que transcurre en Jujuy. No puedo adelantar más pero estábamos rodando en Jujuy y tuvimos que parar por la pandemia. Esperamos poder estrenar esta película el año que viene.  


¿Por qué eligió Jujuy para esta película?

Jujuy, desde la primera vez que fui me causó un gran impacto, siempre tuve la sensación que era el lugar en el que ya había estado, lo sentía familiar y allí me sentía muy cómodo. Uno no sabe porque va a ciertos lugares pero tiene una intuición y yo sentía que había cosas que merecen ser contadas en Jujuy. Yo sigo mucho al maestro del cine Michelangelo Antonioni qué decía que “hacer cine también es mostrar experiencias maravillosas de los demás”, Y yo siento que Jujuy es un lugar al que esto le aplica, está en diálogo con esta frase de Antonioni y siento que Jujuy es un lugar que merece que ser contado en formato cinematográfico, merece  su representación en el cine. 


¿Qué reflexión puede hacer sobre el cine y la pandemia?

No solo el cine sino toda la sociedad, todo el mundo, está en medio de un proceso, estamos tratando de resolver cómo vamos a vivir, cómo será la nueva vida y si va a existir algo que ayude a que volvamos a la vida anterior,-tal vez las famosas vacunas-, pero antes que esto  ocurra debe haber un reacomodamiento en todos los niveles incluidos los medios audiovisuales. Así hoy los rodajes están volviendo por medio de protocolos y muchas limitaciones. En tanto no venga la vacuna todos será un gran desafío.
 

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