Laberintos Humanos: Dioses antiguos

Después de aquello, Bautisto Solón le pidió al padrecito que le tomara confesión y vaya a saberse qué pecado se habrá sacado de encima, que nunca supimos, pero lo cierto es que al salir de la sacristía caminamos juntos para el lado del río y fue la primera vez que pudimos conversar a solas.

Ya alguno que otro turista se veía para ese lado cuando, bajo el ala del sombrero, me confesó que le preocupaba cuando las cosas no ocupaban el lugar que les correspondía. Le tengo miedo a pocas cosas, aseguró, pero entre ellas están aquellas escenas en que los perros hablen, dan órdenes y secuestran a las mujeres. Luego me clavó los ojos para sostener que hasta a los males conocidos nos acostumbramos con el tiempo, pero ¿qué sucede con los males inesperados? Mire que me he sido testigo de cosas raras, me dijo.

Sobre todo desde que soy un personaje de estos cuentos suyos, don Dubin, pero eso de que una jauría se lleve a Blanca y a Aurelia ya es demasiado. ¿Y no se le hace que el cuento anterior también lo fue?, le pregunté haciendo referencia a que su novia, la Aurelia Cintitas, tuvo un romance con John Lennon en su juventud y Solón, como si con ello diera con la respuesta del asunto, me preguntó a su vez si lo que quería decirle era que, con las mujeres, llegan a los hombres las cosas más extrañas. No sé si lo generalizaría tanto, le respondí. Yo más bien le diría que a mí me sucede así tanto como a usted parece sucederle, dije y lo vi sonreír para asegurarme que lo mismo sucedía en el mundo de los dioses antiguos.

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